{"id":639,"date":"2016-03-03T23:44:35","date_gmt":"2016-03-03T23:44:35","guid":{"rendered":"http:\/\/cefmiranda.org\/esp\/?p=639"},"modified":"2017-03-14T16:17:41","modified_gmt":"2017-03-14T16:17:41","slug":"la-muerte-de-porfirio-miranda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/2016\/03\/03\/la-muerte-de-porfirio-miranda\/","title":{"rendered":"LA MUERTE DE PORFIRIO MIRANDA"},"content":{"rendered":"<p><strong>La muerte de Porfirio Miranda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Jaime Aboites<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup><sup>[I]<\/sup><\/sup><\/a><\/strong><\/p>\n<p>Debi\u00f3 de haber sido el mes de septiembre de 1963. S\u00ed, en esos d\u00edas conoc\u00ed a Porfirio Miranda. Yo ten\u00eda catorce a\u00f1os y \u00e9l sobrepasaba los treinta y tres. El Colegio de los Jesu\u00edtas se ubicaba en una amplia calle soleada de la ciudad de Chihuahua. Atr\u00e1s, el r\u00edo Chuviscar exuberantemente seco y vac\u00edo. Porfirio hab\u00eda sido expulsado de Jalisco por el Cardenal Garibi Rivera, y yo de una peque\u00f1a ciudad del desierto que viv\u00eda un auge algodonero sin encanto.<\/p>\n<p>Tengo en mi mente una escena casi f\u00edlmica cuando \u00e9l lleg\u00f3 por primera vez al sal\u00f3n de clases, con su traje azul marino y su corbata oscura. Sus grandes pasos y la parsimonia de su cuerpo al desplazarse. Las ojeras enormes y sus ojos al fondo. La voz casi de grito, de trueno. Saluda levemente con una inclinaci\u00f3n de su cabeza al grupo y pasa lista. Despu\u00e9s de cada nombre nos observa como objetos de estudio, de arriba abajo. Y nuestras mejillas acribilladas por el acn\u00e9 enrojecen.<\/p>\n<p>Pens\u00e1ndolo ahora, casi cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, creo que en el Colegio de Jesu\u00edtas de Chihuahua hab\u00eda una clara divisi\u00f3n del trabajo. Por un lado los padres espirituales, confesores y gu\u00edas del reba\u00f1o de Dios; y, por el otro, los padres fil\u00f3sofos, te\u00f3logos, metaf\u00edsicos. Aquellos, los espirituales, organizaban los ejercicios anuales de San Ignacio de Loyola, las confesiones y los dem\u00e1s ritos ecum\u00e9nicos. \u00c9stos, los fil\u00f3sofos, ten\u00edan m\u00e1s que ver con la organizaci\u00f3n del mundo concreto (grupos de reflexi\u00f3n social, coros para la iglesia de la Pur\u00edsima Concepci\u00f3n, concursos de oratoria que otorgaban un gran prestigio a los participantes y otros divertimentos estudiantiles).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No recuerdo que alguien se confesara con Porfirio Miranda, por lo menos alguien de mi grupo. Todos recurr\u00edamos a los auxilios espirituales del padre Jacobo Blanco, que casi levitaba al hablar de Dios. Adem\u00e1s, para verlo hab\u00eda que voltear al cielo pues med\u00eda casi dos metros y era calvo, con una calva reluciente. As\u00ed que hasta ese brillo parec\u00eda espiritual. El padre Blanco creaba una atm\u00f3sfera de Bas\u00edlica de San Pedro durante la confesi\u00f3n. Su voz cavernosa proven\u00eda de alguna parte del para\u00edso. Entr\u00e1bamos temblorosos al altar de Dios, listos para hacer actos de contrici\u00f3n a la menor insinuaci\u00f3n de que \u00e9ramos pecadores. Ten\u00edamos 14 a\u00f1os y \u00e9ramos cristianos.<\/p>\n<p>En Porfirio, creo, no hab\u00eda nada de esto. \u00c9l era un hombre obsesionado por la raz\u00f3n, por la justicia. Siempre tuve la sensaci\u00f3n de que Dios y la Biblia eran para \u00e9l los medios, las v\u00edas para llegar a la raz\u00f3n y a la justicia. Porfirio era casi de otra especie religiosa. Parec\u00eda hecho de otro material espiritual. Dios era la raz\u00f3n, no el arrepentimiento, ni los actos supremos de contrici\u00f3n. Estoy convencido de que no cab\u00eda en los h\u00e1bitos. Porfirio rug\u00eda, gesticulaba y filmaba desaforadamente.<\/p>\n<p>En las clases de Porfirio Miranda fue la primera vez que vi f\u00edsicamente el conocimiento. Vi representados Los di\u00e1logos de Plat\u00f3n, y cada dos d\u00edas revis\u00e1bamos aquellas discusiones luminosas entre Plat\u00f3n y S\u00f3crates. Cuando sal\u00ed del Colegio de Jesu\u00edtas ya ten\u00eda clavado el aguij\u00f3n de los por qu\u00e9, de la duda met\u00f3dica respecto al sentido de la vida.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s siguiendo alguna vieja costumbre de San Ignacio de Loyola, Porfirio Miranda nos llevaba, de tiempo en tiempo, a la biblioteca del Colegio de Jesu\u00edtas para asignamos lecturas personalmente. \u201c\u00a1Aboites!\u201d, me orden\u00f3 un d\u00eda, atenazando con su mano mi brazo izquierdo e introduci\u00e9ndome a la peque\u00f1a biblioteca del Colegio, la cual se hallaba en el tercer piso. Recorr\u00edamos los anaqueles y \u00e9l continuaba apret\u00e1ndome con fuerza el brazo mientras le\u00eda en voz alta los t\u00edtulos en los lomos de los libros: La divina comedia, Las ilusiones perdidas, Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo, El idiota de Dostowesky, Los Cantares de Machado, las Rimas de Gustavo Adolfo B\u00e9cquer, Juana de Ibarbouru. Hasta que llegamos a Tolstoi, yo vi con miedo las dimensiones de La guerra y la paz y Ana Karenina. De pronto extrajo un peque\u00f1o libro que observ\u00f3 con atenci\u00f3n, sin que yo pudiera verlo, y me dijo \u201cHa muerto Iv\u00e1n Illich\u201d. Hubo un momento de silencio, cierto eco en sus palabras. Yo padec\u00eda el dolor del brazo y el anuncio de la muerte de alguien con un nombre incomprensible. \u201c\u00a1S\u00ed, Aboites!\u201d, rugi\u00f3, \u201clee La muerte de Iv\u00e1n Illich\u201d; yo busqu\u00e9 ansioso sus ojos para saber qui\u00e9n era<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>ese hombre muerto. Me mir\u00f3 desde sus profundas ojeras y me acerc\u00f3 el peque\u00f1o libro. Ten\u00eda ante m\u00ed una obra desconocida que me provocaba cierta inquietud. (Entonces la muerte no hab\u00eda tocado mi huerto.)<\/p>\n<p>Casi cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, Arturo Alcalde me llam\u00f3 por tel\u00e9fono y me dijo que Porfirio iba a morir pues padec\u00eda un c\u00e1ncer pulmonar fulminante, la misma enfermedad de la cual mi padre hab\u00eda muerto hacia dos d\u00e9cadas. Ambos eran fumadores incandescentes y trabajadores, uno de la imprenta y otro de la raz\u00f3n. Ahora lo veo: los dos fueron padres m\u00edos. Uno del trabajo y el otro del conocimiento.<\/p>\n<p>Cuando mi hermano Hugo y yo llegamos a Temamatla, despu\u00e9s de extraviamos en la carretera a los volcanes, buscamos la casa de Male y Porfirio. Ah\u00ed estaban Male, el hermano de Porfirio, dos de sus hermanas, Maisterra, y el ata\u00fad cerrado de madera caf\u00e9 que conten\u00eda el cuerpo de Porfirio. Est\u00e1bamos llegando cuando alguien, no recuerdo qui\u00e9n, le pidi\u00f3 a Male ver por \u00faltima vez a Porfirio. Sin cruzar palabra, Male fue hasta el ata\u00fad y abri\u00f3 la tapa. Yo me acerqu\u00e9 junto con casi todos lo que est\u00e1bamos ah\u00ed. Mir\u00e9 su cara en silencio, sus ojeras a\u00fan m\u00e1s enormes por el peso de la muerte. No s\u00e9 por qu\u00e9, pero en ese momento record\u00e9 la biblioteca del tercer piso del Colegio de los Jesu\u00edtas en Chihuahua y cre\u00ed o\u00edr lo que me dijo entonces, desde sus ojeras profundas: \u201c\u00a1 Aboites, ha muerto Iv\u00e1n Illich!\u201d Entonces vi su cara iluminada de aquella ma\u00f1ana en Colegio de Jesu\u00edtas y le dije: \u201c\u00a1S\u00ed, s\u00ed, ha muerto Porfirio Miranda!\u201d; las l\u00e1grimas me saltaron y tuve que salir discretamente de aquella peque\u00f1a habitaci\u00f3n, que era el estudio y la biblioteca de Porfirio. Me fui a caminar por las calles de aquel pueblo desconocido y empec\u00e9 a recordar esto que ahora les cuento.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><sup><sup>[I]<\/sup><\/sup><\/a> Profesor-Investigador de la UAM-Xochimilco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jaime Abortes<\/p>\n<p>Debi\u00f3 de haber sido el mes de septiembre de 1963. S\u00ed, en esos d\u00edas conoc\u00ed a Porfirio Miranda. Yo ten\u00eda catorce a\u00f1os y \u00e9l sobrepasaba los treinta y tres. El Colegio de los Jesu\u00edtas se ubicaba en una amplia calle soleada de la ciudad de Chihuahua. Atr\u00e1s, el r\u00edo Chuviscar exuberantemente seco y vac\u00edo. Porfirio hab\u00eda sido expulsado de Jalisco por el Cardenal Garibi Rivera, y yo de una peque\u00f1a ciudad del desierto que viv\u00eda un auge algodonero sin encanto.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"class_list":["post-639","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-investigacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/639","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=639"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/639\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}