Luis Brito, el amigo y colega más importante de J.P. Miranda, nos dice que las discusiones humanas se dan en el ámbito de lo imaginativo, de lo sensorial y emocional, es decir, en el ámbito de lo subjetivo. Pero cuando intentamos definir conceptos, tratamos de dejar a un lado nuestras impresiones para intentar ponernos de acuerdo. A final de cuentas, es lo objetivo lo que resuelve los conflictos. No se trata que cada quien tenga su propio concepto de las cosas; esto es a la luz es una contradicción, es un regreso hacia la subjetividad. Si cada quien, cada especialista o cada cultura tuviera sus propios conceptos no tendrían porqué exteriorizarlos, bueno, ni siquiera se conocerían estos grupos. Si buscan publicar y compartir sus ideas es porque buscan la objetividad. Lo objetivo en realidad es intersubjetivo, es una relación. Para ser objetivo se tiene que buscar la refutación del otro (ob-lo que tengo enfrente).

Este foro abierto esta dirigido a reflexionar sobre algunos conceptos en general, mencionados en algún momento por J.P. Miranda en algunas de sus obras. Intentamos justamente buscar la objetividad de los mismos a partir de la discusión de argumentos, en un foro abierto con nuestra querida audiencia.

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El concepto que revisamos ahora es: Instituciones.

Este concepto se encuentra en el libro “Racionalidad y Democracia” de J.P. Miranda (1996) Ed. Sígueme. Pag 172-175.

 

 

INSTITUCIONES

 

Lo que va a definir a una institución es específicamente su finalidad: ser benéfico para la sociedad. Ejemplos de instituciones tenemos la policía, el seguro social, la comisión electoral, el gobierno, etc. Si una institución falla en esta finalidad, su esencia misma está perdida.

J.P. Miranda retoma de Karl Popper sobre las instituciones lo siguiente: “Las instituciones solas no son suficientes si no están templadas por las tradiciones. Las instituciones son siempre ambivalentes en el sentido de que, en ausencia de una tradición fuerte, pueden servir también para el fin contrario del que se pretendía (…) Nada hay más peligroso que la destrucción de este marco tradicional. (Su destrucción fue conscientemente intentada por el nazismo). Al final su destrucción llevaría al cinismo y nihilismo, esto es, a la desestima y disolución de todos los valores humanos”.

Muchos dicen “Estado fallido” cuando las instituciones se enajenan. Pero, si nos adentramos en la definición de J.P. Miranda, las instituciones no bastan por si solas para determinar todo bien social. La esencia de cada persona es la auto-determinación, por sobre cualquier condicionamiento. Suponer erróneamente un determinismo institucionalista que determina todo bienestar humano, es lo que nos quieren hacer creer los institucionalistas como Geheln y Luhman, incluso también los anti-institucionalistas como Habermas, como bien lo muestra J.P. Miranda.

Hay una diferencia que J.P. Miranda siempre ha sostenido: El Estado y el gobierno son cosas enteramente distintas. Suponer que es lo mismo ha llevado a gobernantes justificar acciones atroces en pro de mantener el Estado vigente. Cuando dicen: “No se debe de permitir que el Estado caiga a toda costa”, lo que en realidad quieren decir es que no quieren que su gobierno caiga a toda costa, pero gobiernos caen continuamente o cambian y el Estado se mantiene. Lo que sucede en realidad es que los gobiernos son simplemente instituciones, como cualesquiera otra.

Las instituciones son herramientas regidas por la ética, y no al revés. Es por la necesidad de hacer el bien que se fundan las instituciones. Miranda dice: “ninguna de las cosas verdaderamente fundamentales está a votación”, también podemos decir, ninguna de las cosas verdaderamente fundamentales están determinadas por las instituciones. “La moral autentica, la de los contenidos, es el cimiento de la democracia”…. y de las instituciones.

Naturalmente, una institución que pervierte su fin se vuelve como una enfermedad social, y como tal, limita en mayor o menor grado la auto-determinación de la persona.  No obstante, una víctima de una institución enajenada puede seguir siendo libre e inmune a toda corrupción. Puede realizarse aun en esas condiciones.

Héctor Susarrey

 

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