Centro de Estudios Filosóficos José Porfirio Miranda

El Exégeta

El Exégeta

 

La obra exegética, trabajada por JPM principalmente, de 1964 a 1974,  ha dado a José Porfirio Miranda renombre mundial.

Él mismo dice: “Qué bueno que decidí emplear mis posibilidades en exégesis. Es modificar las bases mismas de la civilización occidental” [1].

El principio de sus obras exegéticas es el mismo que el de las filosóficas: cientificidad, traducida como racionalidad exegética. “Marx y la Biblia” es uno de los primeros libros escritos con esta erudición científica, de la que el autor estaba consciente:

“El que no sienta que Marx y la Biblia tenía que estar empedrado de citas de otros autores es que no ha captado cuan revolucionario es el libro. Traté de que no se dijera: este soldado piensa que es el único en llevar bien el paso” [2].

Es interesante descubrir que en las obras exegéticas de JPM hay verdaderos estudios filosóficos. Tomemos el caso de “El Ser y el Mesías”, en el que el autor hace exégesis del evangelio de San Juan, trabajando paralelamente la filosofía existencialista de Heidegger, Walh,  Kierkegaard y Sastre.

Veamos el siguiente texto:

El futuro afirma Kierkegaard es la fuente de la temporalidad y de la historicidad.

Estoy de acuerdo con ello, dice Miranda, pero eso lo aprendió Kierkegaard leyendo el Nuevo Testamento, el cual se escribió precisamente con esa mentalidad: hacer que decidas por la posibilidad que yo, Juan, estoy escribiendo y describiendo como deseable para la humanidad. No es el Nuevo Testamento un escrito edificante.

En el siguiente texto, extraído de sus diarios personales, Miranda expone lo que es y hasta dónde puede llegar su trabajo exegético:

 

Prólogo para un Artículo

Antes de que la exégesis científica adquiriera la seguridad metodológica que hoy puede tener sobre algunas cuestiones, antes de que llegáramos a la exigencia que hoy prevalece de atenernos a lo verdadero y demostrativo, era comprensible que cada iglesia cristiana prefiriera apegarse a su propia tradición en vez de tomar por norma la intención y voluntad de Jesús de Nazaret, pues ésta no les parecía aceptable con seguridad y además las iglesias  no creían posible que los escritores neotestamentarios y las tradiciones eclesiásticas distorsionaran la mente de Cristo, distorsión que hoy nos consta como un hecho perfectamente averiguado. Cada iglesia se aferraba a ciertos párrafos de San Pablo p.e., o de San Juan, o de San Mateo, o de algún Concilio, porque no concebía siquiera la posibilidad de que éstos discreparan de la mente de Cristo.

Pero hoy podemos hacer que el ser cristiano se funde, como el nombre quiere indicar, sobre Cristo mismo. Hoy es posible ser cristiano, sin ser metodista ni luterano ni católico ni bautista ni presbiteriano ni anglicano etc.

El origen (reconocido o no) de la actitud científica occidental, que exige demostración para justificar sus preferencias ante la conciencia, es el cristianismo mismo con su implacable e ilimitada agudización de la responsabilidad moral llamada búsqueda de la verdad. Hoy el cristiano consciente no sólo no puede encontrar oposición alguna entre ser cristiano y ser científico, sino percibe definitivamente como imposible ser cristiano sin ser científico, y viceversa.

Esto constituye una situación históricamente nueva para las iglesias denominadas cristianas. La concepción del cristianismo, la definición de lo que es ser cristiano, ya no puede depender de decisiones disciplinarias y ocasionales, tiene que determinarse científicamente.  Las “autoridades” religiosas ya no pueden simplemente afirmar o decidir; tendrían que demostrar; pero para demostrar no están capacitadas como lo están los exégetas”[3].

Los libros de exégesis se pueden consultar en el apartado Libros del menú Literatura.

Los manuscritos sobre exégesis empezarán a publicarse en el 2008.

[1] Diario 16, Pag. 365,  28-X-72

[2] Diarios JPM, 3-IV-73

[3] Diarios JPM,  Pag. 1458-59

 

 

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