{"id":386,"date":"2015-10-07T22:34:18","date_gmt":"2015-10-07T22:34:18","guid":{"rendered":"http:\/\/cefmiranda.org\/esp\/?post_type=project&#038;p=386"},"modified":"2015-10-07T22:43:49","modified_gmt":"2015-10-07T22:43:49","slug":"revista-la-jornada-semanal","status":"publish","type":"project","link":"https:\/\/cefmiranda.org\/esp\/project\/revista-la-jornada-semanal\/","title":{"rendered":"Revista La Jornada Semanal"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section admin_label=\u00bbSecci\u00f3n\u00bb fullwidth=\u00bboff\u00bb specialty=\u00bbon\u00bb transparent_background=\u00bboff\u00bb background_color=\u00bb#cfe0be\u00bb allow_player_pause=\u00bboff\u00bb inner_shadow=\u00bboff\u00bb parallax=\u00bboff\u00bb parallax_method=\u00bboff\u00bb padding_mobile=\u00bboff\u00bb make_fullwidth=\u00bboff\u00bb use_custom_width=\u00bboff\u00bb width_unit=\u00bbon\u00bb make_equal=\u00bboff\u00bb use_custom_gutter=\u00bboff\u00bb][et_pb_column type=\u00bb3_4&#8243; specialty_columns=\u00bb3&#8243;][et_pb_row_inner admin_label=\u00bbFila\u00bb][et_pb_column_inner type=\u00bb4_4&#8243; saved_specialty_column_type=\u00bb3_4&#8243;][et_pb_image admin_label=\u00bbImagen\u00bb src=\u00bbhttps:\/\/cefmiranda.org\/esp\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/Captura-de-pantalla-2015-10-07-a-las-17.10.26.png\u00bb show_in_lightbox=\u00bboff\u00bb url_new_window=\u00bboff\u00bb animation=\u00bbfade_in\u00bb sticky=\u00bboff\u00bb align=\u00bbcenter\u00bb force_fullwidth=\u00bboff\u00bb always_center_on_mobile=\u00bbon\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb] [\/et_pb_image][et_pb_toggle admin_label=\u00bbConmutador\u00bb title=\u00bbLa Farsa Llamada Escepticismo\u00bb open=\u00bboff\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb]<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Porfirio Miranda<\/strong><br \/>\nRevista La Jornada Semanal, No. 201; Abril 18, 1993; pp. 34-42.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El autor de este ensayo nos previene contra los peligros de esta posici\u00f3n filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>El escepticismo se ha puesto de moda, pero eso no demuestra que el escepticismo sea l\u00f3gicamente sostenible. Que alguna actitud est\u00e9 de moda es un hecho que a las personas razonables no debe impresionarles. Comte fue quien introdujo ese tipo de raciocinio sof\u00edstico cuando, para recomendar el positivismo, dijo que la humanidad recorre primero una etapa teol\u00f3gica, despu\u00e9s una metaf\u00edsica, y finalmente una positiva. Aunque tal sucesi\u00f3n fuese real (y no lo es), as\u00ed se demostrar\u00eda que la mentalidad positiva es posterior a la metaf\u00edsica, no que es mejor \u201cCronol\u00f3gicamente posterior\u201d, no es sin\u00f3nimo de \u201cm\u00e1s apegado a la verdad\u201d. El geocentrismo de Tolomeo fue cinco siglos posterior al heliocentrismo de Aristarco de Samos, pero el equivocado fue Tolomeo. Ni la verdura enlatada es mejor que la verdura fresca, ni la camiseta de nylon es mejor que la de algod\u00f3n. Hacen demagogia quienes creen presentar un argumento cuando dicen: esa idea es del siglo pasado. Y bien, ya me dijiste la fecha; ahora veamos si la idea es verdadera o falsa.<\/p>\n<p>Es incre\u00edble que un fil\u00f3sofo argumente como lo hace Habermas cuando dice: \u201cesos conceptos fuertes de teor\u00eda, verdad y sistema que, desde hace por lo menos 150 a\u00f1os, pertenecen al pasado\u201d (1). Eso no es dar razones sino hacer demagogia; en el presente art\u00edculo no haremos caso alguno de ese tipo de razonamientos que revelan impotencia. Por cierto, igualmente demag\u00f3gico es Adorno cuando dice: \u201cEl ideal de la filosof\u00eda husserliana, que es la seguridad absoluta seg\u00fan el modelo de la propiedad privada, est\u00e1 impregnado de miedo\u201d (2). No vale la pena responder a tales cuchufletas, dizque psicoanal\u00edticas, revestidas de izquierdismo. En filosof\u00eda se necesitan demostraciones, no pullas.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed vamos, primero, a demostrar que el escepticismo es contradictorio. Despu\u00e9s haremos ver que los esc\u00e9pticos mismos ya se dieron cuenta de ello y est\u00e1n inventando mil piruetas para tratar de que la contradicci\u00f3n no se note. Finalmente indicaremos las ra\u00edces del escepticismo, que son lo m\u00e1s importante. Ah\u00ed se ver\u00e1 la farsa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El escepticismo es autocontradictorio<\/p>\n<p><strong>1)<\/strong>\u00a0En estos momentos la m\u00e1s socorrida formulaci\u00f3n del escepticismo es \u00e9sta: \u201cLa filosof\u00eda no dispone de ning\u00fan especial acceso a la realidad\u201d. Quieren decir que s\u00f3lo las ciencias emp\u00edricas conocen la realidad y que a la filosof\u00eda le toca \u00fanicamente registrar, aceptar y ordenar los resultados de esas disciplinas, lo cual equivale a decir que la filosof\u00eda debe desaparecer. Como dice Wittgenstein, \u201clos problemas filos\u00f3ficos deben enteramente desaparecer\u201d (3). Y Habermas expl\u00edcitamente se adhiere a \u201cla correcta intuici\u00f3n de que la filosof\u00eda ha perdido su autonom\u00eda frente a las ciencias con las que debe cooperar\u201d (4). Rorty lo plantea as\u00ed refiri\u00e9ndose a su propio libro: \u201cEl objetivo de la obra es acabar con la confianza que el lector pueda tener en la mete [&#8230;] en el conocimiento [&#8230;] y en la filosof\u00eda como se viene entendiendo desde Kant\u201d (5).<\/p>\n<p>Y bien, tomemos la tesis en su formulaci\u00f3n escuela ya mencionada: \u201cLa filosof\u00eda no dispone de ning\u00fan especial acceso a la realidad\u201d. Evidentemente esa tesis es filos\u00f3fica, no cient\u00edfica; y por lo visto dispone de especial acceso a la realidad. Por consiguiente, la tesis es autocontradictoria.<\/p>\n<p>En efecto, s\u00f3lo quien est\u00e1 conociendo la realidad puede decir que fulano no la conoce. Si el habitante no tuviera acceso a la realidad, \u00bfen qu\u00e9 se estar\u00eda basando para sostener que las afirmaciones de fulano no se adecuan a la realidad? Pero la tesis mencionada no es cient\u00edfica sino filos\u00f3fica, pues ning\u00fan dispositivo de la f\u00edsica o de la qu\u00edmica permite instaurar experimentos cuya consecuencia l\u00f3gica sea la tesis mencionada. Si alg\u00fan f\u00edsico la pronuncia, la pronuncia como filos\u00f3fico, no como f\u00edsico. Por tanto, la tesis misma supone que la filosof\u00eda tiene acceso a la realidad: cosa que el enunciado mismo niega; por tanto, se contradice.<\/p>\n<p><strong>2)<\/strong>\u00a0Una segunda formulaci\u00f3n del escepticismo es \u00e9sta: \u201cSolamente la matem\u00e1tica, la l\u00f3gica y las disciplinas emp\u00edricas son cient\u00edficas\u201d. Mediante la omisi\u00f3n y la enumeraci\u00f3n exhaustivas lo \u00fanico que esta formulaci\u00f3n quiere decir es que la filosof\u00eda no es cient\u00edfica y que por tanto sus presuntos conocimientos deben descartarse. No voy a documentar con los protagonistas del escepticismo esta segunda formulaci\u00f3n ni las siguientes, porque el presente escrito se alargar\u00eda demasiado. Pero tomemos la tesis tal como la acabamos de entrecomillar. Evidentemente es una especulaci\u00f3n sobre lo que es ciencia y lo que no; de ninguna manera es una tesis matem\u00e1tica ni l\u00f3gica ni emp\u00edrica; por consiguiente, en virtud de lo que ella misma asevera, la tesis es anticient\u00edfica. Por tanto, su contenido debe descartarse. Resulta que el escepticismo no puede formularse sin descartarse autom\u00e1ticamente a si mismo.<\/p>\n<p><strong>3)<\/strong>\u00a0Quiz\u00e1 la formulaci\u00f3n m\u00e1s popular del escepticismo es \u00e9sta: \u201cS\u00f3lo lo emp\u00edricamente demostrable es cient\u00edfico\u201d. Obviamente lo \u00fanico que esta tesis quiere es rechazar los juicios morales y la demostraci\u00f3n de la existencia del esp\u00edritu; pero sin darse cuenta est\u00e1 rechazando tambi\u00e9n la matem\u00e1tica, y con ella la f\u00edsica que es una disciplina hoy completamente matematizada. Sin embargo, tomemos la tesis tal como suena. Evidentemente la tesis misma no es demostrable por medios emp\u00edricos: no es emp\u00edricamente demostrable que s\u00f3lo lo emp\u00edricamente demostrable es cient\u00edfico. Por tanto el escepticismo es anticient\u00edfico, pues el escepticismo consiste en esa tesis.<\/p>\n<p>De nada servir\u00eda replicar que se trata de una tesis metacient\u00edfica. Barato recurso el de inventar un departamento de metaciencia para tomar de ah\u00ed las proposiciones que me convengan sin tener que defenderlas cient\u00edficamente. Pero yo no tengo inconveniente en que la tesis \u201cLo que no se demuestre emp\u00edricamente es anticient\u00edfico\u201d sea llamada metacient\u00edfica. Lo que sucede es que, en virtud de lo que ella misma dice, adem\u00e1s de metacient\u00edfica es anticient\u00edfica.<\/p>\n<p><strong>4)<\/strong>\u00a0Una cuarta formulaci\u00f3n (docta esta vez) del escepticismo es la que reza as\u00ed: \u201cSolamente las proposiciones tautol\u00f3gicas son verdaderas\u201d. Tautol\u00f3gico, ya se sabe, es expresar en el predicado lo que ya estaba contenido en el sujeto, por ejemplo afirmar que el hombre es racional o que el tri\u00e1ngulo tiene tres \u00e1ngulos. Lo que esta cuarta formulaci\u00f3n quiere decir es que no podemos adquirir nuevos conocimientos, que no podemos conocer la realidad, pues la tautolog\u00eda no es conocimiento de la realidad, la tautolog\u00eda se sostiene sea la realidad como fuere. Reflexionemos sobre esta cuarta tesis en s\u00ed misma. Como cualquier l\u00f3gico sabe, se debe traducir o reformular as\u00ed: \u201cToda proposici\u00f3n verdadera es tautol\u00f3gica\u201d. Pero evidentemente esa proposici\u00f3n no es tautol\u00f3gica y la est\u00e1n presentando como verdadera; por tanto, en los hechos se est\u00e1 significando que no toda proposici\u00f3n verdadera es tautol\u00f3gica, y as\u00ed se contradice el contenido mismo de la proposici\u00f3n que se presenta. Para ser tautol\u00f3gica, la tesis en cuesti\u00f3n deber\u00eda m\u00e1s bien rezar as\u00ed: \u201cToda proposici\u00f3n verdadera es verdadera\u201d. Pero es evidente que no es eso lo que los esc\u00e9pticos quieren decir; por el contrario, tienen intenci\u00f3n de formular una tesis muy fuerte, no un lugar com\u00fan; en el predicado quieren expresar algo que no estaba contenido en el sujeto.<\/p>\n<p><strong>5)<\/strong>\u00a0Otra formulaci\u00f3n del escepticismo es \u00e9sta: \u201cNo hay juicios sint\u00e9ticos a priori\u201d. Pero ella misma es un juicio sint\u00e9tico a priori (6), lo cual mueve un poco a risa. Como se sabe, sint\u00e9tico es un juicio cuyo predicado no expresa algo que ya estuviera contenido en el sujeto. Los sostenedores de esta quinta tesis s\u00f3lo aceptan tautolog\u00edas o juicios sint\u00e9ticos a posteriori (o sea emp\u00edricos). No est\u00e1 muy claro si con su tesis quieren decir que no hay o que no debe haber juicios sint\u00e9ticos a priori. Si lo primero, los hechos refutan la tesis, pues a la palabra \u201ctodos\u201d, que necesariamente ocurre en la formulaci\u00f3n de toda ley cient\u00edfica no corresponde dato emp\u00edrico alguno; s\u00f3lo vemos \u201calgunos\u201d casos; no vemos \u201ctodos\u201d los casos; y hay leyes cient\u00edficas que no son tautol\u00f3gicas; son juicios sint\u00e9ticos a priori, por consiguiente. Adem\u00e1s, yo puedo inventar en cualquier momento un juicio sint\u00e9tico a priori, por ejemplo \u201cLa tierra se mueve en espiral\u201d. De que los hay, los hay. Lo \u00fanico que los esc\u00e9pticos pueden querer decir es que no debe haberlos. Pero entonces se trata de un precepto (obviamente no tautol\u00f3gico), y ning\u00fan precepto es a posteriori, pues ning\u00fan precepto quiere decir c\u00f3mo son las cosas, sino c\u00f3mo deben ser. Por tanto, esta quinta formulaci\u00f3n del escepticismo es juicio sint\u00e9tico a priori, pese a que dice que no debe haberlos o que los hay.<\/p>\n<p><strong>6)<\/strong>\u00a0La m\u00e1s conocida de las formulaciones del escepticismo es \u00e9sta: \u201cNo hay verdades absolutas\u201d. Respondo: esa. Con otras palabras, respondo: o bien esa sexta tesis es verdad absoluta o no; si lo primero, luego s\u00ed hay verdades absolutas; si lo segundo (es decir, si la tesis no es verdad), entonces su contenido es falso, y por tanto s\u00ed hay verdades absolutas.<\/p>\n<p><strong>7)<\/strong>\u00a0Enumeremos como s\u00e9ptima la formulaci\u00f3n de Habermas \u201cNo hay fundamentaci\u00f3n ultima\u201d, o sea, ninguna proposici\u00f3n est\u00e1 fundamentada hasta lo \u00faltimo. Y bien, \u201cfundamentado hasta lo \u00faltimo\u201d significa apod\u00edctico, absolutamente verdadero. De suerte que esta tesis de Habermas equivale por completo a la que acabamos de considerar en sexto lugar.<\/p>\n<p><strong>8 )<\/strong>\u00a0Una octava formulaci\u00f3n: \u201cTodo es cierto\u201d. Es una de esas curiosas proposiciones, como \u201cTodo es inexistente\u201d, que para tener alg\u00fan significado necesitan ser falsas. As\u00ed como inexistente es una palabra que s\u00f3lo adquiere significado por contraste con algo existente, as\u00ed incierto es una palabra que solo adquiere significado por contraste con algo cierto. Nunca se nos habr\u00eda ocurrido la idea de llamar incierto a algo, si no fuera por contraste con algo cierto que est\u00e1bamos conociendo directamente, por lo menos la propia realidad del que habla o piensa. Por tanto, como \u201cTodo es incierto\u201d se requiere que exista algo cierto. Por consiguiente, la frase es falsa e impl\u00edcitamente contradictoria. Adem\u00e1s, se presenta como cierta, y por tanto todo es incierto.<\/p>\n<p><strong>9)<\/strong>Karl Popper formula su escepticismo as\u00ed: \u201cUna proposici\u00f3n que no sea emp\u00edricamente falsificable es anticient\u00edfica.\u201d Popper ya comprendi\u00f3 que ninguna proposici\u00f3n universal se puede demostrar por medios emp\u00edricos (como la tercera formulaci\u00f3n arriba mencionada supon\u00eda) porque las experiencias sensibles se refieren a \u201calgunos\u201d o \u201cmuchos\u201d casos y eso no justifica que afirmemos \u201ctodos\u201d. Entonces Popper se conforma con este criterio de cientificidad: es m\u00e1s racional sostener una proposici\u00f3n que no ha sido falsificada por la experiencia que una ya ha sido falsificada por la experiencia. De todos modos cree Popper conseguir as\u00ed lo que el escepticismo anhela: clasificar como anticient\u00edficos los juicios morales y la demostraci\u00f3n de la existencia esp\u00edritu, pues ni los unos ni la otra pueden ser demostrados o falsificados por datos sensibles. Y bien, Popper se contradice dos veces. Primera, para considerar falsificada una proposici\u00f3n se necesita suponer leyes universales que digan \u201ctodos\u201d (casa que Popper excluye), porque si no hay constancia en la natura, una proposici\u00f3n hoy falsificada podr\u00eda ser v\u00e1lida ma\u00f1ana (7). Segunda, la tesis \u201cUna proposici\u00f3n que no sea emp\u00edricamente falsificable es anticient\u00edfica\u201d no es ella misma emp\u00edricamente falsificable (es una teor\u00eda a priori sobre cientificidad), y por tanto es anticient\u00edfica en virtud de lo que ella misma afirma. frente a esto a Popper no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que decir: mi tesis \u201cdescansa en una resoluci\u00f3n irracional\u201d (8). Pero si a\u00fan su criterio de racionalidad es irracional, se sigue que es incierto. Entonces la posici\u00f3n general de Popper equivale a decir que todo es incierto, lo cual es la octava formulaci\u00f3n del escepticismo que acabamos de demostrar contradictoria.<\/p>\n<p><strong>10)<\/strong>\u00a0El escepticismo de Gadamer es un poco menos burdo. Dicho autor considera -y en eso no le falta raz\u00f3n- que averiguar si es verdadera o falsa una convicci\u00f3n profesada por otra cultura u otra \u00e9poca ser\u00eda entender esa convicci\u00f3n mejor que lo que seres humanos de esa \u00e9poca o cultura la entend\u00edan. Pero como Gadamer no cree en la verdad, lanza la tesis: \u201cNosotros podemos entender esas convicciones de manera diferente pero no mejor\u201d (9). Pues bien, es obvio que ah\u00ed hay contradicci\u00f3n: Gadamer presenta su tesis como verdadera; no quiere que la entendamos \u201cde manera diferente\u201d; quiere que la entendamos como verdadera.<\/p>\n<p><strong>11)<\/strong>\u00a0Se parece mucho a la tesis de Gadamer la teor\u00eda wittgensteiniana de los juegos linguales, solo que Wittgenstein se refiere a todas las convicciones o modos de pensar (los llama juegos linguales). Le niega a la filosof\u00eda la capacidad de juzgar si son verdaderos o falsos. Dice que cada juego es una unidad perfecta, r\u00edgida y herm\u00e9tica, de suerte que nadie puede entender el juego lingual en cuesti\u00f3n sin sumergirse por entero en \u00e9l aceptando todas las reglas del mismo; por consiguiente, la pretensi\u00f3n filos\u00f3fica de juzgarlos desde fuera es radicalmente imposible. Antes que nada conviene notar que llamar juego al habla es una manera met\u00e1fora; como definici\u00f3n no sirve, pues no logra distinguir al habla de otras realidades. Dir\u00e1 Wittgenstein que un juego es un conjunto de reglas, pero con eso no consigue siquiera definir el juego, pues tambi\u00e9n la circulaci\u00f3n vehicular es un conjunto de reglas y no tiene de juego nada, y tambi\u00e9n cada computadora del Pent\u00e1gono es un conjunto de reglas y nadie nos convencer\u00e1 que el manejo de las bombas at\u00f3micas es un juego. Y todav\u00eda, despu\u00e9s de definir juego, cosa que no logra, tendr\u00eda Wittgenstein, para que entendamos a qu\u00e9 se refiere cuando menciona al habla, que precisar en qu\u00e9 se distingue el habla de otros juegos. Defender una tesis a punta de vaguedades es cient\u00edficamente inaceptable. Las met\u00e1foras no demuestran nada.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s, Wittgenstein se contradice por partida doble. Contra la filosof\u00eda arguye que, como cada juego lingual es particular e incomunicable y monadico, es imposible hacer pronunciamientos universales; pero la teor\u00eda de Wittgenstein es universal: dice que todas las convicciones son juegos linguales: la contradicci\u00f3n es patente. Y en segundo lugar, la teor\u00eda de Wittgenstein tiene que aceptar evidentemente que tambi\u00e9n la filosof\u00eda es un juego lingual; \u00bfc\u00f3mo puede Wittgenstein criticarla desde su propia teor\u00eda si es imposible que un juego lingual critique a otro? (10)<\/p>\n<p><strong>12)<\/strong>\u00a0Como duod\u00e9cima y \u00faltima formulaci\u00f3n del escepticismo consideremos la m\u00e1s trillada de todas: \u201cTodo es relativo\u201d. Est\u00e1 claro que esa tesis no se presenta como relativa; de manera que hay contradicci\u00f3n; pero en este punto necesitamos detenernos, primero para denunciar la total indisciplina mental que reina entre los esc\u00e9pticos, y despu\u00e9s para profundizar el asunto.<\/p>\n<p>La tesis \u201cTodo es relativo, no existe un deber moral absoluto\u201d suele pronunciarse como conclusi\u00f3n. Como conclusi\u00f3n de mucho estudio y conocimiento de la historia y de sus diferentes \u00e9pocas y culturas. Ya es hora de que alguien les pregunte: \u00bfc\u00f3mo es el silogismo? Si se trata de una conclusi\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo es el proceso l\u00f3gico de inferencia? Dice el relativista que en la historia \u00e9l encuentra convicciones morales diferentes, o sea deberes relativos a las diferentes culturas y \u00e9pocas. Y bien, entonces no puede usar la expresi\u00f3n \u201cdeber Absoluto\u201d en la conclusi\u00f3n, pues en las premisas ese t\u00e9rmino no ha ocurrido. Por ejemplo: si en las premisas de un silogismo no se ha mencionado a los mam\u00edferos, mencionarlos en la conclusi\u00f3n es siempre un sofisma. Es como si alguien dijera: \u201cHe encontrado patos, por tanto no existen las ballenas\u201d. En primer lugar, del hecho de que no haya encontrado deberes absolutos no se sigue que no existan. En segundo lugar como los deberes morales absolutos no son datos sensibles (la conducta no es lo mismo que el deber frecuentemente le desobedece), es muy posible que hayas encontrado deberes absolutos y no los hayas sabido reconocer. Y en tercer lugar, del hecho de que haya habido dos deberes opuestos, lo \u00fanico que se puede inferir es que los dos no pueden ser absolutos: es ileg\u00edtimo inferir que ninguno de los dos es absoluto.<\/p>\n<p>Profundicemos. Quien niega que exista deber absoluto \u00bfde d\u00f3nde saca el significado inconfundible y estupendo de ese concepto? Por cierto, nadie deber\u00eda hablar de estos temas sin haber entendido la diferencia entre imperativo absoluto e imperativo condicionado: \u201cSi no quieres c\u00e1rcel ni reprobaci\u00f3n social observa tal conducta\u201d es imperativo condicionado. \u201cSi quieres evitar penas eternas comp\u00f3rtate as\u00ed o as\u00e1\u201d es imperativo condicionado. En cambio \u201cYo no puedo torturar a nadie, simplemente porque eso no se debe hacer\u201d es imperativo absoluto. Y no se crea que la moral kantiana es refinamiento purista: cuando cualquiera de nosotros se da cuenta de que cierta acci\u00f3n, por ejemplo torturar es detestable en s\u00ed misma, la idea de castigo o premio no entra para nada; estamos frente al imperativo absoluto. Es verdad que sin educaci\u00f3n el hombre no llega a ser hombre, pero eso significa que la educaci\u00f3n lo hace atender la existencia de un imperativo que el hombre percibe por su cuenta, el cual no puede confundirse con los imperativos de la sociedad, ya que \u00e9stos, por definici\u00f3n, s\u00f3lo pueden ser condicionados; la sociedad s\u00f3lo puede castigar (aunque sea \u00fanicamente desaprobando) o premiar (aunque sea \u00fanicamente alabando). Como Hume mismo hizo constar (11), si la sociedad, dirigi\u00e9ndose al individuo, usara las palabras \u201cdeber absoluto\u201d o \u201cacci\u00f3n detestable en s\u00ed misma\u201d, el individuo no entender\u00eda nada si no hubiera conocido en autoconciencia un imperativo absoluto, una prohibici\u00f3n absoluta. Repetimos la pregunta: quien niega que exista deber absoluto \u00bfde d\u00f3nde saca el contenido inconfundible de ese concepto? S\u00f3lo puede provenir de un imperativo absoluto que el mismo relativista percibe o ha percibido. Por tanto, la existencia del deber absoluto es contradicci\u00f3n de posibilidad de la teor\u00eda o tesis que lo niega.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cabriolas y disimulaciones<\/p>\n<p>Como quiera que se formule, el escepticismo es una teor\u00eda del conocimiento, una epistemolog\u00eda. A\u00fan la escuela tesis de que no hay verdades absolutas lo que dice es que el conocimiento humano no es capaz de llegar a proposiciones verdaderas; a\u00fan quien afirma que s\u00f3lo la matem\u00e1tica y la l\u00f3gica y las disciplinas emp\u00edricas son ciencia, lo que dice es que la metaf\u00edsica no es conocimiento cient\u00edfico. Pero como la teor\u00eda del conocimiento no es ni matem\u00e1tica ni l\u00f3gica ni disciplina emp\u00edrica, es metaf\u00edsica. Por tanto, el escepticismo, aunque consiste en una teor\u00eda del conocimiento, tiene que ocultar el hecho de que \u00e9l hace teor\u00eda del conocimiento. Por eso quiere Wittgenstein que su lector, despu\u00e9s de leer el Tratado, haga como si el Tratado no existiera: \u201cDebe arrojar lejos la escalerilla despu\u00e9s de haber subido por ella\u201d (12). El esc\u00e9ptico necesita que siga en vigor su tesis porque si no el escepticismo no existe, pero al mismo tiempo necesita que no exista el hecho de que la ha afirmado, porque ese hecho basta para demostrar que la tesis es contradictoria. La soluci\u00f3n es una gran cabriola: subir por una escalerilla como si la escalerilla no existiera. \u00bfHay alguien que no encuentre risibles esas maniobras?<\/p>\n<p>Apr\u00e9ciese la escalerilla de Derrida: \u201cEn la abertura de esta cuesti\u00f3n, ya no sabemos. Lo que no quiere decir que no sepamos nada, sino que estamos m\u00e1s all\u00e1 del saber absoluto (y de su sistema \u00e9tico, est\u00e9tico o religioso) en su direcci\u00f3n a aquello a partir de lo que se anuncia y decide su clausura. Una cuesti\u00f3n tal ser\u00eda leg\u00edtimamente entendida como que no quiere decir nada, como no perteneciendo ya al sistema del querer decir\u201d (13).<\/p>\n<p>En otras palabras; despu\u00e9s de decir todo lo que quiso decir, Derrida exige que hagamos cuenta como si no hubiera querido decir nada.<\/p>\n<p>Todo el \u201cpensamiento d\u00e9bil\u201d, que se ha puesto de moda en ciertas latitudes, es la misma maniobra: primero afirman (de manera nada d\u00e9bil) el escepticismo total, y despu\u00e9s, cuando alguien quiere demostrarles que se contradicen, replican: \u201cNo, ese argumento ser\u00eda v\u00e1lido si mi filosof\u00eda fuera fuerte; pero mi filosof\u00eda no hace frente, es pensamiento d\u00e9bil\u201d. As\u00ed consiguen lo mismo que Wittgenstein: sostener todo lo que les pegue la gana y rechazar, por principio y sin discusi\u00f3n, cualquier argumentaci\u00f3n en contra.<\/p>\n<p>Oigase a Habermas en la misma vena: mi filosof\u00eda \u201cprefiere una combinaci\u00f3n de enunciados fuertes y de pretensiones d\u00e9biles en lo tocante al status epistemol\u00f3gico de tales enunciados, una combinaci\u00f3n que, por tanto, es tan poco totalitaria, que contra ella no puede movilizarse ninguna cr\u00edtica totalizante de la raz\u00f3n\u201d (14).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Foucault alega pensamiento d\u00e9bil: \u201cEs exacto que yo no he presentado jam\u00e1s la arqueolog\u00eda como una ciencia, ni siquiera como los primeros cimientos de una ciencia futura\u201d (15). La idea es \u00e9sta: si yo presentara mi tesis esc\u00e9ptica como cient\u00edfica, ser\u00eda refutable; entonces, mejor la presento como literatura: la literatura no est\u00e1 obligada a demostrar lo que afirma ni a responder a quien le demuestre que se equivoca y que se contradice. Es la misma escalerilla, s\u00f3lo que, en vez de hacerla desaparecer, la declaramos literatura. Hacen epistemolog\u00eda, pero no quieren que se sepa que hacen epistemolog\u00eda.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el escepticismo de Teodoro Adorno se presenta como pensamiento d\u00e9bil, aunque con otra terminolog\u00eda: \u201cPara el intelectual que se propone realizar lo que en un tiempo se llam\u00f3 filosof\u00eda, nada hay tan inadecuado en la discusi\u00f3n, y casi quisiera uno decir, en la demostraci\u00f3n, como el querer tener raz\u00f3n\u201d (16). As\u00ed ya no puede uno refutarlo, pues nos responde que la suya no es una de esas filosof\u00edas pretenciosas que aspiran a tener raz\u00f3n. Pero eso s\u00ed, antes nos endilg\u00f3 todas las tesis esc\u00e9pticas del mundo. Y por cierto, es a todas luces evidente que quiere convencernos de que el escepticismo tiene raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Rorty hace lo mismo que Foucault: le da a su pensamiento estatuto de literatura. Bastar\u00e1 citar a su admirador Rajchman: \u201cRorty adapta esta definici\u00f3n de modernismo a su relato de la filosof\u00eda desde Kant; contribuye a deshacer las distinciones Kantianas entre ciencia y literatura\u201d (17).<\/p>\n<p>Una cabriola aparentemente muy distinta es la de Heidegger: contra quien demuestra que el escepticismo es autocontradictorio, Heidegger responde que eso no se vale porque es un ataque por sorpresa (\u00fcberr\u00fcmpeln: coger desprevenido) (18). Resulta muy simp\u00e1tico que esa \u201csoluci\u00f3n\u201d le parezca aceptable a Rorty: \u201cEs una posici\u00f3n dif\u00edcil pero no imposible. Wittgenstein y Heidegger se defienden bastante bien\u201d (19). Pero la refutaci\u00f3n del escepticismo no tiene nada de ataque-sorpresa. T\u00f3mese usted su tiempo: es m\u00e1s, si quiere vuelvo ma\u00f1ana; pero t\u00e9ngame una respuesta, no un desplante meramente evasivo, que es tan circense como la escalerilla de Wittgenstein.<\/p>\n<p>La m\u00e1s graciosa de las cabriolas es la que inventa Rorty de su propia cosecha: dice que es de mal gusto demostrarle al esc\u00e9ptico que se contradice. El problema es que quien sostiene que la mente humana no puede conocer la realidad est\u00e1 afirmando que su mente conoce esa realidad llamada mente humana, est\u00e1 afirmando que su mente conoce c\u00f3mo son las cosas; y por tanto, se est\u00e1 contradiciendo. Rorty sale con esto: \u201cPensar que Wittgenstein y Heidegger tienen opiniones sobre c\u00f3mo son las cosas no es estar equivocados sobre c\u00f3mo son las cosas, exactamente; es s\u00f3lo mal gusto. Los coloca en una situaci\u00f3n en la que no quieren estar, y en la que parecen rid\u00edculos\u201d (20). Y bien, en esa situaci\u00f3n est\u00e1n, aunque nosotros no lo digamos; y en cuanto al mal gusto, la filosof\u00eda se ha jactado de ser muy presentable en los salones de sociedad, pero es su obligaci\u00f3n hacer constar que el escepticismo es contradictorio. Pedimos mil disculpas, pero lo hacemos constar.<\/p>\n<p>M\u00e1s sutil que esa finta de buenos modales es la estratificaci\u00f3n del lenguaje inventada por Russell: dice que ninguna proposici\u00f3n debe hablar sobre s\u00ed misma, sino que un primer lenguaje ha de hablar sobre los objetos, un segundo lenguaje (metalenguaje) hablar\u00e1 sobre el primero, un tercer lenguaje (metametalenguaje) hablar\u00e1 sobre el segundo, y as\u00ed sucesivamente. Pertrechado con esa normativa (pues de una normativa se trata), ya puede el esc\u00e9ptico con mano alzada rechazar todos los ataques que le demuestren que se contradice, dado que, cuando \u00e9l dice \u201cNo hay verdades absolutas\u201d y el objetante arguye que o bien esa proposici\u00f3n es verdad absoluta o no (Ef. supra, I, 6), \u00e9l puede gallardamente rehusarse a responder, por aquello de que est\u00e1 prohibido que una proposici\u00f3n hable de s\u00ed misma. Y bien, antes de demostrar que esta escapatoria russelliana es contradictoria en s\u00ed misma, conviene hacer dos observaciones, la segunda m\u00e1s detallada que la primera.<\/p>\n<p>Ante todo: ya puede Russell lanzar todas las prohibiciones que quiera, de hecho la tesis del escepticismo no le obedece. El esc\u00e9ptico est\u00e1 diciendo \u201cTodas las otras proposiciones son dudosas, pero esta no\u201d; por tanto, su proposici\u00f3n habla de si misma. La tesis \u201cNo hay verdades absolutas\u201d se presenta como verdadera, y por consiguiente habla impl\u00edcitamente de s\u00ed misma. De hecho, todo acierto que se dice en serio se presenta como verdadero; de lo contrario no formar\u00eda parte del conjunto de las locuciones atendibles, se substraer\u00eda del di\u00e1logo y comunicaci\u00f3n interhumana, ser\u00eda como el balbuceo de un loco a quien nadie hace caso. Consiguientemente, la demostraci\u00f3n de que el escepticismo se contradice conserva toda su astringencia.<\/p>\n<p>La segunda observaci\u00f3n es hist\u00f3rica. Se consideraba como parad\u00f3jica la frase del mentiroso: \u201cLo que ahora digo es falso\u201d. La prohibici\u00f3n russelliana de autorreferencia se present\u00f3 como la \u00fanica soluci\u00f3n posible, m\u00e1s era como patada de chanfle en f\u00fatbol: simulaba ir en una direcci\u00f3n pero iba en otra. En realidad se dirig\u00eda a defender el escepticismo de la manera que acabamos de se\u00f1alar. Para resolver la paradoja de Eub\u00falides no sirve. Por dos razones no sirve. Primera: porque no hay tal paradoja. No es parad\u00f3jico que alguien enuncie una proposici\u00f3n contradictoria; cualquier hijo de vecino puede hacer eso en cualquier lenguaje o metalenguaje. Parad\u00f3jico ser\u00eda que alguien demostrara una proposici\u00f3n contradictoria; eso s\u00ed ser\u00eda quebranto de la racionalidad humana. Despu\u00e9s de enunciar su famosa frase, Eub\u00falides comenta equivalentemente esto: Si mi frase es verdadera, por el mismo hecho es falsa, pues lo que afirma es que es falsa; si mi frase es falsa, es falso que lo que dice sea falso, y por tanto es verdadera. Pero todo ese comentario no es demostraci\u00f3n de la frase, sino demostraci\u00f3n de que la frase es contradictoria, cosa que ya sab\u00edamos. Lo \u00fanico que ha sucedido es que alguien enunci\u00f3 una frase contradictoria, cosa perfectamente factible en cualquier momento, y por tanto muy poco parad\u00f3jica. La segunda raz\u00f3n por la que la prohibici\u00f3n de autorreferencia no sirve es que dicha prohibici\u00f3n resulta tanto innecesaria como insuficiente. Innecesaria porque todo el mundo puede formular una sentencia autorreferente sin cometer contradicci\u00f3n, por ejemplo: \u201cEsta sentencia tiene cinco palabras\u201d. Insuficiente porque es posible cometer contradicci\u00f3n obedeciendo la prohibici\u00f3n de autorreferencia; por ejemplo en lenguaje objetal \u201cEsta mesa es de palo de casta\u00f1o y no es de palo de casta\u00f1o\u201d, y en metalenguaje \u201cLa frase anterior tiene catorce palabras y no tiene catorce palabras\u201d. Para evitar contradicciones lo \u00fanico que sirve es tener cuidado. Toda la maniobra de Russell iba en otra direcci\u00f3n, ya dijimos.<\/p>\n<p>Demostremos finalmente que en s\u00ed misma es contradictoria la prohibici\u00f3n de autorreferencia. Dicha prohibici\u00f3n tiene que formularse as\u00ed: \u201cNinguna proposici\u00f3n puede hablar de s\u00ed misma\u201d. Pero \u201cninguna\u201d implica \u201c\u00e9sta tampoco\u201d. Por tanto, la frase habla de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Si se prefiere formulaci\u00f3n positiva, ser\u00eda: \u201cToda proposici\u00f3n debe hablar de objetos o de otra proposici\u00f3n\u201d. Pero \u201ctoda\u201d implica \u201c\u00e9sta tambi\u00e9n\u201d. La frase habla de si misma.<\/p>\n<p>Es una norma que se infringe a s\u00ed misma en el momento mismo de formularse. Aparte de que no sirve ni para el problema de Eub\u00falides ni para evitar que el escepticismo sea contradictorio.<\/p>\n<p>Recapitulemos. Todas las cabriolas que disimulan la autocontradicci\u00f3n del escepticismo son autoenga\u00f1os perspicuos. Y es muy de notar que, si el escepticismo se esfuerza por ocultar su propia contradicci\u00f3n, con ello mismo reconoce la obligatoriedad del principio (no) contradicci\u00f3n y as\u00ed reconoce que no todo es relativo, pese a que la tesis \u201cTodo es relativo\u201d es esencial para el escepticismo. Claro que no faltar\u00e1 quien niegue incluso estar obligado a no contradecirse, pero lo que nos est\u00e1 diciendo es que medio minuto despu\u00e9s \u00e9l puede sostener lo contrario de lo que en este momento nos dice; con esa declaraci\u00f3n \u00e9l mismo rompe el di\u00e1logo, imposibilita la comunicaci\u00f3n, y ninguna persona razonable tiene qu\u00e9 hacerle caso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las ra\u00edces del escepticismo<\/p>\n<p>El escepticismo es un pseudoproblema. Quien dado que la mente conozca la realidad, se figura que la realidad queda \u201cfuera\u201d de la mente; pero como la mente no es algo especial, como no se trata de un barril ni de un recinto, las expresiones \u201cfuera de la mente\u201d y \u201cdentro de la mente\u201d carecen completamente de significado (son como la expresi\u00f3n \u201csilogismo amarillo\u201d), y todo el problema es un masoquismo voluntario. Tampoco se puede definir realidad como lo que queda fuera de la cabeza, pues la masa encef\u00e1lica y la gl\u00e1ndula pituitaria est\u00e1n dentro de la cabeza e indudablemente son reales.<\/p>\n<p>La kantiana cosa-en-s\u00ed incognoscible es el prototipo del mencionado masoquismo. Por definici\u00f3n, esa cosa-en-s\u00ed carece de toda caracter\u00edstica, ya que, si alguna pudi\u00e9ramos atribuirle, la cosa ser\u00eda cognoscible; entonces el pseudoconcepto de la cosa-en-s\u00ed se elabora a punta de negaciones, esto es abstrayendo de todas las determinaciones de lo real. Es una pura abstracci\u00f3n, y el esc\u00e9ptico postula la existencia de eso que es mero producto del pensamiento, solamente con el fin de atormentarse.<\/p>\n<p>Subyace un falso concepto de realidad, o m\u00e1s bien, una ausencia de concepto de realidad. Quien define real como lo distinto del yo o independiente del yo \u00bfsupone que el yo es real o que es irreal? Si lo primero, la definici\u00f3n resulta falsa porque el yo no es distinto o independiente del yo y sin embargo es real. Si lo segundo, la definici\u00f3n pretende definir lo real en t\u00e9rminos de lo irreal, en funci\u00f3n de lo irreal, lo cual es absurdo. basta un poco de reflexi\u00f3n para comprender que, si definimos lo real en funci\u00f3n de la nada, al definiendum no le llega caracter\u00edstica alguna que sea propia de lo real, sino s\u00f3lo lo caracter\u00edstico de la nada, y estar\u00edamos definiendo lo real como la nada, como algo negativo, cuando evidentemente s\u00ed hay algo positivo eso es lo real. Si a\u00f1adimos negaci\u00f3n (diciendo \u201cdistinto de\u2026\u201d), todo sigue siendo negativo y falta precisamente algo que caracterice a lo real; seguimos en la nada.<\/p>\n<p>La presunta definici\u00f3n \u201cLo real es lo sensible\u201d se debe a una mera distracci\u00f3n de sus sostenedores, pues ellos saben perfectamente que en las alucinaciones hay datos sensibles y que a tales datos no corresponde realidad alguna; o sea, ellos mismos distinguen entre lo sensible y lo real. Evidentemente, pues, no quieren decir lo que de hecho est\u00e1n diciendo. Por lo dem\u00e1s, todos sabemos que, cuando vemos salir el sol, un tal salir no es real, pues el sol est\u00e1 quieto. Todos sabemos que, cuando vemos que esta mesa est\u00e1 quieta, tal quietud no es real, puesto que la mesa con todo nuestro planeta se est\u00e1 moviendo a 30 kil\u00f3metros por segundo. Los f\u00edsicos saben adem\u00e1s algo que es tremendamente importante: esta superficie de la mesa, por muy evidente dato visible y tocable que sea, sencillamente no existe, no hay ah\u00ed la continuidad de materia que nuestros sentidos atestiguan, en realidad hay diez mil veces m\u00e1s vac\u00edo que lleno (diez mil es la proporci\u00f3n entre el tama\u00f1o del \u00e1tomo y el tama\u00f1o del n\u00facleo); la superficie es una mera apariencia, debida a la manera como est\u00e1n hechos nuestros \u00f3rganos de la vista y del tacto. Si en este mundo hay algo sensible, eso es la superficie; pero si hay algo que no es real, eso es la superficie. Definir lo real como lo sensible es un desacierto superlativo.<\/p>\n<p>T\u00e9ngase muy presente que quienes definen diciendo que lo real es la materia, como no consiguen indicar qu\u00e9 entienden por materia, siempre acaban retrocediendo hasta decir que lo real es lo sensible, y por tanto est\u00e1n en el insostenible desacierto mencionado. Pero en esto necesitamos detenernos, pues el materialismo constituye el verdadero m\u00f3vil y ra\u00edz del escepticismo. Basta ver las incesantes arremetidas de Adorno, Habermas Y Derrida (y aun de Apel, que aparentemente no es esc\u00e9ptico) contra la filosof\u00eda de la autoconciencia, esto es del esp\u00edritu; basta constatar c\u00f3mo toda la obra de Heidegger se dirige contra Descartes, Kant y Hegel. Y en Rorty el caso es flagrante: aunque se vive negando que la ciencia (incluso la f\u00edsica) sea posible, aunque su escepticismo es universal, de todos modos acaba sosteniendo con certidumbre esto:<\/p>\n<p>\u201cM\u00e1s concretamente, podemos afirmar todo lo que sigue: Toda habla, pensamiento, teor\u00eda, poema, composici\u00f3n y filosof\u00eda resultar\u00e1 completamente previsible en t\u00e9rminos puramente naturalista. Alguna explicaci\u00f3n tipo \u00e1tomos y vac\u00edo aplicada a los microprocesos que ocurren dentro de los seres humanos individuales permitir\u00e1 la precisi\u00f3n de todo sonido o inscripci\u00f3n que se llegue a producir. No hay esp\u00edritus\u201d (21).<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 quedamos? \u00bfNo nos hab\u00eda dicho que la mente humana, incluso cient\u00edfica, es incapaz de conocer la realidad? \u00bfC\u00f3mo nos dice ahora con tanto aplomo que la realidad consiste en \u00e1tomos y vac\u00edo?<\/p>\n<p>Esa es la posici\u00f3n general: el escepticismo duda de todo, menos de la teor\u00eda que dice que todo es materia. Las poses de escepticismo eran una farsa: lo \u00fanico que quer\u00edan era materialismo.<\/p>\n<p>Pues bien, cuando nos dicen que todas las cosas est\u00e1n hechas de materia nosotros naturalmente preguntamos \u00bfy qu\u00e9 es la materia? Nos responden: aquello de que est\u00e1n hechas todas las cosas. Ah, pues nos ilustran mucho.<\/p>\n<p>Es como si alguien dijera que todas las cosas est\u00e1n hechas de Blictiri, y a\u00f1adiera: pero no me pregunten qu\u00e9 es Blictiri. \u00bfNo es ya tiempo de que la humanidad mande todos esos caprichos pseudote\u00f3ricos a paseo?<\/p>\n<p>Desde luego, resulta solamente pintoresco el remitirse a trocitos cada vez m\u00e1s peque\u00f1os de materia, escurriendo el bulto. Nosotros preguntamos qu\u00e9 es pues la materia independientemente del tama\u00f1o. Primero dijeron \u00e1tomos, despu\u00e9s n\u00facleos, despu\u00e9s part\u00edculas subat\u00f3micas, y as\u00ed van a seguir, \u00a1pero no es \u00e9sa la cuesti\u00f3n!, el fil\u00f3sofo materialista tendr\u00eda que definir materia independientemente del tama\u00f1o. Si acude a los f\u00edsicos en demanda de auxilio, lo que encuentra es esta declaraci\u00f3n de Taylor y Wheeler en nombre de todos ellos: \u201cEl mejor pensamiento actual no pretende que las part\u00edculas no est\u00e1n constituidas por espacio y tiempo\u201d (22). Es decir: los \u00faltimos elementos de la materia consisten en espacio, o sea en el vac\u00edo, en la nada. La tesis filos\u00f3fica que dice que la realidad es la materia, si se remite a los f\u00edsicos retorna simplemente al intento definitorio ya mencionado qu\u00e9 confunde de lo real con la nada, y asimismo al masoquismo que postula como real una cosa que es nada, con el \u00fanico fin de atormentarse diciendo que no puede conocerla.<\/p>\n<p>Definir materia como lo que tiene partes es enteramente desacertado, pues tambi\u00e9n muchos conceptos tienen parte, por ejemplo en el concepto de hombre (\u201canimal racional\u201d) \u201canimal\u201d es la primera parte, siendo as\u00ed que el materialismo quiere precisamente contraponer lo material a los conceptos. Adem\u00e1s, lo que descubri\u00f3 Max Plank fue que un quantum no tiene partes, y los materialistas indudablemente catalogan los quanta entre lo material. Por cierto, cuando dice \u201ctiene partes\u201d, en lo \u00fanico que est\u00e1n pensando es en una superficie, de suerte que la tesis \u201cLo real es la materia, y materia es lo que tiene partes\u201d reincide en la ingenuidad de creer que las superficies son reales. Si est\u00e1n pensando en una l\u00ednea, las l\u00edneas son todav\u00eda menos reales que las superficies, si cabe.<\/p>\n<p>Tampoco sirve definir la materia como lo que tiene extensi\u00f3n, por ejemplo el concepto de animal tiene mayor extensi\u00f3n que el concepto de cuadr\u00fapedo, y es bien sabido entre los l\u00f3gicos que, cuanto mayor comprensi\u00f3n tenga un concepto, tanto menor es su extensi\u00f3n. Dir\u00e1n que todo eso es traslaucio, y que el materialismo se refiere al sentido literal de la palabra extensi\u00f3n: pero lo que preguntamos precisamente es cu\u00e1l es ese sentido literal, y ah\u00ed enmudecen; igual sucede si preguntamos por el sentido literal de \u201ctener partes\u201d. De hecho, cuando dicen extensi\u00f3n est\u00e1n pensando en la superficie; pero ya expusimos que las superficies no existen; son meras apariencias que se deben a la peculiar fisiolog\u00eda de nuestros \u00f3rganos de la vista y el tacto. Si la materia se reduce a extensi\u00f3n y la extensi\u00f3n a superficie y \u00e9sta es mera apariencia, decir que todo es materia equivale a decir que todo es mera apariencia. El materialismo se habr\u00eda convertido en idealismo del peor g\u00e9nero, y aun as\u00ed no podr\u00eda esquivar al yo, o sea al esp\u00edritu, pues apariencia es aparecer ante alguien; si no hay alguien a quien aparezca, la apariencia no es apariencia.<\/p>\n<p>Ya es hora de encarar el hecho de que materia viene de la palabra latina materies, la cual significa madera, palo. Tambi\u00e9n en griego la palabra hyle significa madera. Decir que los objetos sensibles est\u00e1n hechos de materia ha sido una met\u00e1fora carpinteril: s\u00f3lo dejar\u00eda de serlo si alguien le diera otro significado a la palabra materia, pero ya vimos que nadie lo logra. Cuando los griegos vieron que de madera se hac\u00edan sillas, casas, estatuas, etc\u00e9tera, se les ocurri\u00f3 que todos los objetos sensibles quiz\u00e1 pod\u00edan estar hechos de una madera que no fuera precisamente madera, de una madera despojada de las caracter\u00edsticas de la madera; naturalmente, se embarcaron en un proceso mental de pura negaci\u00f3n: el resultado fue un pseudoconcepto carente de todo contenido; exactamente como la cosa-en-s\u00ed kantiana. Esa ha sido durante 25 siglos la definici\u00f3n de materia: ni algo ni tal ni tanto ni determinaci\u00f3n alguna de loreal. Un masoquismo totalmente injustificado.<\/p>\n<p>Es una especie de sentimiento supersticioso lo que hace que algunos digan: De todos modos debe haber algo detr\u00e1s. No lo discuto en este momento, pero afirmar que ese algo es materia no s\u00f3lo ser\u00eda gratuito y anticient\u00edfico, adem\u00e1s ser\u00eda emitir sonidos sin sentido alguno, puesto que no han definido la palabra materia. Es como si dijeran que ese algo que est\u00e1 detr\u00e1s es Blictiri.<\/p>\n<p>Parece indispensable aqu\u00ed advertir que el hecho de que la t\u00e9cnica \u201ctiene \u00e9xito\u201d y \u201cfunciona\u201d de ninguna manera demuestra que los f\u00edsicos sepan de que est\u00e1n hechas las cosas. Tambi\u00e9n la t\u00e9cnica de los animales (pi\u00e9nsese en la acron\u00e1utica de las aves o en el radar del murci\u00e9lago) tiene mucho \u00e9xito, y los animales ciertamente no saben de qu\u00e9 est\u00e1n hechas las cosas. Tambi\u00e9n la t\u00e9cnica del hombre prehist\u00f3rico (pi\u00e9nsese en la ruda o en la navegaci\u00f3n o en la producci\u00f3n discrecional de fuego) tuvo y sigue teniendo enorme \u00e9xito, y el hombre prehist\u00f3rico de ninguna manera sab\u00eda de qu\u00e9 est\u00e1n hechas las cosas. El carpintero y el herrero han tenido \u00e9xito t\u00e9cnico incesante durante milenios, y lo han tenido trabajando con superficies y creyendo en la existencia de las superficies, y sin embargo las superficies no existen. Si la l\u00f3gica todav\u00eda merece respeto, este \u00faltimo hecho basta para demostrar que con ideas equivocadas se puede tener todo el \u00e9xito t\u00e9cnico del mundo.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos: y a\u00fan sin ideas sobre c\u00f3mo son las cosas. Como se trata exclusivamente de manipular, de que haya reacci\u00f3n a nuestros manejos, a la t\u00e9cnica le bastan las apariencias, le basta la cara que el fen\u00f3meno nos pone, le basta la manera como responde a nuestra relaci\u00f3n (manual) con \u00e9l. C\u00f3mo sea en s\u00ed misma la realidad, es un problema que a la t\u00e9cnica la tiene completamente sin cuidado. Y bien, desafortunada o afortunadamente la f\u00edsica y la qu\u00edmica de nuestro siglo se han convertido en una mera t\u00e9cnica, en artesan\u00eda refinada y grandiosa. Sus conceptos son puramente manipulatorios. Por ejemplo, definen energ\u00eda como la capacidad de ejecutar trabajo (trabajo es verbigracia trasladar un cuerpo a un lugar m\u00e1s alto); que sea en si misma la energ\u00eda, que caracter\u00edsticas on\u00edricas tenga que la hacen capaz de ejecutar trabajo, es una cuesti\u00f3n metaf\u00edsica; lo que importa es que ejecute el trabajo. El otro concepto clave, el de masa, lo definen as\u00ed: masa es la resistencia que un cuerpo opone cuando le aplico cierta fuerza. No les importa qu\u00e9 es; les importa c\u00f3mo reacciona (a saber: resistiendo) a mi aplicaci\u00f3n de fuerza. Incluso es generalizada en esas disciplinas la costumbre de dejar no-definidos muchos t\u00e9rminos; y justifican ese arbitro diciendo que \u201cfunciona\u201d. Evidentemente, eso no es saber sino manipular. El operacionalismo de Bridgman es la m\u00e1s fiel descripci\u00f3n de esas disciplinas: ning\u00fan vocablo es aceptable mientras su significado no consista en una acci\u00f3n u operaci\u00f3n que el hombre pueda efectuar.<\/p>\n<p>La f\u00edsica actual no sabe de qu\u00e9 est\u00e1n hechas las cosas. Si de la f\u00edsica y su \u201c\u00e9xito\u201d esperaba el materialismo confirmaci\u00f3n de su tesis de que todo est\u00e1 hecho de materia, aqu\u00e9lla lo deja en la estacada.<\/p>\n<p>Retomemos el hilo. Con el \u00fanico fin de no ponerle atenci\u00f3n al yo, o sea al esp\u00edritu, el materialismo y el masoquismo mencionado postulan \u201cfuera\u201d(!) una entidad que carece de contenido y que por tanto es nada. Pasar por alto que el car\u00e1cter real de una cosa no es dato sensible y que, por tanto, el concepto de real (esto es de existencia, de ser) s\u00f3lo pudo originarse en introspecci\u00f3n, en autoconciencia, es decir, en el conocerse el esp\u00edritu a si mismo. El \u00fanico significado posible de la palabra \u201creal\u201d es el esp\u00edritu mismo. Por ende, viene a ser contradictorio el negar la realidad del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 conviene recordar c\u00f3mo de muestra Carnap que el car\u00e1cter real de las cosas no es dato sensible. Supongamos que, sin saber el uno del otro, dos ge\u00f3grafos hicieran estudio exhaustivo de una misma monta\u00f1a en el centro de \u00c1frica; y supongamos que, adem\u00e1s de sus capacidades como ge\u00f3grafos, uno de los dos profesa la filosof\u00eda idealista y el otro la filosof\u00eda realista. Los dos reportes descriptivos terminar\u00e1n coincidiendo en todos los detalles emp\u00edricamente constatables, pero al mismo tiempo el primer ge\u00f3grafo estar\u00e1 convencido de que la monta\u00f1a no existe realmente, mientras el segundo sostendr\u00e1 que la monta\u00f1a es un ente real. Sobre este punto es imposible que por medios emp\u00edricos lleguen a ponerse de acuerdo, ya que, precisamente, en cuanto a todo lo emp\u00edrico coinciden. El car\u00e1cter de las cosas no es dato perceptible con los sentidos.<\/p>\n<p>Tanto a Carnap como a los dem\u00e1s fil\u00f3sofos materialistas les falt\u00f3 preguntarse c\u00f3mo surge, entonces, en la mente el concepto de lo real, dado que no es de origen emp\u00edrico. Ya lo dijimos: por introspecci\u00f3n, o sea, en el hecho mismo de que el esp\u00edritu capta su propia realidad. As\u00ed se demuestra racionalmente la existencia del esp\u00edritu, pero el materialismo presiente que, si aceptan \u00e9sta, la de Dios no estar\u00eda lejos. Es impresionante que, cuando la raz\u00f3n hubo demostrado la verdad del cristianismo, los materialistas hayan tenido que renegar la raz\u00f3n declar\u00e1ndose esc\u00e9pticos.<\/p>\n<p>Por supuesto, adem\u00e1s de las ra\u00edces mencionadas, el escepticismo puede tener otras, pero de \u00edndole m\u00e1s bien personal y costumbrista. Un ejemplo es quiz\u00e1 la pedanter\u00eda de ciertos profesores que, mostr\u00e1ndose esc\u00e9pticos, se colocan \u201cpor encima\u201d de las m\u00e1s grandes inteligencias de la humanidad, Arist\u00f3teles y Hegel, cuyas demostraciones son de suyo irrefragables; ya se sabe que la mediocridad excreta siempre alg\u00fan caparaz\u00f3n blindante, alg\u00fan mecanismo de autodefensa contra toda injerencia desmediocrizante. Otro ejemplo ser\u00eda la adolescencia perpetua de quienes no tienen otra manera de \u201chacerse interesantes\u201d que la de mostrarse irreductiblemente dif\u00edciles de convencer. Pero todo eso es fr\u00edvolo y anecd\u00f3tico. Lo que s\u00ed merece atenci\u00f3n filos\u00f3fica (de filosof\u00eda pol\u00edtica, de filosof\u00eda de la historia) es el giro postmoderno que el liberalismo est\u00e1 hoy teniendo: su fingido pluralismo permite todo, menos que se demuestre. Quiere abolir en el mundo el estupendo proceso de racionalidad llamado filosof\u00eda, que consiste en distinguir demostrativamente entre convicciones verdaderas y convicciones falsas. Hoy se permite buscar la verdad con la condici\u00f3n de que nadie la encuentre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p><strong>(1)<\/strong>\u00a0J\u00fcrgen Habermas. El Discurso Filos\u00f3fico de la Modernidad. Traducci\u00f3n Manuel Jim\u00e9nez Redondo. Buenos Aires. Taurus, 1989, p. 253, n. 74.<\/p>\n<p><strong>(2)<\/strong>\u00a0Theodor Adorno. Zur Metakritik der Erkenninistheorie. Frankfurt, Suhrkamp, 1972, p. 221.<\/p>\n<p><strong>(3)<\/strong>\u00a0Ludwig Wittgenstein. Philosophische Untersuchungen; n\u00fam. 133, Frankfurt, Suhrkamp, 1975.<\/p>\n<p><strong>(4)<\/strong>\u00a0J\u00fcrgen Habermas. Pensamiento Postmetaf\u00edsico. Traducci\u00f3n Manuel Jim\u00e9nez Redondo. M\u00e9xico, Taurus, 1990, p. 26.<\/p>\n<p><strong>(5)<\/strong>\u00a0Richard Rorty. La Filosof\u00eda y el Espejo de la Naturaleza. Traducci\u00f3n Jes\u00fas Fern\u00e1ndez Zulaica. Madrid, C\u00e1tedra, 1983, p. 16.<\/p>\n<p><strong>(6)<\/strong>\u00a0Cf. Vittorio Hosle, Die Krisis der Gegenwart und die Verantwortung der Philosophie, M\u00fcnchen, Beck, 1990, p. 75 y ss<\/p>\n<p><strong>(7)<\/strong>\u00a0Cf. Christoff Jermann; citado por H\u00f6sle en Ibid, p.78, n. 55.<\/p>\n<p><strong>(8)<\/strong>\u00a0Apud Frannz Stark (ed): Revolution oder Reform?; M\u00fcnchen, K\u00f6sel, 1976, p. 39. En general, Popper sostiene que la decisi\u00f3n en favor del racionalismo es una resoluci\u00f3n irracional.<\/p>\n<p><strong>(9)<\/strong>\u00a0Ilans-Georg Gadamer. Wahrheit und Methode. T\u00fcbingen, Mohr, 1960, p. 280.<\/p>\n<p><strong>(10)<\/strong>\u00a0Cf. H\u00f6sle, op. cit., p. 84.<\/p>\n<p><strong>(11)<\/strong>\u00a0David Hume. Tratado de la Naturaleza Humana, libro 3, parte 3a, secci\u00f3n 1 (cualquier edici\u00f3n).<\/p>\n<p><strong>(12)<\/strong>\u00a0Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logicophilosophicus 6,54. Frankfurt, Suhrkamp, 1977.<\/p>\n<p><strong>(13)<\/strong>\u00a0Jacques Derrida. La Voz y el Fen\u00f3meno. Traducci\u00f3n Francisco Pe\u00f1al-Ver. Valencia, Pre-textos, 1985, p. 166. Las cursivas son de Derrida.<\/p>\n<p><strong>(14)<\/strong>\u00a0J\u00fcgen Habermas, op. cit., p. 254, n. 74<\/p>\n<p><strong>(15)<\/strong>\u00a0Michel Foucault. La Arqueolog\u00eda del Saber. Traducci\u00f3n Aurelio Garz\u00f3n. M\u00e9xico, Siglo XXI, 1987, p. 364; es decir, al final del libro, despu\u00e9s de haber espetado cuanto escepticismo quiso.<\/p>\n<p><strong>(16)<\/strong>\u00a0Theodor Adorno. M\u00ednima Moralia, n\u00fam. 44. Frankfurt, Suhrkamp, 1976.<\/p>\n<p><strong>(17)<\/strong>\u00a0John Rajchman y Cornel West (eds). Postanalytic Philosophy. Nueva York, Columbia U.P., 1985, p. XV.<\/p>\n<p><strong>(18)<\/strong>\u00a0Martin Heidegger. Sein und Zeit. T\u00fcbingen, Gadamer aprueba esa \u201crespuesta\u201d en op. cit. supra en nota (9). p. 327.<\/p>\n<p><strong>(19)<\/strong>\u00a0Richard Rorty, op. cit., p. 335.<\/p>\n<p><strong>(20)<\/strong>\u00a0Ibid; p. 336<\/p>\n<p><strong>(21)<\/strong>\u00a0Ibid; p. 349.<\/p>\n<p><strong>(22)<\/strong>\u00a0E.F. Taylor y J.A. Wheeler. Spacetime Physics. San Francisco. Freeman. 1996, p. 193.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[\/et_pb_toggle][et_pb_toggle admin_label=\u00bbConmutador\u00bb title=\u00bbIndigenismo Contra Derechos Humanos\u00bb open=\u00bboff\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb]<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Porfirio Miranda<\/strong><br \/>\nRevista La Jornada Semanal, No. 210; Junio 20, 1993; pp. 36-44.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La idea de la igualdad de los seres humanos es un producto t\u00edpico de la cultura occidental, al que se le opone el relativismo civilizatorio de una ideolog\u00eda como indigenismo.<\/p>\n<p>Empecemos asentando tres o cuatro hechos candentes e indignantes de nuestra realidad mexicana, para disipar por adelantado el peligro de abstracci\u00f3n que siempre acecha al fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 5\u00b0 de la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos, el cual proh\u00edbe la tortura, se viola en nuestro pa\u00eds con mucha frecuencia, si no es que habitualmente. Lo se\u00f1alan as\u00ed todos los organismos internacionales que se han abocado a investigar el caso. Y nuestras dependencias gubernamentales, como son juez y parte, no pueden pretender que se les de m\u00e1s cr\u00e9dito a ellas cuando desmienten esas imparciales denuncias internacionales.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 20, que reza \u201cNadie podr\u00e1 ser obligado a pertenecer a una asociaci\u00f3n\u201d, es violado permanentemente en detrimento de los obreros mexicanos, pues, o bien se les obliga a pertenecer a un sindicato cetemista o croquista, o bien, si ellos fundan su propio sindicato, no consiguen el registro oficial para el mismo si no se adhieren a la CTM o a la CROC.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 23, que afirma el derecho de toda persona a fundar sindicatos, es violado sistem\u00e1ticamente, pues como el contrato colectivo no tiene fuerza jur\u00eddica mientras el sindicato no est\u00e9 registrado, a las autoridades les basta negar el registro (lo cual hacen a discreci\u00f3n) para que el sindicato fundado por los obreros se vuelva una entidad inexistente.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 19, que consagra el derecho a la libre expresi\u00f3n y difusi\u00f3n de las propias opiniones, es violado sin excepciones en M\u00e9xico cuando se trata de una opini\u00f3n adversa al presidente de la Rep\u00fablica. Puede testificarlo cualquier columnista que lo haya intentado. El jefe de redacci\u00f3n le responde que no hablar del presidente es simplemente una \u201cregla del juego\u201d.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 26, que afirma el derecho de los padres a escoger el tipo de educaci\u00f3n que han de dar a sus hijos, es violado radicalmente en detrimento del 80 por ciento m\u00e1s pobre de los paterfamilias mexicanos, o sea en detrimento de los que no tienen recursos para pagar las colegiaturas de escuelas particulares. Esta violaci\u00f3n es bien sabida desde hace muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>El derecho de huelga es violado a discreci\u00f3n por las autoridades de nuestro pa\u00eds mediante el procedimiento de declarar legalmente inexistente una huelga, o bien mediante la requisa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Primera Parte<\/p>\n<p>Basten esos hechos innegables. Podr\u00edamos mencionar varios m\u00e1s. Aunque la Declaraci\u00f3n Universal data de hace casi medio siglo, M\u00e9xico y otros muchos pa\u00edses del Tercer Mundo todav\u00eda no le obedecen. Incluso varias de las violaciones mencionadas son piezas necesarias del sistema pol\u00edtico mexicano. Me parece simplemente objetivo el reconocer que la previsi\u00f3n en favor de los derechos humanos viene del mundo occidental. Los precedentes hist\u00f3ricos de esa declaraci\u00f3n de 1948 son: el Bill of Rights brit\u00e1nico (1689); la Declaraci\u00f3n de Independencia Norteamericana (1776), y la famosa Declaraci\u00f3n Francesa (agosto 26, 1789), para no hablar de autores como Victoria, Su\u00e1rez, Grotius, Lacke y Rousseau (1). Los derechos humanos son un invento occidental. Quienes afirman que todas las civilizaciones son igualmente valiosas, en primer lugar carecen de perspectiva hist\u00f3rica, y en segundo lugar se fundan en una suposici\u00f3n enteramente apriorista, la del hombre natural: como suponen que el hombre natural es bueno, todas las culturas producidas por el hombre tienen que ser buenas. Hablaremos de ello en la tercera parte.<\/p>\n<p>El antioccidentalismo no sabe el da\u00f1o que le puede hacer al mundo. Esa ideolog\u00eda, autodenominada \u201crelativismo civilizatorio\u201d, dice basarse en la igualdad de todos los hombres de todas las razas, \u00a1pero la civilizaci\u00f3n occidental fue la primera en proclamar la igualdad de todos los hombres de todas las razas!<\/p>\n<p>El resto del mundo no sab\u00eda que todos los hombres somos iguales; si hoy lo sabemos, es porque nos contagi\u00f3 esa convicci\u00f3n la civilizaci\u00f3n occidental. Es pueril arg\u00fcir en contra se\u00f1alando la conducta de algunos o muchos individuos occidentales. Ya se sabe que en toda civilizaci\u00f3n la conducta siempre va rezagada respecto de los criterios. Lo que conduce a la historia hacia adelante son los criterios e imperativos. Todos los grupos humanos provienen de la naturalidad, esto es, de la animalidad y el salvajismo; la historia ha venido arrancando al hombre de esa situaci\u00f3n progresivamente. No es de extra\u00f1ar que cuando en un grupo humano surgen criterios e imperativos verdaderamente civilizadores (es decir morales), \u00e9stos tarden en ser llevados a la pr\u00e1ctica en forma completa.<\/p>\n<p>Para tener una visi\u00f3n de conjunto, perm\u00edtaseme formular esta lista: los derechos humanos son un invento occidental; la democracia es invento occidental (en Atenas, cuatro quintos de la poblaci\u00f3n eran de esclavos); la igualdad de la mujer y el hombre es invento occidental; que es falso que deba haber amos y esclavos es invento occidental; que el car\u00e1cter bueno o malo de las acciones es algo objetivo y no depende de ninguna decisi\u00f3n de autoridad, es invento occidental; que nadie es culpable mientras no se lo demuestren ante el juez es invento occidental; que el poder judicial debe ser independiente del ejecutivo es invento occidental; la dignidad infinita de todas las personas es invento occidental; el estado de derecho (esto es, que no rijamos por las leyes estables y no dependamos de la decisi\u00f3n discrecional del gobernante), es invento occidental; la libertad de prensa es invento occidental; la libertad de profesi\u00f3n es invento occidental, al igual que la de asociaci\u00f3n, la de reuni\u00f3n, la de matrimonio, la de conciencia, la de residencia.<\/p>\n<p>Pues bien, por su misma esencia y aunque sus voceros no lo quisieran, el indigenismo tiende a persuadir a un pueblo de que su cultura aborigen es tan buena o mejor que la occidental y se basta a s\u00ed misma y no necesita de ese conjunto de cosas \u201cimportadas\u201d y \u201ceurocentristas\u201d.<\/p>\n<p>No pod\u00eda haberse inventado una ideolog\u00eda que cause m\u00e1s perjuicio a los ind\u00edgenas que el indigenismo. Por su misma gravitaci\u00f3n intr\u00ednseca es una ideolog\u00eda defensora del status quo y de la injusticia reinante, la cual impide que la presi\u00f3n externa en favor de los derechos humanos prevalezca. Y advi\u00e9rtase que en nuestro pa\u00eds el indigenismo no s\u00f3lo se predica entre los ind\u00edgenas; est\u00e1 presente en la literatura, en los reportajes y art\u00edculos de fondo, y en la educaci\u00f3n misma de la poblaci\u00f3n en general. As\u00ed lo demuestra el cuasi total abandono de la historia universal en las escuelas. Todos los reg\u00edmenes absolutistas han sido siempre muy nacionalistas: el nacionalismo los protege contra la \u201cinjerencia\u201d internacional, contra el avance mundial de los derechos humanos. El antioccidentalismo quiere crear un mundo en que no se pueda luchar por la justicia porque esa lucha equivaldr\u00eda a reconocer el principio t\u00edpicamente occidental, de que hay que realizar la justicia caiga quien caiga (fiat iustitia etiamsi ruat mundus).<\/p>\n<p>Esas resistencias llevan las de perder. Sostengo que nuestra \u00e9poca es estupenda. Para apreciar el avance consideremos primero lo que Hegel observaba hace todav\u00eda menos de dos siglos respecto a la idea de que todo ser humano est\u00e1 destinado a la libertad:<\/p>\n<p>Continentes enteros, \u00c1frica y Oriente, nunca tuvieron esa idea y todav\u00eda hoy no la tienen, los griegos y los romanos, Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles y a\u00fan los estoicos no la tuvieron; al contrario, s\u00f3lo sab\u00edan que el hombre es realmente libre dependiendo del nacimiento (como ciudadano ateniense, espartano, etc\u00e9tera) o por fortaleza de car\u00e1cter o por educaci\u00f3n o por filosof\u00eda (el sabio es libre a\u00fan como esclavo y en cadenas). Esa idea vino al mundo por medio del cristianismo, de acuerdo al cual el individuo como tal tiene valor infinito porque es objeto y fin del amor de Dios (2)\u2026<\/p>\n<p>En la actualidad, aparte de nuestra Am\u00e9rica Latina (que para Hegel obviamente ya lo estaba), se han incorporado a la certidumbre de que todo ser humano merece total respeto, Filipinas la mayor parte de \u00c1frica, y adem\u00e1s la India, que es un tercio de Asia; lo demuestran los movimientos pro derechos humanos. La conducta, como ya dijimos, siempre va retrasada; pero va. Lo que importa para el rumbo de la historia es el criterio cierto. Se trata de la verdadera moral, y a los pueblos les est\u00e1 importando un comino tanto el relativismo de los intelectuales como los inmorales criterios del capitalismo reinante, pues para el capitalismo lo que cuenta es la b\u00fasqueda del propio provecho, actitud claramente incompatible con el respeto a los derechos humanos del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>En la realidad, la idea de los derechos humanos tiene dos ra\u00edces hist\u00f3ricas \u00faltimas; por un lado, la filosof\u00eda de Plat\u00f3n, Arist\u00f3teles y los estoicos; por otro, el cristianismo. Lo que pasa es que esas dos aportaciones son de muy diverso car\u00e1cter.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n griega se puede resumir es esta tesis: la cualidad moral -buena o mala- de una acci\u00f3n no depende de lo que digan las leyes de cada pa\u00eds o los gobernantes, pues es algo objetivo, algo racionalmente demostrable. Esta aportaci\u00f3n se identifica con la esencia misma de la filosof\u00eda, pues \u00e9sta dice que la verdad se puede conocer y demostrar. Es obvio, por ejemplo, que cuando se afirma el car\u00e1cter objetivamente malo y abominable de la tortura, impl\u00edcitamente se sostiene que el hombre tiene derecho a no ser torturado y que ese derecho existe a pesar de todos los gobiernos y de todas las legislaciones positivas. La plena explicaci\u00f3n (defectuosamente llamada iusnaturalismo) s\u00f3lo lleg\u00f3 a florecer en estos \u00faltimos 500 a\u00f1os de historia occidental, aunque ya es posible encontrarla en Santo Tom\u00e1s (siglo XIII). La ilustraci\u00f3n del siglo XVIII la llev\u00f3 a su apogeo. Se puede decir que la aportaci\u00f3n griega es formal.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n del cristianismo se puede resumir en esta tesis: todos lo seres humanos, de cualquier raza, sexo o condici\u00f3n, tienen dignidad infinita. Esta aportaci\u00f3n no s\u00f3lo da a los derechos humanos la universalidad esencial de que carec\u00eda la aportaci\u00f3n griega como observa Hegel. Le da adem\u00e1s contenido, pues de la dignidad total de las personas se derivan l\u00f3gicamente todos los derechos humanos. Desde el momento en que se reconoce que toda persona tiene dignidad infinita la historia entera est\u00e1 destinada a cambiar. Ninguna otra civilizaci\u00f3n lo sab\u00eda.<\/p>\n<p>De todos modos, ambas aportaciones influyen definitivamente en las declaraciones de derechos inglesa, americana, francesa, y finalmente la universal de 1948. Ignorar la historia universal en la literatura, en los discursos, en los peri\u00f3dicos y en la ense\u00f1anza es crear un mundo orwelliano basado en omisiones y silencios que hacen desaparecer de la mente del pueblo los hechos, los personajes, las ideas, los derechos. Como si no existieran, como si nunca hubieran existido. As\u00ed trat\u00f3 de hacerlo Stalin. Es la mejor manera de mantener en el poder a un sistema pol\u00edtico. Los intelectuales se encargan de fabricar una historia manejable.<\/p>\n<p>El indigenismo no lo inventaron los ind\u00edgenas. Es cosa de intelectuales. El relativismo civilizatorio est\u00e1 l\u00f3gica e indisolublemente ligado al liberalismo, ya que \u00e9ste ha venido a convertirse en relativismo en general. El liberalismo no quiere verdades absolutas supuestamente porque le quitan a uno la libertad; pero como la tradici\u00f3n occidental se finca en verdades absolutas, al liberalismo no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que proclamarse relativista tambi\u00e9n en cuanto a civilizaciones. As\u00ed es como nace el indigenismo, el cual viene a ser un racismo al rev\u00e9s, un racismo consistente meramente en negaci\u00f3n: yo rechazo lo europeo \u00fanicamente porque no lo invent\u00f3 mi raza. Es dif\u00edcil imaginar una actitud m\u00e1s irracional y carente de objetividad. (De hecho, los liberales hacen trampa. Defienden algo occidental pero no quieren que se sepa que es occidental: democracia, libertad de prensa, igualdad de la mujer. Y lo defienden como absoluto, pero al mismo tiempo disimulan que es absoluto y que es occidental. Incluso los criterios con que estiman apreciables ciertos rasgos de las culturas ind\u00edgenas son occidentales, al igual que la heredada indiscutibilidad de los mismos).<\/p>\n<p>Afortunadamente el relativismo de los intelectuales no afecta a los pueblos de la Tierra, y a los organismos internacionales de la ONU tampoco, los cuales son los representantes de toda la poblaci\u00f3n del mundo. Por el contrario, la gran novedad de la \u00e9poca que estamos viviendo es la certidumbre con que todos los pueblos (con excepci\u00f3n del Extremo Oriente todav\u00eda) dan por sentado que los derechos humanos deben respetarse. En este sentido, que es fundamental para la historia humana, nuestra \u00e9poca es estupenda, y no veo c\u00f3mo puedan prescindir de ese contexto formidable los coloquios o encuentros que pretenden analizar hechos recientes (por ejemplo, el derrumbe del sistema sovi\u00e9tico).<\/p>\n<p>Contra este magn\u00edfico viraje de la historia se alzan dos diques reaccionarios. Uno, ideol\u00f3gico: relativismo, indigenismo, nacionalismo, etc\u00e9tera. Otro, seudolegal: soberan\u00eda y positivismo jur\u00eddico. Sobre este segundo necesitamos detenernos de manera muy especial, pues a este respecto la gran filosof\u00eda ha hecho una aportaci\u00f3n de trascendencia incalculable, y s\u00f3lo falta que los pueblos se enteren de ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Segunda Parte<\/p>\n<p>El principal error consiste en creer que la ley y la autoridad tienen validez independientemente de la moral. En cuanto a la moral, o bien los juristas en cuesti\u00f3n le asignan un terreno (la interioridad) muy diferente del que atienden la ley y la autoridad, o bien de plano la declaran subjetiva, es decir, niegan que existan obligaciones objetivamente v\u00e1lidas aparte de ser se\u00f1aladas por la ley del pa\u00eds y las disposiciones gubernamentales. Con ello est\u00e1n diciendo que el hombre no tiene m\u00e1s derechos que los que la ley del pa\u00eds y el gobierno le reconozcan, pues la palabra derecho s\u00f3lo puede traducirse en t\u00e9rminos de obligaci\u00f3n (de los dem\u00e1s), o sea, el \u00fanico significado, por ejemplo, de \u201cEl hombre tiene derecho a la vida\u201d es \u201cLas instituciones y los dem\u00e1s hombres tienen obligaci\u00f3n de respetar la vida de cada hombre\u201d. La soberan\u00eda se hace residir en ello: aqu\u00ed no mandan m\u00e1s que la ley del pa\u00eds y el gobierno de que procede conforme a ella. El lector comprende por qu\u00e9 he hablado de un dique, de un dique que se alza contra el actual oleaje mundial de los derechos humanos. Evidentemente, de nada sirve responder que los gobernantes y legisladores pueden reconocer esas exigencias occidentales y convertirlas en la ley del pa\u00eds, pues de esa manera queda precisamente al arbitrio de las autoridades locales el decidir qu\u00e9 derechos tiene el hombre y qu\u00e9 derechos no tiene. El quid de la tradici\u00f3n occidental y de la Declaraci\u00f3n Universal es que los tiene por el hecho mismo de ser hombre, independientemente de si alg\u00fan legislador o gobernante se los reconoce o no se los reconoce.<\/p>\n<p>La filosof\u00eda que verdaderamente respete al hombre tiene que negar toda diferencia entre la ley y la moral, tiene que afirmar que una ley no es ley si no es moral, que la autoridad no es autoridad si el contenido de sus decretos no coincide con lo que la moral misma en esas circunstancias manda. De ah\u00ed se sigue que no tienen validez ni obligatoriedad las leyes y gobiernos cuando se oponen al avance mundial de los derechos humanos.<\/p>\n<p>Procedamos con m\u00e9todo y rigor. Primero refutemos a las dos diferencias superficiales que suelen se\u00f1alarse entre la ley y la moral, y despu\u00e9s vayamos al fondo del asunto.<\/p>\n<p>La primera diferencia, a saber, que la moral atiende a lo interior y la ley a lo exterior, es falsa por ambos lados. As\u00ed, la moral proh\u00edbe el homicidio, y cuando alguien ha despojado a otra persona la moral manda restituci\u00f3n, de ninguna manera basta el arrepentimiento. Homicidio y restituci\u00f3n son actos exteriores, si los hay.<\/p>\n<p>Por su parte, para las leyes penales la interioridad del acusado es factor decisivo: si el homicida est\u00e1 loco, no hay delito; pero la locura o no locura es interioridad. Otro ejemplo: todos los c\u00f3digos penales distinguen hoy entre da\u00f1o doloso y da\u00f1o culposo, o sea entre un perjuicio causado con intenci\u00f3n de da\u00f1ar y un perjuicio causado por negligencia y descuido. El delito es completamente distinto y la pena tambi\u00e9n; pero la intenci\u00f3n maligna o la negligencia son realidades interiores. Un ejemplo m\u00e1s: en el delito llamado fraude, lo decisivo es averiguar si la v\u00edctima fue efectivamente enga\u00f1ada por la maniobra del estafador o por propia imprudencia y tonter\u00eda, y en cuanto al acusado, lo decisivo para el juez es averiguar si hubo intenci\u00f3n de hacer caer al otro en la trampa. Ning\u00fan dato exterior tiene significaci\u00f3n un\u00edvoca, pues el mismo hecho puede llamar a enga\u00f1o a ciertos individuos en ciertas circunstancias y a otros individuos no llamarlos a enga\u00f1o; por tanto, no es el hecho exterior lo que orienta al juez en estos casos, sino precisamente el interior, ya que \u00e9ste puede a veces ir acompa\u00f1ado de ciertos hechos exteriores y a veces de otros muy diferentes. El penalista Jim\u00e9nez Huerta reconoce: \u201cLos enga\u00f1os no pueden medirse objetivamente, pues proyect\u00e1ndose sobre la inteligencia de la v\u00edctima forzosamente han de influir en su eficiencia las subjetivas peculiaridades psicol\u00f3gicas de la persona enga\u00f1ada\u201d (3).<\/p>\n<p>No solamente las leyes penales. Para la ley civil y para la mercantil la intenci\u00f3n del agente tambi\u00e9n es decisiva. Por ejemplo, un testamento es inv\u00e1lido si el testador no tuvo intenci\u00f3n de testar. o bien, todos los c\u00f3digos civiles invalidan un contrato cuando alguna de las partes sufri\u00f3 \u201cerror sobre el motivo determinante de la voluntad\u201d. Y el error invalidante puede tambi\u00e9n versar sobre la naturaleza del contrato: por ejemplo, si alguien firm\u00f3 un contrato de compra-venta creyendo que era de arrendamiento. Pero el error, el equivocado \u201ccreer\u201d son hechos interiores por excelencia. No s\u00e9 c\u00f3mo pudo alguien alguna vez sostener que el orden legal y jur\u00eddico no atienden a lo interior. Un \u00faltimo ejemplo: cuando el juez tiene que decidir con cu\u00e1l de los c\u00f3nyuges divorciados han de vivir los hijos, lo que m\u00e1s le importa es la personalidad interior; el abogado del padre lo que tiene que demostrar es la inestabilidad ps\u00edquica de la madre o su interna viciosidad; los hechos exteriores s\u00f3lo fungen como indicios, s\u00edntomas o medios probatorios: lo decisivo es lo interior.<\/p>\n<p>No se pase por alto que la tesis que estamos criticando es una proposici\u00f3n negativa universal; de acuerdo con la l\u00f3gica basta un solo caso afirmativo singular para demostrar que es falsa y no se hable m\u00e1s del asunto.<\/p>\n<p>Igualmente falsa, y tambi\u00e9n por ambos lados (siendo as\u00ed que bastar\u00eda uno para refutarla), es la segunda diferencia, la que hacen consistir en que la ley es esencialmente coactiva mientras la moral no lo es. Podemos empezar esgrimiendo un argumento muy directo: en \u00faltimo an\u00e1lisis la coactividad de las leyes se reduce a que es moralmente l\u00edcito usar compulsi\u00f3n f\u00edsica para hacerlas cumplir.<\/p>\n<p>En efecto, a\u00fan en los pa\u00edses m\u00e1s reglamentados se da el caso de que el delincuente es m\u00e1s fuerte, m\u00e1s astuto o m\u00e1s numeroso que los recursos gubernamentales y en resumidas cuentas queda impune, baste mencionar los atracos nocturnos o bien los hurtos instant\u00e1neos de los carteristas a cualquier hora: el m\u00e1s elemental realismo que nos dice que muchos de esos delitos quedan impunes. Incluso hay soci\u00f3logos seg\u00fan los cuales la mayor\u00eda de los delitos efectivamente quedan impunes. Entonces, \u00bfen qu\u00e9 consiste realmente la coactividad de las leyes que los proh\u00edben conminando penas? Claro que no en algo f\u00edsico, pues el problema est\u00e1 precisamente en que el gobierno y sus agentes no hacen f\u00edsicamente nada contra los delincuentes; f\u00edsicamente no imponen penas. Por consiguiente, la coactividad se reduce a esto: al gobierno le ser\u00eda moralmente l\u00edcito emplear la fuerza si pudiera. La coactividad del orden jur\u00eddico consiste en que la ley dice que tales y tales acciones merecen castigo. Pero eso tambi\u00e9n lo dice la moral, y el resultado es que no hay diferencia entre la moral y la ley por lo que a coactividad respecta.<\/p>\n<p>Hay un caso particular muy notorio: el derecho de leg\u00edtima defensa. Advi\u00e9rtase que ese derecho, el legal, pertenece al orden de leyes, los tratadistas mismos que estamos criticando reconocen que no pertenece solamente a la esfera moral. Muchas legislaciones explicitan ese derecho, y en los otros pa\u00edses los tribunales y su jurisprudencia lo hacen constar, de suerte que en todas partes tiene fuerza de ley. Ahora bien, el agredido posee ese derecho aunque el agresor lo tenga despojado de toda posibilidad efectiva de defenderse. En ese caso tenemos un derecho legal sin coactividad real de ninguna especie. Si el te\u00f3rico en ese momento le niega ese derecho al agredido por la circunstancia misma de que est\u00e1 siendo atacado en forma plenamente eficaz, lo que est\u00e1 diciendo es que la fuerza, lejos de ser inherente a la ley, suprime la ley. Y si el te\u00f3rico, por el contrario, reconoce que en el caso descrito el derecho legal de autodefensa subsiste, as\u00ed reconoce que la ley no es efectivamente coactiva y que por tanto no se distingue de la moral. El derecho de leg\u00edtima defensa consiste exclusivamente en que al agredido le es moralmente l\u00edcito emplear la fuerza si puede.<\/p>\n<p>Los argumentos que acabamos de exponer refutan la primera parte de la tesis que dice que la ley se distingue de la moral en que la ley es coactiva y la moral no. Pero a\u00f1adamos todav\u00eda dos casos en que la ley necesariamente carece de coactividad. N\u00f3tese que en los c\u00f3digos que realmente existen hay leyes que, por olvido del legislador, carecen de sanci\u00f3n, pero el te\u00f3rico positivista me responder\u00eda garbosamente que esos enunciados no son leyes y sanseacab\u00f3. Los dos casos que ahora presento no tienen nada que ver con eso; se trata de delitos que, por la l\u00f3gica misma de las cosas, necesariamente tienen que quedar sin sanci\u00f3n.<\/p>\n<p>El delito de no denunciar al delincuente tiene que quedar impune en \u00faltima instancia, porque suponer lo contrario ser\u00eda incurrir en processus in indefinitum. En el primer eslab\u00f3n de la cadena el c\u00f3digo anexiona pena (por ejemplo el de la Ciudad de M\u00e9xico, art\u00edculo 400, fracci\u00f3n 1a), pero \u00bfy el delito de no denunciar a alguien que ha cometido el delito de no denunciar? Ese tiene que quedar finalmente sin sanci\u00f3n, pues de lo contrario habr\u00eda que sancionar a quien no denuncia a alguien que est\u00e1 cometiendo el delito de no denunciar a cierta persona que comete el delito de no denunciar, etc\u00e9tera. Forzosamente tiene que quedar sin sanci\u00f3n un delito, por tanto es falso que la ley esencialmente lleve sanci\u00f3n.<\/p>\n<p>El otro caso es est\u00e9: la ley no puede anexar sanci\u00f3n efectiva contra el supremo gobernante que delinca y se resiste a las sanciones que marca la ley. El orden legal tendr\u00eda que crear otra instancia autorizada a usar mayor fuerza que la que le concede al supremo gobernante, y entonces esa instancia ser\u00eda la que podr\u00eda resistirse contra las sanciones que la ley estipule contra ella si delinque; y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>Si garbosamente se nos responde que esos preceptos no son la ley sino moral, la tesis que estamos impugnando ha perdido la partida, pues resulta que el orden legal necesariamente contiene preceptos morales y por tanto es falso que la ley se distinga de la moral.<\/p>\n<p>Ahora demostremos que es falsa la segunda parte, la que en universal niega que la moral tiene sanci\u00f3n. La tiene y tanta, que ello nos har\u00e1 desembocar en el tema de fondo, que es: el orden legal necesariamente se basa en el orden moral y s\u00f3lo posee significado si posee significado moral.<\/p>\n<p>Cualquiera que reflexione un poco sabe que al mentiroso se le sanciona con el desprecio colectivo de todo lo que dice y de su persona misma; que al cruel se le sanciona con evitaci\u00f3n, si es posible total, y con muestras de horror que acaban siendo boicot; que al timador y tramposo se le excluye de toda participaci\u00f3n en los negocios; que al que no mira m\u00e1s que a su propio inter\u00e9s se le excluye de cargos directivos de elecci\u00f3n popular, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Los esc\u00e9pticos y superficiales dir\u00e1n que esas sanciones no son plenamente eficaces. Lo primero que les respondo es que las sanciones de la ley tampoco lo son. Lo segundo que les respondo es que la tesis de que los preceptos morales no llevan sanci\u00f3n adjunta es una proposici\u00f3n negativa universal, y para refutarla basta la existencia de alguna sanci\u00f3n asociada a alguna norma moral; no necesito demostrar que todos los preceptos morales llevan sanci\u00f3n adjunta, ni tampoco que tal sanci\u00f3n es plenamente eficaz. Y lo tercero que les respondo es lo m\u00e1s importante: quien considere las cosas con detenimiento se convencer\u00e1 de que en realidad el orden social se mantiene mucho m\u00e1s por las sanciones que no est\u00e1n previstas en el ordenamiento legal positivo que por las sanciones previstas en \u00e9l.<\/p>\n<p>Por lo que ata\u00f1e a sociedades menos desarrolladas que las nuestras citemos al antrop\u00f3logo Ino Rossi:<\/p>\n<p>Radcliffe-Brown se\u00f1ala que en muchas sociedades primitivas no hay tribunales ni jueces ni una autoridad pol\u00edtica central formalmente organizada, y sin embargo, la gente posee en sentido de lo que es crimen y la noci\u00f3n de delitos p\u00fablicos y privados. Cuando no existe autoridad pol\u00edtica para aplicar sanciones organizadas (ley), existen grupos privados y asociaciones que aplican sanciones organizadas. M\u00e1s a\u00fan, existe una serie de mecanismos no organizados como son el ostracismo, incendio de casa, venganza de sangre, acusaci\u00f3n de brujer\u00eda y hechizo, y sanciones rituales, que, sin ser impuestos por autoridades oficiales, son medios efectivos de control social (4).<\/p>\n<p>Por lo que hace a las sociedades desarrolladas, Laura Nader y Harry Todd Jr. resumen las investigaciones de Macauley y Sutherland, en las que se describe.<\/p>\n<p>la evitaci\u00f3n de la ley como un medio de formar y mantener buenas relaciones de negocios; en sus transacciones con otros hombres de negocios los hombres de negocios prefieren no usar contratos, e incluso prefieren no echar mano de la ley en los casos de actividad de negocios criminal (5).<\/p>\n<p>La raz\u00f3n es muy obvia: la p\u00e9rdida de prestigio del gremio empresarial, el rompimiento de todo trato con el trasgresor, la denegaci\u00f3n de cr\u00e9dito y de suministros, son para un empresario sanciones infinitamente m\u00e1s ruinosas que las que marca la ley. En los siglos XVI al XVIII en Europa, cuando se form\u00f3 el capitalismo, las letras de cambio y los pagar\u00e9s eran simplemente cuesti\u00f3n de honor, del prestigio del comerciante emisor, de lo desastroso que ser\u00eda para \u00e9l perder ese prestigio; pero a\u00fan hoy mismo, sin la confianza en el compromiso oral, los sistemas capitalistas nacionales se paralizar\u00edan. Las relaciones entre capitalistas no pueden hacerse depender del sistema legal y judicial: un proceso judicial es largo y hay apelaciones, cuando termine ya quebr\u00f3 mi negocio o ya perd\u00ed completamente la oportunidad de la operaci\u00f3n audaz que traigo en mente; yo necesito seguridad, pero de otra \u00edndole: la palabra dada.<\/p>\n<p>Y prescindiendo del mundillo empresarial, en nuestras ciudades peque\u00f1as y en los barrios bien cohesionados de las grandes urbes, las sanciones no legales pueden hacerle la vida imposible a cualquiera: la \u201cley del hielo\u201d en primer lugar, pero adem\u00e1s el cartero \u201cpor pura coincidencia\u201d pierde mis cartas, para m\u00ed siempre est\u00e1 ocupado el plomero, al lechero se le olvida mi casa, el abarrotero no surte el pedido, en la escuela mis hijos reciben insultos y las zacapelas son continuas, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Los hechos refutan la tesis de que la moral no puede tener sanciones eficaces, pero lo principal es esto: la reprobaci\u00f3n colectiva con la que sanciona a la trasgresi\u00f3n moral es el principal sost\u00e9n del orden social. Sencillamente no habr\u00eda fuerza ni gendarmes suficientes si una buena ma\u00f1ana la poblaci\u00f3n entera decidiera desobedecer a la ley. Como dijo Napole\u00f3n, las bayonetas buenas para muchas cosas, mas no para sentarse en ellas: ning\u00fan gobierno se mantendr\u00eda en existencia si principalmente dependiera de la fuerza. Dig\u00e1moslo con palabras de Hegel: \u201cLa imaginaci\u00f3n a menudo se figura que el Estado se mantiene unido gracias a la fuerza, pero lo que lo sostiene es el sentido fundamental de orden que todos tienen\u201d (6).<\/p>\n<p>Vengamos al punto crucial quienes niegan la validez objetiva de la moral no tienen derecho de usar la palabra ley ni la palabra autoridad. Los enunciados de sus c\u00f3digos y de sus decretos son dato sensible, pero no es dato sensible que tales enunciados sean ley, no es dato sensible que sean obligatorios. Son imperativos condicionados, o sea informaciones \u00fatiles: si haces esto o esto vas a la c\u00e1rcel. Pero eso significa que otro comportamiento es conveniente; no significa que es obligatorio. El orden institucional que tales enunciados constituyen dispone la fuerza, eso s\u00ed es emp\u00edricamente comprobable: me pueden hacer prisionero, me pueden quitar mi sueldo y mi casa; pero de igual fuerza f\u00edsica dispondr\u00eda un ejercito de v\u00e1ndalos que se hubiera apoderado del pa\u00eds por violencia. Yo estar\u00eda forzado a conducirme como esa gavilla de forajidos decidiera, pero forzado no es lo mismo que obligado. Para oponerse al avance mundial de la moral (derechos humanos), los soberanistas evidentemente no quieren decir que lo hacen en nombre de la fuerza bruta, sino en nombre de algo respetable, de algo v\u00e1lido, de algo obligatorio. Si su resistencia contra la penetraci\u00f3n de los imperativos morales occidentales fuera un mero \u201cYo soy el que tiene los rifles\u201d, ni siquiera discutir\u00edan ni dar\u00edan razones. Resisten en nombre de la ley, pero entonces la palabra ley no puede significar fuerza.<\/p>\n<p>La ley tiene que significar obligaci\u00f3n moral. De lo contrario significa fuerza. S\u00f3lo que entonces ya no pueden oponerse en nombre de la ley a las exigencias morales expresadas por los derechos humanos ni declararlas cosa subjetiva.<\/p>\n<p>Obviamente, tampoco pueden hacerlo en nombre de la soberan\u00eda del Estado, pues el estado consiste en leyes: que el que tiene autoridad es fulano, significa que fue conforme a las leyes el proceso por el que se lleg\u00f3 a su designaci\u00f3n. Si las leyes no tienen significaci\u00f3n moral, el seudoestado constituido por ellas es un andamiaje de fuerzas, y el gobierno correspondiente es una banda de facinerosos, no una autoridad. S\u00f3lo si se presupone que es moralmente obligatorio obedecer a las leyes pueden \u00e9stas ser llamadas leyes y deberes; su car\u00e1cter de ley emana de ese principio moral.<\/p>\n<p>Esto siempre ha sido verdad, no s\u00f3lo en la actual coyuntura. Impl\u00edcita o reflexivamente los juristas y los gobernantes siempre han tenido en cuenta que, como dijimos, el Estado no se mantiene en existencia gracias a la fuerza sino gracias a la moral. Por eso, cuando dicen ley necesitan que se entienda que eso no es fuerza sino obligaci\u00f3n, deber; lo mismo cuando usan la palabra autoridad. Y es que no hay modo alguno de conferirle significado a la palabra ley si se prescinde del imperativo moral, porque los datos emp\u00edricos testifican, si mucho, que ah\u00ed hay un librillo con determinado tipo de enunciados seg\u00fan los cuales cierta conducta ser\u00e1 sucedida por ciertos azotes o encarcelamientos, pero de esos datos emp\u00edricos no surge por nada del mundo el contenido de la idea de ley, que entra\u00f1a deber, obligaci\u00f3n. El positivismo jur\u00eddico, al negar que existan imperativos absolutos independientemente de la ley, se vuelve incapaz de darle alg\u00fan significado a la palabra ley.<\/p>\n<p>Enti\u00e9ndase bien que tampoco el voto mayoritario y la forma republicana pueden hacer que la ley o el decreto gubernamental signifiquen obligaci\u00f3n. Nadie da lo que no tiene. Si nos ponemos a emplear la fuerza, probablemente la mayor\u00eda podr\u00eda constre\u00f1ir a la minor\u00eda y a los individuos a observar determinada conducta; entre constricci\u00f3n y obligaci\u00f3n, empero, hay toda la distancia que hemos se\u00f1alado. Si es obligatorio acatar la decisi\u00f3n de la mayor\u00eda (cuando no manda algo inmoral), es porque se presupone el principio moral de que el no obsecundarla acarrear\u00eda mayores males que toda persona responsable est\u00e1 obligada a procurar que no acaezcan: de ese principio emana la obligatoriedad, no del voto mayoritario mismo. Por s\u00ed mismo \u00e9ste no genera obligaci\u00f3n ni en la minor\u00eda ni en nadie. La mayor\u00eda se ha equivocado muchas veces. Hitler fue electo por mayor\u00eda. Si la mayor\u00eda elige como gobernante a alguien, no por eso los decretos de ese gobernante tienen car\u00e1cter obligatorio. La existencia misma del Estado, sea cual sea su forma de gobierno, s\u00f3lo se justifica si el Estado es realizaci\u00f3n del respeto a los derechos humanos. Por consiguiente, ning\u00fan Estado puede fundadamente poner el grito en el cielo exclamando \u00a1injerencia! cuando la corriente mundial le exige cada vez m\u00e1s respeto a los derechos humanos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tercera Parte<\/p>\n<p>Nos hemos ocupado largamente del legalismo soberano porque es el aliado fuerte y oficial (el brazo armado) del indigenismo y del relativismo civilizatorio en el empe\u00f1o de impedir el avance de los derecho humanos. Es hora de volver directamente a estas ideolog\u00edas y poner al descubierto la suposici\u00f3n, desgraciadamente muy generalizada, pero profundamente falsa, de la cual parten: como suponen que el hombre natural es bueno, todas las culturas producidas por el hombre tienen que ser buenas.<\/p>\n<p>Entre lo bello y lo bueno hay mucha distancia, pero quiz\u00e1 conviene empezar se\u00f1alando, como mera comparaci\u00f3n inadecuada, que un relativismo semejante al de la esfera \u00e9tica se ha vuelto tambi\u00e9n epid\u00e9mico en la esfera est\u00e9tica. Es la absoluta desorientaci\u00f3n de los intelectuales cuando se ponen en clave pedante: por miedo de que me llamen \u201ccerrado\u201d tengo que encontrar bonito todo (aun la m\u00e1s obvias mamarrachadas). En un excepcional momento de honradez dijo Teodoro Adorno:<\/p>\n<p>El que todo lo encuentra bello est\u00e1 ahora en peligro de no encontrar bello nada [&#8230;] La benevolencia ilimitada se convierte en convalidaci\u00f3n de todo lo malo que existe [&#8230;] El concepto de vida, en su abstracci\u00f3n, al cual se recurre en estos casos, no se puede separar de lo opresor, de lo despiadado, de lo propiamente letal y destructivo (7).<\/p>\n<p>Ese fingido pluralismo encuentra que todo es pluralismo, encuentra que todo es expresi\u00f3n de lo vital y por eso todo le parece bello. Por la misma raz\u00f3n todo lo \u201cnatural\u201d tiene que ser bueno. Desde luego, ese biologismo no sabe definir el concepto de vida, lo cual es el colmo cuando se alaba todo por ser vida; pero sobre eso volveremos pronto. Antes atendamos el argumento de Adorno: tambi\u00e9n la hiena y la serpiente son vida, tambi\u00e9n la agresi\u00f3n cruel y destructora es un acto vital, tambi\u00e9n el torturador y el asesino manifiestan, con esas acciones, estar vivos. La cita de Adorno nos traslada ya a lo \u00e9tico. El romanticismo \u201cvital\u201d que todo lo justifica si es vida, est\u00e1 justificando aun los actos destructores de la vida, y dando as\u00ed muestras de una indisciplina mental verdaderamente calamitosa.<\/p>\n<p>Nietzsche s\u00ed lleg\u00f3 a las \u00faltimas consecuencias, pero a eso mismo deber\u00edan llegar nuestros relativistas si fueran l\u00f3gicos:<\/p>\n<p>En estos tiempos de ahora en que el sufrimiento aparece siempre el primero en la lista de los argumentos contra la existencia, como el peor signo de interrogaci\u00f3n de \u00e9sta, es bueno recordar las \u00e9pocas en que se juzgaba de manera opuesta, pues no se pod\u00eda prescindir de hacer sufrir y se ve\u00eda en ello un atractivo de primer rango que seduc\u00eda a vivir [&#8230;] (8).<\/p>\n<p>Hablar en s\u00ed de lo justo y de lo injusto es algo que carece de todo sentido; en s\u00ed, ofender, violentar, despojar, aniquilar no se puede ser naturalmente injusto, desde el momento en que la vida act\u00faa esencialmente, es decir, en sus funciones b\u00e1sicas, ofendiendo, violando, despojando, aniquilando, y no se la puede pensar en absoluto sin ese car\u00e1cter (9).<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n occidental, la de los derechos humanos, \u201chabla en s\u00ed de lo justo y de lo injusto\u201d. Nietzsche rechaza eso en nombre de la vida. Nuestros relativistas civilizatorios tambi\u00e9n: no pueden aceptar la superioridad de lo occidental porque todas las culturas les parecen manifestaciones de la vida. As\u00ed apoyan y convalidan todo lo malo que existe. Pero hay una diferencia: Nietzsche abraza lo destructivo y aniquilador a ciencia y conciencia, mientras la \u201capertura\u201d completa de nuestros relativistas es simplemente el vac\u00edo. Es la actitud del bembo: est\u00e1 \u201cabierto\u201d a todo porque \u00e9l mismo no tiene nada que decir.<\/p>\n<p>Si tomamos en serio su incesante recurso a la vida, resulta que no saben de qu\u00e9 est\u00e1n hablando. Pero hag\u00e1moslo, pues la gran filosof\u00eda s\u00ed tiene algo que decir al respecto. La vida s\u00f3lo puede definirse como autodeterminaci\u00f3n, esto es, libre albedr\u00edo, y he aqu\u00ed que s\u00f3lo es plenamente autodeterminado el genuino acto moral, el que por atender a la diferencia entre lo justo y lo injusto se sobrepone a los impulsos naturales que lo heterodeterminan, pues esos impulsos no los puso el yo mismo, sino que fueron puestos ah\u00ed sin consultarle. Por datos emp\u00edricos es imposible definir la vida; lo reconocen los bi\u00f3logos Baker y Alleen en nombre de todo el gremio: \u201cNo hay una l\u00ednea definida que distinga entre lo vivo y no vivo\u201d (10).<\/p>\n<p>Los esfuerzos de definici\u00f3n emp\u00edrica manejan como caracter\u00edsticas de lo vivo la nutrici\u00f3n, el crecimiento y la reproducci\u00f3n; y como tratan de entenderlas emp\u00edricamente, la nutrici\u00f3n y el crecimiento vienen a ser casi lo mismo: traslado local de materia externa hasta el bulto o cuerpo que se estudia. Sin embargo ese crecimiento y nutrici\u00f3n se observa tambi\u00e9n en los cristales, los cuales no son seres vivos, y tambi\u00e9n en la flama o lumbre, que tampoco es viviente; de suerte que esas caracter\u00edsticas no sirven como definici\u00f3n. La reproducci\u00f3n tiene dificultades por ambos lados: por una parte, el buey no ser\u00eda viviente, ni las abejas trabajadoras tampoco, ni los eunucos humanos, ni los imp\u00faberes; y por otra parte, la lumbre no s\u00f3lo se alimenta de elementos exteriores y crece, sino tambi\u00e9n produce otras lumbres semejantes y en ese sentido se produce.<\/p>\n<p>Ahora bien, si los datos emp\u00edricos no permiten formar el concepto de vida, el origen de ese concepto tuvo que ser la introspecci\u00f3n. Pero por introspecci\u00f3n lo que intuimos es la autodeterminaci\u00f3n del esp\u00edritu en sus actos verdaderamente libres, que son los morales; ese es el contenido y significado original de la palabra vida. A otras cosas las llamamos vivas s\u00f3lo en sentido derivado, deficiente y traslaticio. Como dice Hegel, \u201csu propia autoconciencia es la que el hombre hace ah\u00ed objetiva para s\u00ed\u201d (11).<\/p>\n<p>Resulta que quienes en nombre de la vida quer\u00edan desvalorar y relativizar el imperativo moral absoluto, si se exigen un poco de rigor mental, encuentran que la vida, en su \u00fanico sentido cognoscible, dependen precisamente de que la interprete el imperativo moral absoluto.<\/p>\n<p>Pero en fin, la creencia en que el hombre natural es bueno no tiene necesariamente que usar la palabra vida. enfoqu\u00e9mosla en s\u00ed misma. A mi parecer deber\u00eda bastar la observaci\u00f3n obvia de que es una creencia t\u00edpicamente apriorista: no necesita examinar los hechos reales porque ella ya de antemano sabe que por naturaleza el hombre es bueno. Sin embargo, Rousseau, el popularizador original de ese prejuicio, cuando se dign\u00f3 examinar los hechos encontr\u00f3 algo muy diferente:<\/p>\n<p>He visto a ni\u00f1eras imprudentes que atizan la c\u00f3lera de las criaturas, las excitan a que peguen, se dejan pegar y se r\u00eden de sus d\u00e9biles golpes, sin hacerse cargo de que en la intenci\u00f3n del ni\u00f1o furioso eran otras tantas heridas de muerte, y que el que quiere pegar cuando chico, querr\u00e1 matar cuando sea mayor (12).<\/p>\n<p>Y en el mismo libro segundo encontramos esta frase contundente: \u201cTodos los salvajes son crueles\u201d.<\/p>\n<p>La \u00fanica definici\u00f3n posible de \u201cnatural\u201d es: lo que no ha sido modificado por la educaci\u00f3n, la sociedad y la cultura. Cualquier observador que no idealice sabe que de por s\u00ed, o sea, de acuerdo a sus tendencias naturales, el ni\u00f1o es un ego\u00edsta rematado, un bicho capaz de todas las crueldades que sus fuerzas le permitan, las cuales afortunadamente no son grandes. Hobbes describe al hombre salvaje como \u201cni\u00f1o robusto\u201d. Y Freud encontr\u00f3 que el ni\u00f1o es \u201cun criminal polimorfo universal\u201d. Y Nietzsche, como vimos, sabe con toda precisi\u00f3n qu\u00e9 es lo natural: \u201cofender, violar, despojar, aniquilar\u201d. Lo natural es la jungla, el devorarse los unos a los otros.<\/p>\n<p>Es la cultura la que hace bueno al hombre, no la natura. Pero de ah\u00ed se sigue que no todas las culturas valen lo mismo. Es absurdo equipar una cuyos criterio e imperativos exigen respeto a la dignidad infinita de todas las personas con una cuya religi\u00f3n ten\u00eda como centro la exigencia de sacrificios humanos. En toda cultura, claro est\u00e1, hay un minimum de moral, en eso tiene raz\u00f3n LeviStrauss; de lo contrario no estar\u00edamos hablando de hombres sino de animales; lo que hace hombre al hombre es el imperativo moral: Pero no tiene nada de raro que en los criterios e instituciones de unos grupos humanos quedaran m\u00e1s residuos y sedimentos de la animalidad original que en los criterios e instituciones de otros grupos humanos. Y es irracional negar a priori la posibilidad de que una cultura haya logrado eliminar de sus criterios e instituciones la inmisericordia animal m\u00e1s que las otras culturas. La conducta siempre va detr\u00e1s; nada m\u00e1s esperable; lo promisorio, lo importante para el curso de la historia son los imperativos y criterios institucionales.<\/p>\n<p>Lo decisivo es que el hombre natural no existe. Si es natural es animal, no hombre. No se trata \u00fanicamente de lo que dicen los te\u00f3logos, a saber, que de hecho el hombre nunca estuvo ni est\u00e1 en estado de naturaleza. Se trata de que la expresi\u00f3n \u201chombre natural\u201d es intr\u00ednsecamente contradictoria y de que, cuando Hobbes y Locke y Rousseau hablaban de un estado de naturaleza, anterior a la fundaci\u00f3n de la sociedad y del Estado, ignoraban por completo lo que es el hombre. El hombre se distingue del animal por la autoconciencia, es decir, porque cae en la cuenta de s\u00ed mismo; pero eso no podr\u00eda adquirirlo si la sociedad (por medio de la madre, por ejemplo) no lo interpelara responsabiliz\u00e1ndolo; \u201csin un t\u00fa el yo es imposible\u201d (13).<\/p>\n<p>Dice Hegel: \u201cEl ni\u00f1o s\u00f3lo de suyo es esp\u00edritu, no es todav\u00eda esp\u00edritu realizado, no es real como esp\u00edritu; tiene s\u00f3lo la capacidad, la potencia de ser esp\u00edritu, de llegar a ser real como esp\u00edritu\u201d (14). Y el antrop\u00f3logo ateo Leslie White dice as\u00ed: \u201cEs el s\u00edmbolo el que transforma un infante de Homo Sapiens en un ser humano; los sordomudos que crecen sin el uso de s\u00edmbolos no son seres humanos\u201d (15). \u201cUn beb\u00e9 se torna humano cuando comienza a usar s\u00edmbolos\u201d (16). El testimonio de la antropolog\u00eda de nuestro siglo es fehaciente, le falta entender que el uso de s\u00edmbolos ya es consecuencia de la adquirida conciencia de uno-mismo. Compr\u00e9ndase cu\u00e1l es la l\u00ednea divisoria: aquel manzano existe pero no sabe que existe, este mi perro existe pero no sabe que existe, lo que distingue al hombre es la autoconciencia (tener un yo), que es lo mismo que el esp\u00edritu; y no se trata, por cierto, de una entidad que primero exista y despu\u00e9s caiga en la cuenta de que existe, sino que su existir consiste en caer en la cuenta; como dijo Arist\u00f3teles, \u201cla mente no es de hecho nada antes que piense\u201d (17).<\/p>\n<p>Los antrop\u00f3logos y paleont\u00f3logos de nuestro siglo han descubierto que ning\u00fan dato f\u00edsico sirve para distinguir al hombre del animal. La verticalidad del tronco la tienen otras 188 especies animales (18). El pulgar oponible lo tienen varios marsupiales. El rabo lo han tenido varios beb\u00e9s humanos al nacer. Pelos en la cara y en todo el cuerpo los tienen los ni\u00f1os de una familia muy conocida de Loreto, Zacatecas, como la televisi\u00f3n mexicana mostr\u00f3 a fines de 1986. Aunque el volumen cerebral del gorila m\u00e1s macroc\u00e9falo hasta hoy hallados (685 cm3) y el del hombre m\u00e1s microc\u00e9falo (850 cm3) hay todav\u00eda una peque\u00f1a diferencia y por cierto meramente cuantitativa, toda la teor\u00eda fisicalizante fracasa ante el hecho de que hay hombres con 2000 cm3 o m\u00e1s; si 165 unidades bastaran para decretar diferencia de especie, el hombre no ser\u00eda una especie sino siete. Y finalmente la dentadura tampoco sirve para distinguir: los restos f\u00f3siles estudiados por Oakley en Sud\u00e1frica son ciertamente no humanos porque no hay restos de fogata ni instrumentos primitivos o utensilios, pero el colmillo no s\u00f3lo sobresale menos que el humano sobre el nivel de las otras piezas dentales, sino que es enteramente parejo con ellas; hay en la de ese mono un mayor grado de evoluci\u00f3n que en la dentadura humana.<\/p>\n<p>Es la autoconciencia la que distingue al hombre; por tanto el hombre no es hombre si la sociedad no lo modifica suscit\u00e1ndole autoconciencia; por consiguiente el hombre no es un ente natural. Cuando com\u00fanmente para justificar o a\u00fan alabar algo se dice \u201ces lo natural\u201d, en realidad se est\u00e1 diciendo lo peor que se pod\u00eda decir sobre ese algo; se est\u00e1 diciendo que es inhumano, que es la negaci\u00f3n de lo humano.<\/p>\n<p>La autoconciencia es suscitada por el imperativo moral que se le dirige al ni\u00f1o a trav\u00e9s de la sociedad y que le intima la responsabilidad de sobreponerse a los instintos para tener en cuenta a los dem\u00e1s como personas, para respetarlos. Existo porque me hacen responsable. Soy hombre porque debo. Debo respetar los derechos humanos de los otros. Y soy m\u00e1s humano cuanto m\u00e1s los respeto. La resistencia de los ide\u00f3logos actuales contra el avance de los derechos humanos es resistencia contra la humanizaci\u00f3n de los mexicanos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p><strong>(1)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase Encyclopaedia Britannica, Historical Development. 1986, Vol. 20, art\u00edculo \u201cHuman Rights\u201d, pp. 714-716.<\/p>\n<p><strong>(2)<\/strong>\u00a0G.W.F. Hegel, Enzyklop\u00e4die der philosophischen Wissenschaften, A; Hambur, Meiner. n\u00fam. 482, 1969.<\/p>\n<p><strong>(3)<\/strong>\u00a0Mariano Jim\u00e9nez Huerta, Derecho penal mexicano, 4 vols., M\u00e9xico, Porr\u00faa, 1968. IV, p.140.<\/p>\n<p><strong>(4)<\/strong>\u00a0Ino Rossi et al. (eds.), Anthropology Full Circle, Nueva York, Holt Rinehart Winston, 1977, p. 348.<\/p>\n<p><strong>(5)<\/strong>\u00a0Laura Nader y Harry Todd Jr., The Disputing Process (Law in Ten Societies), Nueva York, 1978, p.17.<\/p>\n<p><strong>(6)<\/strong>\u00a0Grundlinien der Philosophie des Rechts, Frankfurt, Ullstein, n\u00fam. 268 z, 1972.<\/p>\n<p><strong>(7)<\/strong>\u00a0M\u00ednima Moralia, Frankfurt, Suhrkamp, n\u00fam. 48. 1976.<\/p>\n<p><strong>(8)<\/strong>\u00a0Genealog\u00eda de la moral, (Trad. Andr\u00e9s S\u00e1nchez Pascual), M\u00e9xico, Alianza Editorial, 1989, p. 77.<\/p>\n<p><strong>(9)<\/strong>\u00a0Ibid., p. 86.<\/p>\n<p><strong>(10)<\/strong>\u00a0J.J.W. Baker y G.E. Allen, Biolog\u00eda e investigaci\u00f3n cient\u00edfica (Trad. George y Figueroa), M\u00e9xico, FEI, 1970, p. 3.<\/p>\n<p><strong>(11)<\/strong>\u00a0Vorlesungen \u00fcber die Philosophie der Religion, 2 vols., Hamburg, Meiner, 1974, II, I, 94. nota 1.<\/p>\n<p><strong>(12)<\/strong>\u00a0Emilio, \u201clibro segundo\u201d, nota, \u00e9nfasis a\u00f1adido.<\/p>\n<p><strong>(13)<\/strong>\u00a0Hegel, Jenaer Schriften, Frankfurt, Suhrkamp, 1974, p. 378.<\/p>\n<p><strong>(14)<\/strong>\u00a0Op. cit., III, 204.<\/p>\n<p><strong>(15)<\/strong>\u00a0La Ciencia de la Cultura (Trad. Gerardo Steenks). Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1964, p. 41.<\/p>\n<p><strong>(16)<\/strong>\u00a0Ibid., p. 52.<\/p>\n<p><strong>(17)<\/strong>\u00a0De \u00e1nima, III, IV, 429b, 32.<\/p>\n<p><strong>(18)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase J.R. Napier, Encyclopaedia Britannica, 1986, Vol. 23 art\u00edculo \u201cMammals\u201d, p. 245, col. 2.<\/p>\n<p>[\/et_pb_toggle][et_pb_toggle admin_label=\u00bbConmutador\u00bb title=\u00bb\u00bfQu\u00e9 Hacer ante la Modernidad?\u00bb open=\u00bboff\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb]<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Porfirio Miranda<\/strong><br \/>\nLa Jornada Semanal, No. 233; Noviembre 28, 1993.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para responder a esa pregunta necesitamos primero averiguar qu\u00e9 es la modernidad, naturalmente. Se trata de un hecho hist\u00f3rico muy concreto; no nos interesa el sentido vago por el que llamamos moderna a cualquier cosa nueva. El hecho hist\u00f3rico consiste en el conjunto de cambios radicales en la vida humana que se han estabilizado en Occidente desde el siglo VI, hasta hoy y que se est\u00e1n extendiendo al mundo entero. A partir de Max Weber, casi puede decirse que la sociolog\u00eda no ha hecho otra cosa que analizar el hecho hist\u00f3rico mencionado, de suerte que la bibliograf\u00eda es ampl\u00edsima; sin embargo, el conjunto de cambios en cuesti\u00f3n puede reducirse a seis rubros: lo t\u00e9cnico, educativo, administrativo ( y jur\u00eddico), pol\u00edtico, social e intelectual (1). S\u00f3lo que, antes de recorrerlos, es imprescindible prevenir contra tres posibles enfoques preconcebidos que imposibilitar\u00edan una apreciaci\u00f3n objetiva de la modernidad.<\/p>\n<p>El primer enfoque, muy frecuente por desgracia, es el suponer que todo lo nuevo es bueno y mejor que lo anterior. Ese apriorismo no s\u00f3lo es irracional, es antirracional, pues quiere que no usemos la raz\u00f3n para examinar las cosas en s\u00ed mismas, sin que nos baste conocer la fecha de costumbre, instituci\u00f3n o idea para saber si es buena o mala: si es m\u00e1s reciente que su contraria, autom\u00e1ticamente ser\u00eda mejor que ella.<\/p>\n<p>El segundo enfoque apriorista es el de suponer que el hombre natural es bueno y que la civilizaci\u00f3n lo corrompe. As\u00ed como el primer enfoque decidir\u00eda sin examen, que hay que abrazar la modernidad, este segundo decidir\u00eda en contra de la modernidad sin analizarla, pues se supone que el hombre natural as\u00ed como est\u00e1, est\u00e1 bien y no necesita cambios en su vida. No es el momento de demostrar que esta divulgada convicci\u00f3n es enteramente falsa, (2) basta aqu\u00ed citar, c\u00f3mo resume Nietzsche la conducta del hombre natural: \u201cofender, violentar, despojar, aniquilar\u201d (3). El testimonio es insospechable porque Nietzsche es el m\u00e1s entusiasta panegirista que haya habido nunca de lo natural. El hombre natural, como bien advirti\u00f3 Hobbes, es un lobo para el otro hombre. S\u00f3lo los nazis pueden sostener que eso es bueno.<\/p>\n<p>El tercer prejuicio consistir\u00eda en suponer que la modernidad es un todo indivisible, un sistema en el cual ninguna de sus partes puede existir sin las otras. El tener que optar en bloque impide toda apreciaci\u00f3n, anal\u00edtica y objetiva. Por fortuna precisamente la sociolog\u00eda sist\u00e9mica ha hecho ver que, si bien entre las partes (subsistemas) de la modernidad hay interrelaciones e influencias, la funci\u00f3n que cada subsistema desempe\u00f1a respecto de los otros podr\u00eda ser llenada de otra manera; (4) cada subsistema trata a los otros y al conjunto como entorno que hay que manipular, no como fatalismos que deterministamente le prescriban c\u00f3mo tiene que ser \u00e9l. Dice muy bien Luhmann: \u201cNing\u00fan sistema complejo puede darse el lujo de hacer depender todo de todo\u201d (5). La integraci\u00f3n del conjunto es m\u00e1s bien algo negativo: consiste en \u201cevitar que las operaciones de un subsistema conduzcan en otro subsistema a problemas insolubles\u201d (6). Nada nos obliga, pues, a pronunciarnos en favor o en contra de la modernidad con todos sus pelos y se\u00f1ales. Podemos apreciarla con discernimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Primera Parte<\/p>\n<p>1) Lo t\u00e9cnico. Los estragos ecol\u00f3gicos han hecho que hoy este rubro de la modernidad sea de lo m\u00e1s controvertido, pero hay ciertos hechos innegables que deben constatarse antes de toda discusi\u00f3n. Por ejemplo, la productividad agr\u00edcola. Al paso que, desde la inversi\u00f3n de la agricultura hace unos 10 mil a\u00f1os, hasta el siglo XV, diez familias produc\u00edan el alimento de ellas diez m\u00e1s una, y a mediados del siglo pasado 50 familias produc\u00edan el alimento de ellas m\u00e1s otras 50. Constataci\u00f3n por la que Marx exultaba entonces: el futuro de la humanidad estaba asegurado, la mitad de los seres humanos pod\u00eda dedicarse a pensar, a cultivar las artes y las ciencias, a inventar cosas. Pero el proceso no termin\u00f3 ah\u00ed. Hace 20 a\u00f1os cinco familias produc\u00edan el alimento de 100 familias en los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados; y hoy tres familias producen el alimento de 100. El crecimiento demogr\u00e1fico espectacular ha sido permitido por esta abundancia de alimentos. Otro ejemplo es la productividad industrial: los costos de la producci\u00f3n de tela de algod\u00f3n disminuyeron de 100 a uno. Eso permiti\u00f3 que se generalizara el uso de ropa interior. No necesito enfatizar las ventajas de este adelanto. Otro ejemplo de t\u00e9cnica moderna generalizada es el uso de luz el\u00e9ctrica y refrigeradores en las casas. Otro es el que tengamos agua corriente, excusados y regaderas. Pi\u00e9nsese adem\u00e1s en los inventos t\u00e9cnicos de Pasteur y Flemming: no creo exagerado decir que las vacunas y la penicilina han salvado cientos de millones de vidas humanas. Basten esos hechos innegables.<\/p>\n<p>En torno a la t\u00e9cnica de la modernidad hay dos posiciones indefendibles: el mito del progreso y el naturismo. Pero no se trata aqu\u00ed de sacar el t\u00e9rmino medio. El mito del progreso sostiene que todo invento es bueno. En plan l\u00f3gico, como se trata de una proposici\u00f3n afirmativa universal, bastan para refutarla las refinadas t\u00e9cnicas de lavado cerebral y las t\u00e9cnicas de tortura de Dan Mitrione. En plan concreto, lo que suced\u00eda era que los secuaces de dicho mito se fijaban \u00fanicamente en el efecto inmediato y buscado de los inventos; mientras hoy los efectos secundarios, no pretendidos, por ejemplo la erosi\u00f3n y destrucci\u00f3n del entorno, han acabado con ese mito. En adelante la humanidad tendr\u00e1 que examinar detenidamente cada nuevo invento si no queremos destruir nuestro planeta y con \u00e9l la vida humana. Pero de ah\u00ed a sostener que en balance las t\u00e9cnicas de la modernidad han resultado negativas hay mucha distancia. No vamos a adorar la tierra. La tierra es un medio que tiene como fin al hombre, esta tesis metaf\u00edsica tradicional a\u00fan es verdadera. La t\u00e9cnica, dec\u00edamos, ha permitido que vivan miles de millones de hombres que de otra manera no habr\u00edan vivido; para no insistir en la indudable mejor\u00eda cualitativa de la vida. Habr\u00e1 incluso quien niegue que es bueno que hayan venido a la vida tantos seres humanos, pero sobre eso habr\u00eda que preguntarles a los afectados mismos: habr\u00eda que preguntarles si hubieran preferido no existir. Son las literaturas baratas, no los afectados mismos, quienes responden que s\u00ed.<\/p>\n<p>No puede negarse que es inaplazable el tomar serias providencias sobre el crecimiento demogr\u00e1fico, pero d\u00e9monos cuenta de que el \u00fanico argumento s\u00f3lido para defender la tierra es que as\u00ed defendemos la posibilidad de vida de futuras generaciones. El fundamento de nuestra argumentaci\u00f3n es la vida de los hombres y, por tanto, no puede mirarse como algo negativo el que, gracias a la t\u00e9cnica de la modernidad, hayan podido vivir tantos seres humanos que de otra manera no habr\u00edan vivido.<\/p>\n<p>Para ampliar la superficie de cultivo fue necesario talar muchos \u00e1rboles, pero quienes de ah\u00ed sacan argumento contra la modernidad desatienden el hecho de que hoy los bosques est\u00e1n desapareciendo precisamente en las regiones en donde la modernidad no ha llegado: Amazona, \u00c1frica y Asia. Los canadienses, los alemanes y los escandinavos siembran tres \u00e1rboles por cada uno que talan. Y eso es t\u00e9cnica moderna. Este es el punto crucial: para salvar el planeta necesitamos m\u00e1s t\u00e9cnica, no menos. Toda la alarma ecol\u00f3gica es poca, pero tiene que desembocar en m\u00e1s t\u00e9cnica, no en menos. Y siempre teniendo en cuenta que es un mito que la naturaleza guarde equilibrio ecol\u00f3gico si el hombre no interviene. Los elefantes arrasan miles de hect\u00e1reas de bosques en \u00c1frica. Por el estudio de las formas f\u00f3siles sabemos que se extinguieron miles de especies antes de que apareciera la raza humana en el mundo. Se necesita m\u00e1s t\u00e9cnica, pero no una t\u00e9cnica enga\u00f1ada por el mito de que todo invento es bueno.<\/p>\n<p>El discernimiento es obligatorio, y por cierto, no s\u00f3lo en cuanto a los inventos futuros, sino tambi\u00e9n en cuanto a los que ya est\u00e1n en vigor. Por ejemplo, si los chinos adoptaran el mismo n\u00famero de autos por cada 100 habitantes como en Estados Unidos, ser\u00eda a\u00f1adir 300 millones de autos a los que ya circulan por el planeta; la atm\u00f3sfera no lo resistir\u00eda. Es m\u00e1s; si todos los pueblos produjeran tantos kilos de basura por habitante como el pueblo estadounidense, nos ahogar\u00edamos todos en desechos y chatarra. A la humanidad no le queda m\u00e1s remedio que adoptar un modo de vida m\u00e1s sencillo, como recomendaban (en teor\u00eda) Fourier desde el siglo pasado y (en la pr\u00e1ctica) los menonitas desde el siglo XVI. Muchos de los v\u00ednculos y frusler\u00edas que inundan hoy el primer mundo son perfectamente prescindibles, responden a seudo-necesidades que han sido creadas mediante publicidad por el insaciable af\u00e1n de lucro de los empresarios. Para eliminarlos no hace falta ser monacal y ni siquiera austero. Al contrario: lo que hace falta es aprender a gozar de las cosas bellas de la vida. La publicidad mencionada crea m\u00e1s bien un vac\u00edo que se renueva, una incapacidad de verdadero goce.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Lo educativo. Este rubro de la modernidad es m\u00e1s importante que el anterior; si lo tratamos m\u00e1s brevemente es porque no da pie a controversias. Se trata de algo que no hab\u00eda existido nunca y en ninguna civilizaci\u00f3n: la modernidad introdujo educaci\u00f3n para todos. Antes y en todas partes, la educaci\u00f3n y la cultura eran privilegio del 1 por ciento de la poblaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Es necesario precisar que lo que la modernidad entendi\u00f3 por educaci\u00f3n no est\u00e1 en funci\u00f3n de lo t\u00e9cnico y productivo; tan es as\u00ed, que los empresarios se opusieron a la idea de dar educaci\u00f3n a las masas. No se trata de adiestramiento, ni de adquirir habilidades (mentales o manuales) como en Jap\u00f3n. Sino de aprender a pensar con autonom\u00eda, a reflexionar con orden y con los conceptos adecuados, de aprender a apreciar el arte, de adquirir muchos conocimientos (como historia y filosof\u00eda) que no tienen utilidad pragm\u00e1tica de ninguna especie. La educaci\u00f3n occidental es fin en s\u00ed, no es medio para otra cosa. Se trata de ser persona.<\/p>\n<p>La extensi\u00f3n de este tipo de educaci\u00f3n-para-todos al mundo entero tropieza naturalmente con dificultades que la extensi\u00f3n de la t\u00e9cnica no encuentra. No s\u00f3lo se necesita un conjunto muy numeroso de maestros. Especialmente se necesita que los maestros tengan vocaci\u00f3n. Vocaci\u00f3n y un amor a la lectura que no s\u00f3lo no se improvisan sino que no es posible crear en una o dos generaciones. Todo eso lo tra\u00eda la modernidad como herencia del medievo y del renacimiento y de la intensidad intelectual del siglo XVIII. De paso algo de esto se cre\u00f3 en M\u00e9xico durante el Virreinato, pero se encargaron de destruirlo primero el positivismo y despu\u00e9s la mediocridad obligatoria de nuestro sistema educativo de los \u00faltimos 60 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n hacia dentro han surgido dificultades en los \u00faltimos decenios: la mercantilizaci\u00f3n del saber, o sea el hecho de que dependa de los t\u00edtulos acad\u00e9micos la cuant\u00eda del ingreso, es una influencia al\u00f3gena del quinto rubro (el capitalismo) sobre este segundo, y amenaza con arruinar la educaci\u00f3n superior a corto plazo. Sin embargo, ese proceso degenerativo no necesariamente es irreversible.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Lo administrativo y judicial. Los an\u00e1lisis sociol\u00f3gicos de la modernidad atribuyen a este rubro importancia capital: se cre\u00f3 un aparato gubernamental de eficacia incontrastable. Si se descubre que ciertas cosas son necesarias para el bien p\u00fablico, esas cosas se hacen caiga lo que caiga. No tendr\u00edamos ni los hospitales, la polic\u00eda, las presas, las escuelas ni las carreteras que hoy tenemos, si se hubiera necesitado recabar la anuencia y el \u00f3bolo voluntario de cada uno de los habitantes. Sin el gobierno central moderno (iniciado por los monarcas llamados absolutos) y sin el zanjamiento de conflictos en forma autoritaria por los jueces, habr\u00eda sido imposible la pacificaci\u00f3n social que la palabra civilizaci\u00f3n implica y que se necesitaba para que la producci\u00f3n y la educaci\u00f3n alcanzaran niveles esencialmente superiores a los de \u00e9pocas anteriores. Es un hecho que todos los pa\u00edses del mundo est\u00e1n copiando la forma de aparato gubernamental y legal de Occidente.<\/li>\n<\/ol>\n<p>El cuadro no es r\u00f3seo, sin embargo. Baste mencionar el burocrat\u00edsmo, el mito del derecho, la posibilidad (recientemente creada) de que el gobierno mediante sistemas de computaci\u00f3n controle y fisgue a la poblaci\u00f3n hasta en los m\u00e1s rec\u00f3nditos detalles. Y adem\u00e1s la tentaci\u00f3n de que algunos gobernantes crean que \u201cmandatario\u201d significa el que manda, sino que significa \u201cal que se le manda\u201d, como prestatario significa \u201cal que se le presta\u201d y arrendatario \u201d al que se le arrienda\u201d, etc\u00e9tera. Mandatario y mandadero son etimol\u00f3gicamente sin\u00f3nimos. El mito del derecho consiste en creer que una ley positiva es obligatoria a pesar del contenido, independientemente de si es moral o inmoral. Pero una cosa es que se le imponga penas a quien la viole y otra cosa es que sea obligatoria. Constricci\u00f3n no es lo mismo que obligaci\u00f3n. Si la filosof\u00eda vuelve por sus fueros en los a\u00f1os pr\u00f3ximos, creo que el mito del derecho tiende a desaparecer. En cambio el burocratismo no da se\u00f1ales de desaparecer, y puede quitarle gran parte de su eficacia a cualquier aparato gubernamental.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li>Lo pol\u00edtico. El invento pol\u00edtico de la modernidad consiste en la democracia y en los derechos humanos. Los griegos inventaron la palabra democracia, pero la realidad de la democracia es algo recient\u00edsimo y t\u00edpicamente occidental; tan reciente que es en nuestro siglo cuando se otorga el voto a las mujeres. En Atenas cuatro quintos de la poblaci\u00f3n eran esclavos; a los griegos les faltaba la convicci\u00f3n de que todos los seres humanos tienen dignidad infinita, que es la \u00fanica base l\u00f3gica posible tanto de la democracia como de los derechos humanos.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Siguiendo a T. H. Marshall, los estudios sociol\u00f3gicos de la modernidad han dividido los derechos humanos en tres cap\u00edtulos, que por cierto llegaron a realizaci\u00f3n y reconocimiento oficial sucesivamente en este orden: primero los derechos c\u00edvicos, despu\u00e9s los electorales, y finalmente los derechos laborales, aunque no son exactamente \u00e9sas las denominaciones que usa Marshall (7). Los derechos c\u00edvicos protegen al individuo contra injerencias del gobierno en la vida, libertad y propiedad de las personas; son los derechos humanos m\u00e1s famosos y m\u00e1s mencionados en las declaraciones inglesa (1689), americana (1776) y universal (1948); por ejemplo, la libertad de conciencia, la de movimientos y residencia, la de reuni\u00f3n, la de profesi\u00f3n, la de matrimonio, etc\u00e9tera. Los derechos electorales (en los cuales se sostiene la democracia) autorizan a los individuos a participar en la formaci\u00f3n de la opini\u00f3n y de la decisi\u00f3n colectivas; incluyen fundamentalmente el derecho de votar y de ser votado. Aparte de protecci\u00f3n contra accidentes en el lugar de trabajo, los derechos laborales garantizan un ingreso m\u00ednimo, seguro de desempleo, seguro de enfermedad, seguro de ancianidad. N\u00f3tese que el derecho a votar y ser votado fue conquista laboriosa y paulatina a todo lo largo del siglo XIX, y que los derechos laborales (realidad llamada tambi\u00e9n estado benefactor) son conquista ya de nuestro siglo. Y n\u00f3tese tambi\u00e9n que en M\u00e9xico el segundo cap\u00edtulo no ha llegado y el tercero casi tampoco, pues democracia todav\u00eda no tenemos y el salario m\u00ednimo y el seguro de ancianidad son m\u00e1s bien un sarcasmo, mientras el seguro de desempleo ni siquiera nominalmente se ha introducido.<\/p>\n<ol>\n<li>Giddens polemiza con Marshall negando que la realizaci\u00f3n sucesiva de esos tres cap\u00edtulos o grupos de derechos hayan sido un proceso evolutivo que se desarrollara por su propia din\u00e1mica interna Giddens hace notar que tanto el segundo como el tercer cap\u00edtulo se consiguieron m\u00e1s bien con base en luchas dur\u00edsimas y encarnizadas (8). Y bien, desde luego es falso que, como parece sostener Marshall, el proceso haya sido causado por la din\u00e1mica interna del capitalismo; los capitalistas se opusieron con todas sus fuerzas al reconocimiento oficial de muchos de esos derechos . Pero la pol\u00e9mica de Giddens me parece superficial. Desde un principio el verdadero motor interno de todo el proceso fue, no el capitalismo, sino la convicci\u00f3n de la dignidad infinita de todas las personas. Dicha convicci\u00f3n es la \u00fanica base posible de la tesis de la igualdad de los hombres, pues la igualdad no es dato emp\u00edrico en forma alguna, y por otra parte quien dice que son iguales en cuanto a la inteligencia no se sabe de qu\u00e9 est\u00e1 hablando decir que el super dotado y el tono son iguales en cuanto a inteligencia resulta francamente parad\u00f3jico; aparte de que necesitamos que tambi\u00e9n los dementes. Privados de inteligencia, sea respetados en su dignidad infinita. La convicci\u00f3n de dignidad infinita se origin\u00f3 en esa caldera de meditaci\u00f3n que se llama medievo. Oigamos a Hegel: \u201cDice la Escritura que Dios hizo al hombre a su imagen; \u00e9se es el concepto de hombre\u201d (9). Eso fue lo que meditaron los occidentales durante 1 000 a\u00f1os de medievo y lo que se ha venido a convertir en instituciones durante la modernidad; ni es de extra\u00f1ar que tardara tanto en sacar sus propias consecuencias una convicci\u00f3n tan \u00fanica y tan antinatural en la historia humana. No es mera precisi\u00f3n erudita de historiador de las ideas de hacer constar que los medievales llegaron a dicha convicci\u00f3n meditando la pasi\u00f3n de Cristo: como Cristo muri\u00f3 por todos, todos tienen dignidad infinita.<\/li>\n<li>Lo social. Lo social de la modernidad se llama capitalismo y en el fondo es l\u00f3gicamente incompatible con los rubros segundo y cuarto que hemos enumerado. En la introducci\u00f3n advert\u00edamos que la modernidad de ninguna manera es un todo indivisible. El capitalismo se caracteriza por tres elementos: la b\u00fasqueda del propio provecho como \u00fanico m\u00f3vil de las acciones, la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n y la estratificaci\u00f3n de la sociedad en diferentes niveles de ingreso y por tanto de vida. El m\u00f3vil del propio provecho es obviamente incompatible con el respeto a los derechos humanos del pr\u00f3jimo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>La estratificaci\u00f3n de la sociedad en diferentes niveles de vida se basa en una convicci\u00f3n esclavista ligeramente modificada; la convicci\u00f3n original dec\u00eda que unos deben ser amos y otros deben ser esclavos; ya modificada dice que unos deben ser ricos y otros deben ser pobres, para asegurar esto basta sostener que los diferentes tipos de ocupaci\u00f3n merecen diferente remuneraci\u00f3n e ingreso. Como siempre habr\u00e1 \u201coficios humildes\u201d (herrero, tornero, labriego carpintero, etc\u00e9tera,) y siempre habr\u00e1 oficios directivos (gerente, ingeniero, etc\u00e9tera), basta sostener que a diferentes tipos de trabajo deben corresponder diferentes remuneraciones, y se consigue indefectiblemente que siempre haya en la sociedad ricos y pobres. En an\u00e1lisis econ\u00f3mico estricto es imposible demostrar que la aportaci\u00f3n de cierto tipo de trabajo a la obra com\u00fan produce m\u00e1s valor que la aportaci\u00f3n de otro tipo de trabajo (10). Si los obreros en la modernidad han aceptado que se les remunere con un nivel de vida inferior al de los empresarios, ha sido porque no les quedaba m\u00e1s remedio y sobre todo porque los obreros mismos participan de la convicci\u00f3n (de origen esclavista) de que a ciertos trabajos debe corresponder menor remuneraci\u00f3n que a otros. Pero esa convicci\u00f3n, repetimos, es cient\u00edficamente injustificable; obedece a una inercia de milenios: eran los esclavos quienes desempe\u00f1aban los oficios humildes, quienes hoy los desempe\u00f1an simplemente heredan la costumbre de vivir en inferior nivel de vida y como ciudadanos de segunda. Tambi\u00e9n at\u00e1vica es la convicci\u00f3n de que el trabajo femenino (gestaci\u00f3n, crianza, aseo de la casa, cocinar, lavar, etc\u00e9tera) es menos valioso que el masculino. Aun las mujeres participan de ese error, y Marx mismo cae en \u00e9l: siguiendo a Smith llama improductivo al trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>En cuanto a la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n n\u00f3tese que, si la modernidad lleg\u00f3 a darse cuenta de que la democracia es moralmente obligatoria, es por esto: si no hay democracia, unos cuantos toman las decisiones que afectan a todos, y por tanto est\u00e1n tratando a los dem\u00e1s como si no fueran sujetos sino meros objetos, lo cual es atropellar el principio de que todos tienen dignidad infinita. Ahora bien, la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n significa que en lo econ\u00f3mico unos cuantos toman las decisiones que afectan a todos y por tanto los tratan como objetos y no como sujetos. Por eso dec\u00edamos que el capitalismo es l\u00f3gicamente inconciliable con el rubro cuarto de la modernidad. El m\u00e1s claro s\u00edntoma de esa inconciliabilidad es el silencio que los te\u00f3ricos liberales han decidido guardar sobre el porqu\u00e9 racional de la democracia; se han decidido a defender la democracia sin dar razones, simplemente porque s\u00ed. Es que ese porqu\u00e9 no s\u00f3lo vale contra la dictadura en lo pol\u00edtico sino tambi\u00e9n contra la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n en lo econ\u00f3mico.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li>Lo intelectual. En lo intelectual la aportaci\u00f3n de la modernidad es la confianza en la raz\u00f3n, la seguridad de que hay verdades (tanto ontol\u00f3gicas como morales) que se pueden demostrar con igual o mayor astringencia que la tesis de las ciencias naturales. Por dos razones me parece que esa aportaci\u00f3n tiene un futuro inmenso. Primero, porque se necesita la confianza en la raz\u00f3n para seguir sosteniendo los derechos como algo que no depende de la ley positiva de ning\u00fan pa\u00eds, o sea como algo que se demuestra objetivamente. Y segundo porque si la humanidad del futuro no quiere depender del uso de la fuerza y de la imposici\u00f3n prepotente para dirimir sus deferencias, el \u00fanico camino ser\u00e1 confiar crecientemente en las demostraciones racionales,<\/li>\n<\/ol>\n<p>Pero confiar en serio, sabiendo que la raz\u00f3n puede conocer la realidad en forma definitiva; no confiar a medias como propone Habermas , el cual, es cierto, se remite a un consenso, pero a un consenso que no es sobre la verdad objeto va y que por tanto es un acuerdo provisional y falible, accediendo al cual no contraigo obligaciones morales en absolutas y por consiguiente puedo negarlo el d\u00eda en que me convenga.<\/p>\n<p>No puede ser racional un consenso que parte del presupuesto de que la verdad no existe. Dice Habermas: \u201cesos conceptos fuertes de teor\u00eda, verdad y sistema que, desde hace por lo menos 150 a\u00f1os, pertenecen al pasado\u201d (11).<\/p>\n<p>Es autorrefutario hacer que la racionalidad consista en que el procedimiento es racional sea la realidad como fuere, pues s\u00f3lo podemos llamar racional a un procedimiento por su capacidad de llevarnos a conocer la realidad, la verdad. Si la realidad es incognoscible, si la verdad no existe, carecemos de todo criterio para distinguir entre procedimientos racionales y procedimientos irracionales.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, si preguntamos \u00bfy por qu\u00e9 debe haber consenso a todo esto?, Habermas est\u00e1 l\u00f3gicamente incapacitado para responder, y entonces su exigencia de consenso es un antojo arbitrario. En efecto, si preguntamos \u00bfpor qu\u00e9 recabarse la anuencia de todos?, La \u00fanica respuesta posible es: porque todos son sujetos y proceder sin consultarlos como objetos. Ahora bien, esa verdad objetiva (que todos son sujetos) no puede someterse a votaci\u00f3n, no puede a su vez depender del consenso, pues la necesidad de consenso depende precisamente de ella. La teor\u00eda consensual de la verdad, para poder ser defendida, depende de una verdad no Consensual, y por tanto es falsa.<\/p>\n<p>Es un fen\u00f3meno pasajero y cuantitativamente insignificante el escepticismo que hoy han puesto de moda algunos intelectuales que declaran terminada la modernidad o pr\u00f3xima a su fin. Analicemos tal declaraci\u00f3n por partes. La t\u00e9cnica nos va a ser indispensable para combatir la contaminaci\u00f3n, y de hecho piensan las universidades en todo menos en suprimir las carreras t\u00e9cnicas. El plan de educaci\u00f3n para todos tiene mucho camino por recorrer. Los aparatos estatales y judiciales no parecen estar volvi\u00e9ndose innecesarios. Los derechos humanos son en este momento un oleaje tal que, si no conoci\u00e9ramos su historia, casi dir\u00edamos que est\u00e1 empezando. El capitalismo, por desgracia, tampoco da se\u00f1ales de terminar. La concentraci\u00f3n urbana no parece un proceso f\u00e1cilmente reversible. Los medios masivos de comunicaci\u00f3n est\u00e1n en pleno auge. Entonces s\u00f3lo pueden referirse a lo intelectual mismo que anuncian el fin de la modernidad. Pero es una profec\u00eda muy curiosa: s\u00f3lo cumple dentro del mismo peque\u00f1o grupo de intelectuales que la profetizan. Cierto, ese grupo es el m\u00e1s bullicioso porque los editores, mercaderes como son, \u00fanicamente publican lo sorprendente y nuevo, pero de ninguna manera representa siquiera a la mayor\u00eda de los intelectuales que hoy existen, ni hablar de la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n. Para ese grupo la confianza en la raz\u00f3n y el conocimiento de verdades absolutas han terminado, y<br \/>\nlo que a ellos les ha sucedido en sus vidas privadas lo proyectan sobre la sociedad entera y dicen que la modernidad se ha vuelto esc\u00e9ptica. Es un wishful thinking para no sentirse solos.<\/p>\n<p>Pongamos un ejemplo sobresaliente de ese espejismo. Dice Habermas: \u201cEn las sociedades industriales de Occidente la conciencia religiosa est\u00e1 en trance de desaparecer\u201d (12). Precisamente en el momento en que el pulular de movimientos religiosos no tiene precedentes en la historia occidental, ese grupo de pensadores dice que la mentalidad religiosa est\u00e1 desapareciendo. Los pueblos no s\u00f3lo siguen convencidos de verdades absolutas como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la objetividad de los juicios morales fundamentales, la creaci\u00f3n del mundo por Dios; sino que en la estructura misma del fen\u00f3meno hist\u00f3rico llamado modernidad desempe\u00f1an esas verdades un papel central. Un testigo m\u00e1s imparcial de esto que Karl Poper, no podr\u00eda yo acudir, s\u00f3lo t\u00e9ngase en cuenta que Poper da a la palabra individualismo un significado muy peculiar (aunque plausible):<\/p>\n<p>El individualismo, unido con altruismo, se ha convertido en la base de nuestra civilizaci\u00f3n occidental. Es la doctrina central del cristianismo (\u201cama a tu pr\u00f3jimo\u201d), dicen las escrituras, no \u201cama a tu tribu\u201d); y es el n\u00facleo de todas las doctrinas \u00e9ticas que han brotado de nuestra civilizaci\u00f3n y la han estimulado. Tambi\u00e9n es, p.e., la doctrina pr\u00e1ctica central de Kant (\u201creconoce siempre que los individuos humanos son fines, y no los uses como meros medios para tus fines\u201d). No hay ning\u00fan otro pensamiento que haya sido tan poderoso en el desarrollo moral del hombre (13).<\/p>\n<p>Ante las recientes investigaciones de campo el dogma sociol\u00f3gico de la secularizaci\u00f3n parece estar convirti\u00e9ndose en humo para la sociolog\u00eda misma. Dice Luhman sobre secularizaci\u00f3n: \u201cse ha vuelto una palabra ambigua, de uso equ\u00edvoco, un concepto difuso\u201d (14). Y Talcott Parsons ya hab\u00eda dicho en 1978:<\/p>\n<p>En mi opini\u00f3n la \u00e9tica protestante est\u00e1 muy lejos de haber muerto. Contin\u00faa informando nuestras orientaciones en importantes sectores de vida, lo mismo hoy que en el pasado. Seguimos valorando el trabajo racional y sistem\u00e1tico en lo que es nuestra \u201cvocaci\u00f3n\u201d, y lo que hacemos movidos por lo que, a alg\u00fan nivel, sigue siendo un trasfondo religioso. En mi opini\u00f3n, el aparato instrumental de la sociedad moderna no podr\u00eda funcionar sin un generoso componente de esta clase de valoraciones (15).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista cuantitativo y sociol\u00f3gico es falso que el elemento intelectual de la modernidad est\u00e9 llegando a su fin: el grupo de intelectuales esc\u00e9pticos constituye menos de 0.1 por ciento de la poblaci\u00f3n. Y desde el punto de vista cualitativo, en estricta l\u00f3gica tenemos que decir que una filosof\u00eda sigue vigente mientras no se la refute demostrativamente. Ahora bien, eso es precisamente lo que no hacen los intelectuales en cuesti\u00f3n: no se meten a la l\u00f3gica misma de la argumentaci\u00f3n, al contrario solamente dicen que la confianza en la raz\u00f3n ya pas\u00f3 de moda, siendo as\u00ed que s\u00f3lo ha pasado de moda para ellos y eso en el sentido auto confirmatorio de que ellos mismos entre s\u00ed se dicen que ha pasado de moda. V\u00e9ase c\u00f3mo, con un golpe de seudo sociolog\u00eda, se exime Habermas de analizar las razones de la filosof\u00eda: \u201cLas interpretaciones de una etapa superada, cualquiera sea la textura que tengan en lo que ata\u00f1e a contenido, quedan categ\u00f3ricamente devaluadas con el tr\u00e1nsito a la siguiente. No es esta o aquella raz\u00f3n que la ya no convence; es el tipo de razones el que deja de convencer\u201d (16). Es la prepotencia del esc\u00e9ptico que no atiende razones porque de antemano ha declarado que la raz\u00f3n no tiene nada que hacer. Este golpe de mano es demasiado irracional y arbitrario como para durar; por eso dec\u00eda que se trata de un fen\u00f3meno pasajero. Lo digo tambi\u00e9n porque, como es notorio que cualquier formulaci\u00f3n de la posici\u00f3n esc\u00e9ptica envuelve auto contradicci\u00f3n (17), resulta demasiado inc\u00f3modo y hasta penoso el estar sosteniendo una tesis a todas luces contradictoria: impl\u00edcita o expl\u00edcitamente se les est\u00e1 diciendo a esos pensadores: Se\u00f1ores, \u00bfqu\u00e9 puede hacer su interlocutor m\u00e1s all\u00e1 de demostrarles que su posici\u00f3n es contradictoria?, \u00bfQu\u00e9 esperanzas tenemos los seres humanos de llegar a entendernos si esa demostraci\u00f3n no es argumento suficiente?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Segunda Parte<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer ante la modernidad ? Respondo: exigirle congruencia. Congruencia hacia dentro, entre sus diversos componentes, y congruencia hacia fuera, hacia el tercer mundo. No estamos en fin de \u00e9poca.<\/p>\n<p>Al contrario: la modernidad va a seguir, lo queramos o no. S\u00f3lo importa que ahonde lo mejor de ella misma y lo extienda, eliminando los elementos que l\u00f3gicamente son incompatibles con ello.<\/p>\n<p>Sobre congruencia hacia dentro quiz\u00e1 no conviene ahora insistir despu\u00e9s de lo dicho en el rubro quinto. S\u00f3lo mencionemos un punto que ata\u00f1e al rubro tercero (el sistema legal), punto en que la incongruencia deber\u00eda haber saltado a la vista desde hace mucho tiempo: es la famosa libertad contractual que constituye el centro de los c\u00f3digos de derecho civil. Con su cinismo siempre vehemente la encomia Luhmann hasta las nubes como unos de los mayores logros (reducciones de complejidad) de la modernidad: \u201cCon ello queda el contrato, pese a que es figura de derecho, desobligado de la exigencia de justicia interna\u201d (18). Al sistema legal y judicial le basta para dar por bueno el contrato e incluso sancionar a quien lo viole, el hecho de que ambas partes firmaron; la justicia no le interesa. Desoblig\u00e1ndose de la moral reduce uno evidentemente mucho la complejidad del mundo y de las acciones. El caso m\u00e1s flagrante es el contrato laboral por el que el obrero \u201cacepta\u201d un inferior nivel de vida para s\u00ed, para su mujer y sus hijos. Pero Luhmann no ha visto que, aun prescindiendo de la justicia, hay incongruencia: los principios mismos del derecho contractual establecen que un contrato es inv\u00e1lido si alguna de las partes accede bajo constricci\u00f3n irresistible o bajo enga\u00f1o, \u00bfy qu\u00e9 mayor constricci\u00f3n que la perspectiva de morirse de hambre si no accede? Una pistola no amenaza con algo peor que eso. \u00bfY qu\u00e9 mayor enga\u00f1o que la convicci\u00f3n, derivada del esclavismo, de que ciertos tipos de trabajo merecen inferior nivel de vida y ciudadan\u00eda de segunda?<\/p>\n<p>Hacia fuera: la modernidad tiene obligaci\u00f3n moral estricta de coadyuvar al desarrollo del tercer mundo, si es congruente. Pero para darse cuenta de ello necesita desechar los inservibles conceptos de justicia que en la teor\u00eda ha estado manejando y que jam\u00e1s habr\u00edan podido ser fundamento de los derechos humanos. Pocos temas tienen tanta importancia para el futuro como \u00e9ste.<\/p>\n<p>En primer lugar, el concepto aristot\u00e9lico de justicia es de lo m\u00e1s decepcionante que ha habido, y no pod\u00eda sino serlo. Es una salida de perplejidad: lo justo viene a consistir en no ser ni cobarde ni temerario, ni derrochador ni taca\u00f1o, ni mustio ni fanfarr\u00f3n, ni impotente ni lascivo, ni abstemio ni borracho, etc\u00e9tera. Puras negociaciones que no arrojan nunca un contenido positivo para el concepto de justicia; \u201csacar el t\u00e9rmino medio\u201d es lo que siempre dicen los que no tienen nada propio que decir. Era imposible que nos dijera qu\u00e9 es la justicia un pensador para quien la esclavitud no tiene nada objetable, un pensador que todav\u00eda no sabe que todos los hombres tienen dignidad infinita.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el concepto de justicia de los juristas romanos, \u201ca cada cual lo suyo\u201d, es evasivo, es un concepto enteramente vac\u00edo, no dice nada, pues nos deja perfectamente a oscuras sobre qu\u00e9 es lo \u201csuyo\u201d. Y hay algo peor: evidentemente ese concepto da por inobjetable, por bien adquirida, la distribuci\u00f3n que ya existe de la riqueza y s\u00f3lo cuida que no se altere, que cada cual conserve lo \u201csuyo\u201d. Supone que la justicia no tiene nada que decir en contra de lo que ya existe, en contra de lo ya adquirido (por los medios que sean), en contra de una sociedad en que unos son ricos y otros son pobres , vamos ni siquiera en contra de una sociedad en que unos son amos y otros son esclavos, pues el amo siempre podr\u00e1 alegar que el esclavo es \u201csuyo\u201d.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el concepto medieval de salario \u201cjusto\u201d arrastra esa tara romana conservadora del status que, pues hace consistir la justicia del salario en que \u00e9sta sea suficiente para que el asalariado y su familia satisfagan las necesidades espec\u00edficas del estrato social a que pertenecen. Lo justo est\u00e1 en conservar la sociedad jerarquizada y estratificada como es. N\u00f3tese que quien resuelve atenerse a lo que ya existe da muestras de la misma perplejidad y falta de un contenido positivo que ya ve\u00edamos en la doctrina de Arist\u00f3teles. Los fil\u00f3sofos medievales no llegaron a conceptuar el concepto de justicia que en la religi\u00f3n medieval estaba madurando.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, el concepto de justicia de Rawls es el peor de todos (19). Conectar la justicia con la b\u00fasqueda del propio inter\u00e9s es suprimir el car\u00e1cter moral de la justicia. Es reeditar a Hobbes. Quiere Rawls que imaginariamente nos pongamos en la \u201csituaci\u00f3n original\u201d con un \u201cvelo de ignorancia\u201d ante los ojos para que, sin saber todav\u00eda qu\u00e9 papel desempe\u00f1aremos en la sociedad, imparcialmente juzguemos qu\u00e9 grado e riqueza y bienandanza debe corresponder a cada uno, teniendo muy en cuenta que, si no juzgamos con objetividad, podemos salir perjudicados en caso de que la vida real nos coloque de hecho en un papel al que no hab\u00edamos adjudicado todo lo que merec\u00eda. El motivo para ser imparciales es la b\u00fasqueda del propio provecho, el evitar que podamos salir perjudicados. El ego\u00edsmo \u201cinteligente\u201d (todav\u00eda peor) convertido en norma suprema.<\/p>\n<p>Por supuesto, la l\u00f3gica misma de la construcci\u00f3n de Rawls deja a \u00e9ste en la estacada. Si de ego\u00edsmo se trata, ya en la vida real no tengo por qu\u00e9 guardar la palabra que en la \u201cposici\u00f3n original\u201d hab\u00eda dado; toda mi estrategia puede incluso abarcar en sus c\u00e1lculos el hecho de que los dem\u00e1s se han comprometido a imparcialidad, y aprovecharse de eso, qui\u00e9n les manda por ingenuos; en la posici\u00f3n original tambi\u00e9n yo prometo, y con eso consigo que en la vida real los dem\u00e1s est\u00e9, desprevenidos respecto de mi verdadero plan que es explotarlos a todos sin resistencias.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s hay contradicci\u00f3n preformativa en el hecho mismo de que Rawls publique su libro. Su sistema se construye sobre la presuposici\u00f3n de que el verdadero m\u00f3vil del hombre es la b\u00fasqueda del propio provecho; sin eso toda la construcci\u00f3n carece de sentido. Pero si el m\u00f3vil de Rawls mismo es el propio provecho \u00bfpara qu\u00e9 nos previene dici\u00e9ndolo? A \u00e9l le conviene m\u00e1s que nosotros no lo sepamos; \u00e9l sacar\u00eda m\u00e1s provecho si nos deja en nuestra ingenuidad. Su libro es c\u00edrculo vicioso. Y si todo es una maniobra para enga\u00f1arnos, entonces ni se nos acerque; no tenemos por qu\u00e9 leer el libro.<\/p>\n<p>Pero, repitamos, independientemente de sus contradicciones lo intolerable del intento de Rawls es una injusticia sin moral. El futuro de la humanidad depende de que caigamos en la cuenta de esto: la moral empieza precisamente ah\u00ed donde termina la b\u00fasqueda del propio provecho. En eso consiste el imperativo categ\u00f3rico en contraste con el condicionado.<\/p>\n<p>El tercer mundo, interpelando al primero, tiene que hacer valer el verdadero concepto de justicia: el respeto a la dignidad infinita de todas las personas. Lo cual es simplemente exigirle congruencia, pues es este concepto, y no alguno de los cuatro que hemos mencionado, el que est\u00e1 en la base de las declaraciones de los derechos humanos. No debe introducirse separaci\u00f3n entre el contenido del concepto de justicia y la demostraci\u00f3n de que es obligatorio hacer justicia. Es la demostraci\u00f3n la que determina el contenido del concepto. Ahora bien, en este caso la \u00fanica demostraci\u00f3n posible es percibir el imperativo categ\u00f3rico que se nos dirige en referencia a todas las personas y que se traduce diciendo que todos tienen dignidad infinita. Ese es el contenido del concepto de justicia. Digo que no debe introducirse separaci\u00f3n porque para nada servir\u00eda poseer el concepto de justicia si no se demostrara que es obligatorio hacer justicia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los habitantes del tercer mundo son personas y por tanto tienen dignidad infinita. Aun la mera omisi\u00f3n de ayuda peca contra ese concepto de justicia. Los pobres y subdesarrollados no pidieron venir al mundo, sus sufrimientos son inmerecidos, por consiguiente es un injusticia lo que padecen. El que no se duele al ver sufrir a otros es un inmoral, no algo menos que eso. El primer mundista tiene que decirse: aqu\u00e9llos merecen exactamente el mismo respeto que yo.<\/p>\n<p>Es muy importante advertir que s\u00f3lo en ese concepto puede fundamentarse la demanda ecologista de salvar el planeta. Es inoperante apelar al instinto de conservaci\u00f3n y al propio provecho: si de eso se trata, yo como quiera ya sal\u00ed bien librado, a m\u00ed ya no me toc\u00f3 la cat\u00e1strofe, \u00bfqu\u00e9 me importa lo que pueda pasarles a las pr\u00f3ximas generaciones? El \u00fanico argumento s\u00f3lido es la justicia consistente en el respeto a la dignidad de las personas futuras. Si ese argumento no es fehaciente, no hay raz\u00f3n alguna para que la actual generaci\u00f3n cuide la tierra. Ahora bien, el tercer mundo arguye as\u00ed: hay la misma injusticia en discriminar a los que est\u00e1n lejos en el espacio que en discriminar a los que est\u00e1n lejos en el tiempo. Son personas tanto los unos como los otras. Si no hay raz\u00f3n para mirar por los subdesarrollados, tampoco hay raz\u00f3n para cuidar el planeta.<\/p>\n<p>Lo que hay que denunciar son las injusticias como las que acabo de mencionar, y no una supuesta explotaci\u00f3n del tercer mundo por el primero, la cual probablemente no existe y s\u00f3lo sirve para provocar autocompasi\u00f3n colectiva que se gusta a s\u00ed misma. En vez de an\u00e1lisis objetivos suele hacerse demagogia enfermiza olvidando cu\u00e1n frecuente es el caso del que no emprende nada porque est\u00e1 dedicado a culpar a los otros de los males propios. Lo \u00fanico que as\u00ed se consigue es que el subdesarrollo deje de ser inmerecido.<\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme citar esta s\u00edntesis de muchos an\u00e1lisis objetivos formulada por Johannes Berger:<\/p>\n<p>Los pa\u00edses desarrollados realizan la mayor parte de su comercio unos con otros, y sostiene solamente un peque\u00f1o volumen de comercio con los pa\u00edses subdesarrollados, mientras estos \u00faltimos hacen poco comercio entre s\u00ed y en cambio efect\u00faan la mayor parte de su comercio en relaciones con los pa\u00edses desarrollados . Eso permite inferir que los pa\u00edses desarrollados perfectamente pueden vivir sin el comercio con los subdesarrollados, pero los subdesarrollados no pueden vivir sin el comercio con los desarrollados (20).<\/p>\n<p>Esa posibilidad que tendr\u00edan los desarrollados se corrobora por las estad\u00edsticas mundiales de alimentos: el conjunto que forman Europa, Canad\u00e1, Estados Unidos y Australia constituye el 30 por ciento de la poblaci\u00f3n mundial y produce el 60 por ciento de los alimentos del mundo (21). Teniendo alimentos uno podr\u00eda prescindir del resto del mundo. En cambio el tercer mundo no es auto suficiente en alimentos.<\/p>\n<p>Ser\u00eda evasivo y falto de objetividad sugerir que los vol\u00famenes de comercio resumidos por Berger son un espejismo debido a las diferencias de precios y que la explotaci\u00f3n se efect\u00faa precisamente deprimiendo los precios de los productos tercermundistas y elevando los de los productos primer mundistas. No fueron Jimmy Carter y Europa quienes fijaron el precio del petr\u00f3leo en 1973; fueron los \u00e1rabes, y el efecto perdura: antes de ese a\u00f1o el barril de crudo costaba 2 d\u00f3lares y hoy cuesta 17. Y si todos los pa\u00edses tropicales, en vez de producir alimentos para sus pueblos, se ponen a cultivar caf\u00e9, naturalmente hay sobreproducci\u00f3n y el precio se viene a pique; pero no es el primer mundo quien lo fija. Y lo mismo se dir\u00e1 del banano y el az\u00facar. Por lo dem\u00e1s, los hechos son precisamente al rev\u00e9s de lo que esa demagogia supone: los muebles americanos son m\u00e1s baratos que los mexicanos, la leche americana es m\u00e1s barata que la mexicana, la vacuna antirr\u00e1bica americana cuesta la tercera parte de lo que cuesta la mexicana, el servicio telef\u00f3nico americano cuesta la mitad de lo que cuesta el mexicano, el papel americano es m\u00e1s barato que el mexicano, el filamento de la fotos, la cuchiller\u00eda, la loza, la ropa, los electrodom\u00e9sticos, la carne, el pollo, el huevo, el trigo, el ma\u00edz, el sorgo, etc\u00e9tera. \u00bfComo puede alguien, ante estos hechos, sostener que el primer mundo infla sus propios precios y deprime los nuestros? Y adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo valuar la t\u00e9cnica quir\u00fargica que nos export\u00f3 el primer mundo, el uso de la penicilina, el invento de la electricidad, las ciencia, la m\u00fasica de Bach, las ideas, los libros, la formaci\u00f3n de intelectuales?<\/p>\n<p>No, no es denunciando injusticias tan dudosas como podemos hacer algo positivo por nuestros pa\u00edses, sino esgrimiendo el verdadero concepto de justicia y exigi\u00e9ndole congruencia a la modernidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p><strong>(1)<\/strong>\u00a0El rubro llamado de la ciencia podr\u00eda reducirse en parte a lo t\u00e9cnico, en parte a lo educativo, y en parte a lo intelectual. Los que no se dejan reducir son estos dos rubros: la urbanizaci\u00f3n y los medios masivos de comunicaci\u00f3n. Los omitimos por abreviar y porque su consideraci\u00f3n filos\u00f3fica no har\u00eda que nuestra l\u00ednea general de argumentaci\u00f3n fuera diferente. Pero reconozco que esa omisi\u00f3n es una deficiencia sociol\u00f3gica del cuadro aqu\u00ed trazado. Nadie es perfecto<\/p>\n<p><strong>(2)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase mi Hegel tenia raz\u00f3n, UAM-Iztapalapa, M\u00e9xico, 1989, cap. VI.<\/p>\n<p><strong>(3)<\/strong>\u00a0Friedrich Nietzche, Genealog\u00eda de la moral, trad. de A. S\u00e1nchez Pascual, Alianza, M\u00e9xico, 1989, p. 86.<\/p>\n<p><strong>(4)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase Niklas Luhmann, Soziale Systeme, Suhrkamp, Frankfurt, 1991.<\/p>\n<p><strong>(5)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase Niklas Luhmann, Funktion der Religi\u00f3n, Suhrkamp, Frankurt, 1992, p. 184.<\/p>\n<p><strong>(6)<\/strong>\u00a0Ibid, p. 242.<\/p>\n<p><strong>(7)<\/strong>\u00a0T. H. Marshall, Citizenship and Social Class, UP, Cambridge, 1950.<\/p>\n<p><strong>(8)<\/strong>\u00a0A. Giddens, Profiles and Critique in Social Theory, londres, 1982.<\/p>\n<p><strong>(9)<\/strong>\u00a0G.W.F. Hegel, Vorlosungen \u00fcber die Philosophie der Religion, 2 vols., Meiner, Hamburg, 1974, vol. II, p. 127.<\/p>\n<p><strong>(10)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase L.J. Zimmerman, Geschichte der theoretischen Volkswirtschaftslehre, Bund, Colonia, 1954, pp. 135-140<\/p>\n<p><strong>(11)<\/strong>\u00a0Junger Habermas, El discurso filos\u00f3fico de la modernidad, trd. M. Jim\u00e9nez Redondo, Taurus, Buenos Aires, 1989, p. 253, n.74.<\/p>\n<p><strong>(12)<\/strong>\u00a0Junger Habermas, Zur Rekonstruktion des Historischen Materialismus, Suhrkamp, Frankfurt, 1976, p. 52.<\/p>\n<p><strong>(13)<\/strong>\u00a0KarlPopper, The Open Society and its Enemies, 2 vols. Routledge, Londres, 1974, vol. I, P. 202.<\/p>\n<p><strong>(14)<\/strong>\u00a0Niklas Luhmann, Funktion der Religion, op cit., p.225, v\u00e9ase las investigaciones citadas en las notas de las pp. 225-226.<\/p>\n<p><strong>(15)<\/strong>\u00a0Talcott Parsons, Action theory and the Human Condition, Nueva York, 1978, p. 320.<\/p>\n<p><strong>(16)<\/strong>\u00a0Teor\u00eda de la acci\u00f3n comunicativa, 2 vols. trad. M: Jim\u00e9nez Redondo; Taurus, Madrid, 1987, vol. I, p. 101, cursivas de Habermas.<\/p>\n<p><strong>(17)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase mi art\u00edculo La farsa llamada escepticismo, en la jornada semanal, 18 de abril de 1993.<\/p>\n<p><strong>(18)<\/strong>\u00a0Niklas Luhmann, Rechtssoziologie, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1987, p. 327.<\/p>\n<p><strong>(19)<\/strong>\u00a0Rawls, A Theory of Justice, Up, Harvard, 9a. ed., 1978.<\/p>\n<p><strong>(20)<\/strong>\u00a0Apud Johannes Berger (ed.), Die Moderne-Kontinuitaten und Z\u00e4suren, Schwartz, G\u00f6ttingen, 1986, pp. 84y ss.<\/p>\n<p><strong>(21)<\/strong>\u00a0V\u00e9ase H. Glubrecht apud Gadmer y Vogler (eds.), Sozialanthropologie, Thieme, Stuttgart, 1972, p. 56.<\/p>\n<p>[\/et_pb_toggle][et_pb_toggle admin_label=\u00bbConmutador\u00bb title=\u00bbEl Bien y las Ciencias Sociales\u00bb open=\u00bboff\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb]<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Porfirio Miranda<\/strong><br \/>\nLa Jornada Semanal, No. 257; Mayo 15, 1994 pp; 32<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El espantajo que nos han estado agitando enfrente durante todo este siglo es la prohibici\u00f3n cientificista de los juicios morales, o sea la prohibici\u00f3n de expresiones como \u201cse debe hacer\u201d, \u201ces justo\u201d o \u201ces injusto\u201d. De nada ha servido se\u00f1alarles que ellos mismos est\u00e1n diciendo que algo no se debe hacer y que por tanto se contradicen. A s\u00ed mismo se lo permiten todo, aun la contradicci\u00f3n, y se han encastillado en la denuncia de la falacia naturalista, o sea en la observaci\u00f3n estrictamente l\u00f3gica de que un \u201cdebe\u201d no puede inferirse de un \u201ces\u201d y que, por tanto, un juicio moral no puede jam\u00e1s fundamentarse, ya que las premisas de toda demostraci\u00f3n tienen que ser constativas ( llevar \u201ces\u201d); y que lo que no se fundamenta es anticient\u00edfico.<\/p>\n<p>Es curioso: exigen que sigamos un proceso con exclusi\u00f3n de otros, pero a ese proceso ellos mismos lo llaman falacia. Son de sobra conocidas esas estrategias: consisten, como bien dice Taylor, en \u201cfijar las reglas del discurso en inter\u00e9s de una sola posici\u00f3n declarando incoherentes los enfoques concurrentes\u201d (1). De nada ha servido que MacIntyre haga constar:<\/p>\n<p>Llamar a un argumento falaz es siempre describirlo y evaluarlo. Resulta asaz parad\u00f3jico que la imposibilidad de deducir conclusiones evaluativas a partir de premisas factuales se haya presentado como una verdad de la l\u00f3gica cuando es precisamente en la l\u00f3gica donde esa coincidencia de descripci\u00f3n resulta m\u00e1s obvia\u201d (2).<\/p>\n<p>Digo que de nada han servido esos contrargumentos porque incluso autores tan opuestos entre s\u00ed como Habermas y H\u00f6sle (y podr\u00edamos citar muchos otros) se siguen mostrando irrecuperablemente impresionados por la denuncia de la falacia naturalista. Dice Habermas:<\/p>\n<p>Aclarado a partir de Hume, como cuesti\u00f3n de principio, el dualismo entre ser y deber, entre hechos y valores, significa que no es posible deducir de sentencias declarativas o enunciados sentencias prescriptivas o juicios de valor (3).<\/p>\n<p>Advi\u00e9rtase que en balance todo el sistema de Habermas, incluida la teor\u00eda consensual, parece motivado por dicha denuncia, pues es un intento (frustrado, en mi opini\u00f3n) por justificar los juicios morales sin recurrir a la realidad, a los hechos.<\/p>\n<p>Por otro lado, aunque rechaza el sistema habermasiano, declara:<\/p>\n<p>\u2026incluso quien no participa del escepticismo de Hume[&#8230;] deber\u00eda de todos modos reconocer que sus dos intuiciones, la de la imposibilidad de fundar en lo emp\u00edrico las categor\u00edas, y la de la imposibilidad de deducir de sentencias con es sentencias con debe, son dos duraderas haza\u00f1as intelectuales que le aseguran su lugar entre los grandes fil\u00f3sofos (4).<\/p>\n<p>No citemos otros, todos los autores parecen definitivamente impactados por la famosa denuncia. Pienso que ya es hora de agarrar el toro por los cuernos y responder en estricto rigor l\u00f3gico a ella. S\u00f3lo que antes conviene mencionar cinco temas extremadamente importante que, aunque se relacionan \u00edntimamente con el nuestro, no parecen haberse tenido en cuenta para nada.<\/p>\n<p>Por ejemplo, cuando dicen que no se puede fundamentar un juicio moral, \u00bfqu\u00e9 significa fundamentar? No querr\u00e1n referirse, supongo, a la deducci\u00f3n de una proposici\u00f3n singular desde una universal que, por ser universal, ya la contiene. Esa operaci\u00f3n es una mera tautolog\u00eda, no aumenta el conocimiento, solamente expl\u00edcita lo que ya estaba dicho. Que una proposici\u00f3n ha sido fundamentada s\u00f3lo puede significar que tengo obligaci\u00f3n de aceptarla. Lo moral ya est\u00e1 en la idea misma de distinguir entre lo fundamentado y lo no fundamentado. No es posible, con base en esa idea, excluir lo moral.<\/p>\n<p>Esto nos introduce en el segundo tema: la l\u00f3gica misma. Husserl ya hizo ver esto: no es que no podamos cometer contradicci\u00f3n, sino que no debemos. La posibilidad psicol\u00f3gica de que dos juicios opuestos existan en la misma mente, no es infrecuente descubrirla realizada en personas normales y aun en autores famosos. Dios Husserl:<\/p>\n<p>Erdmann interpreta la imposibilidad de negar las leyes del pensamiento como impracticabilidad de esta negaci\u00f3n. Pero [&#8230;] es imposible como ideal, en sentido ideal. Esta imposibilidad ideal no pugna en absoluto con la posibilidad real del acto de juicio negativo (5).<\/p>\n<p>El respetar el principio de contradicci\u00f3n es, como muy pocas, una obligaci\u00f3n moral, dado que, como percibamos en reflexi\u00f3n serena, aun a solas no obliga, no s\u00f3lo en el trato con los dem\u00e1s. La l\u00f3gica es una disciplina moral muy severa, no transige con nuestros antojos, puede incluso ir en contra de nuestro propio provecho. \u00bfEn qu\u00e9 est\u00e1n pensando, entonces, los que esgrimen la l\u00f3gica para excluir la moral?<\/p>\n<p>As\u00ed encontramos en nuestro tercer tema: la b\u00fasqueda de la verdad. Los denunciadores de la falacia naturalista dicen que es imposible saber si los juicios morales son verdaderos o falsos. \u00bfHabr\u00e1n reflexionado alguna vez lo que significa su propia exigencia de lo verdadero? Este an\u00e1lisis de Durkheim es un poco largo, pero muy pertinente:<\/p>\n<p>\u2026la vida l\u00f3gica supone que el hombre sabe, confusamente al menos, que existe una verdad distinta de las apariencias sensibles. M\u00e1s \u00bfc\u00f3mo ha podido llegar a esta idea? [&#8230;] nada hay en la experiencia inmediata que fuera capaz de sugerirla; todo lo contradice incluso. Ni el ni\u00f1o ni el animal tienen el m\u00e1s m\u00ednimo barrunto de ella. La historia muestra, por lo dem\u00e1s, que ha tardado siglos en brotar y constituirse. En nuestro mundo occidental fue con los pensadores griegos con quienes esa idea alcanz\u00f3 por primera vez una conciencia clara de s\u00ed misma y de las consecuencias que implica [&#8230;] Pero si en esa \u00e9poca qued\u00f3 expresada en f\u00f3rmulas filos\u00f3ficas, era necesario que estuviera ya presente en estado de un sentimiento oscuro (6).<\/p>\n<p>Hegel ya hab\u00eda descubierto ese origen religioso de la iniciativa de distinguir entre lo verdadero y lo falso:<\/p>\n<p>La religi\u00f3n es la conciencia de aquello que es lo verdadero, en su m\u00e1s pura e indivisa determinaci\u00f3n. Todo lo dem\u00e1s que se caracteriza como verdadero, es v\u00e1lido para m\u00ed en cuanto concuerda con su principio en la religi\u00f3n (7)<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s interesante es que Nietzsche, clarividente por odio, descubri\u00f3 lo mismo:<\/p>\n<p>\u2026tambi\u00e9n nosotros los actuales hombres del conocimiento, nosotros los ateos y anti-metafsicos, tambi\u00e9n nosotros extraemos nuestro fuego de aquella hoguera encendida por una fe milenaria, por aquella fe cristiana que fue tambi\u00e9n la fe de Plat\u00f3n, la creencia de que Dios es la verdad, de que la verdad es divina (8).<\/p>\n<p>Por supuesto, al repudiar la moral y la religi\u00f3n, Nietzsche tiene que repudiar la idea misma de distinguir entre lo verdadero y lo falso: \u201cNo es m\u00e1s que un prejuicio moral el que la verdad vale m\u00e1s que la apariencia\u201d (9). Este \u00faltimo texto afila nuestra cuesti\u00f3n: preferir la verdad es una decisi\u00f3n moral. Prejuicio moral, seg\u00fan Nietzsche. Me parece evidente que no puede justificarse nuestra exigencia de lo verdadero, si no es por un imperativo moral que todo hombre percibe. Por tanto, es auto-contradictorio rechazar lo moral en nombre de lo verdadero.<\/p>\n<p>Nuestro cuarto tema es: lo cient\u00edfico. Mencion\u00e1bamos que ciertos autores rechazan los juicios morales porque, dicen, no son cient\u00edficos. Me parece que subyace ingenuidad sobre lo que significa que algo es cient\u00edfico. En primer lugar notemos que el concepto de ciencia es y tiene que ser a priori; no puede recabarse generalizando lo que hacen las disciplinas llamadas ciencias. De ah\u00ed se sigue, como veremos en segundo lugar, que s\u00f3lo puede justificarse en t\u00e9rminos morales.<\/p>\n<p>Por una parte, todas las teor\u00edas de la ciencia que han publicado son a priori. Por ejemplo, seg\u00fan de C\u00edrculo de Viena, las leyes que la ciencia maneja se deben derivar l\u00f3gicamente de la observaci\u00f3n de los hechos; pero en verdad todas esas leyes son producto de un salto mental l\u00f3gicamente infundado; ning\u00fan n\u00famero finito de observaciones permite afirmar un \u201ctodos\u201d o un \u201csiempre\u201d, y que son palabras imprescindibles en la formulaci\u00f3n de una ley; nadie puede observar un \u201csiempre\u201d, s\u00f3lo observamos \u201calgunas veces\u201d. Pero no digamos leyes. Ni siquiera las pretendidas proposiciones observacionales (\u201cb\u00e1sicas\u201d) se justifican por sola observaci\u00f3n. Como dijo Boltzmann, \u201cno hay ni un solo enunciado que sea pura experiencia\u201d(10). Quien ante cierto animal individual dice tigre, dice mucho m\u00e1s de lo que est\u00e1 viendo. Esa palabra significa una especie de entes cuyo comportamiento, fisiolog\u00eda y anatom\u00eda se rigen por ciertas leyes que son distintas de las leyes que se refieren a otras especies. Sin ese contenido de las leyes la palabra tigre no tiene sentido. La teor\u00eda vienesa de la ciencia, que dice que \u00e9sta debe basarse en pura experiencia y l\u00f3gica, result\u00f3 ser a priori, pues la ciencia real no procede as\u00ed.<\/p>\n<p>Entonces surgi\u00f3 la teor\u00eda de Popper: observaciones emp\u00edricas no pueden justificar una ley universal pero s\u00ed pueden refutarla (falsarla); el car\u00e1cter cient\u00edfico de una ley o teor\u00eda consiste en que \u00e9sta sea refutable; lo cient\u00edfico est\u00e1 en abandonar las leyes que han sido refutadas por los hechos y sostener la que no ha sido refutada (mientras no sea refutada).<\/p>\n<p>De paso notemos que esta elucubraci\u00f3n es l\u00f3gicamente insostenible. No puede decirse que un aserto ha sido falsado (refutado) si el aserto que lo contradice no queda verificado al mismo tiempo; Popper mismo ocasionalmente escribi\u00f3: \u201cencontrar que un aserto es falso es lo mismo que encontrar que su negaci\u00f3n e verdadera\u201d (11). Si ninguna proposici\u00f3n es verificable, ninguna proposici\u00f3n es falsable. Y adem\u00e1s, la falsaci\u00f3n necesita que las leyes universales que Popper rechaza sean verdaderas, pues si no hay constancia en la natura, o sea si la natura no se rige por leyes universales, una proposici\u00f3n que hoy es falsada podr\u00eda ser verdadera ma\u00f1ana. Y adem\u00e1s, para falsar una proposici\u00f3n universal hay que cotejarla con una proposici\u00f3n b\u00e1sica y observacional, pero ya vimos, y Popper lo enfatiza, que ninguna proposici\u00f3n b\u00e1sica se justifica por mera observaci\u00f3n porque dice mucho m\u00e1s que lo que \u00e9sta contiene. Peor a\u00fan: Popper mismo reconoce que una o incluso varias proposiciones b\u00e1sicas sueltas no bastar\u00edan para falsar una teor\u00eda, sino que se necesita una hip\u00f3tesis emp\u00edrica que contradiga a la teor\u00eda y est\u00e9 corroborada por la experiencia (12). Pero la hip\u00f3tesis es proposici\u00f3n universal, de suerte que todos los elementos que Popper hab\u00eda rechazado, se necesitan para la falsaci\u00f3n popperiana; las sutilezas y malabarismos que Popper a\u00f1ade para tratar de distinguir entre corroboraci\u00f3n y verificaci\u00f3n son solamente s\u00edntoma de perplejidad.<\/p>\n<p>Pero dejemos eso. Lo que aqu\u00ed nos interesa es que, como ya demostraron los historiadores de la ciencia (Khn, Toulmin, Feyeraben y Lakatos), las disciplinas llamadas ciencias no proceden como Popper dice que deber\u00edan. Lakatos hace el balance:<\/p>\n<p>El criterio de Popper ignora la notable tenacidad de las teor\u00edas cient\u00edficas. Los cient\u00edficos tienen la piel gruesa. No abandonan una teor\u00eda simplemente porque los hechos la contradigan. Normalmente o bien inventan alguna hip\u00f3tesis de rescate para explicar lo que ellos llaman despu\u00e9s una simple anomal\u00eda o, si no pueden explicar la anomal\u00eda, la ignoran y centran su atenci\u00f3n en otros problemas (13)<\/p>\n<p>Siempre ha habido observaciones emp\u00edricas que contradicen la teor\u00eda en boga, incluso desde el momento en que \u00e9sta nace, no s\u00f3lo despu\u00e9s; los cient\u00edficos las califican como de poca monta y se dedican a cosas m\u00e1s interesantes, por ejemplo a extraer las consecuencias que de la teor\u00eda se siguen en los m\u00e1s diversos campos. La conducta real de los cient\u00edficos no es la que las teor\u00edas de la ciencia prescriben. Sobre la teor\u00eda la Lakatos no necesitamos hacerlo constar, puesto que \u00e9l mismo lo reconoce: \u201cDespu\u00e9s de todo, se debe admitir (pace Popper) que hasta ahora todas las leyes propuestas por los fil\u00f3sofos de la ciencia apriorista han resultado equivocadas seg\u00fan el veredicto de los mejores cient\u00edficos\u201d (14), \u201cla mayor\u00eda de los cient\u00edficos tienden a saber de la ciencia poco m\u00e1s que los peces de la hidrodin\u00e1mica\u201d (15)<\/p>\n<p>Dado que la ciencia real no es como ellas dicen, las teor\u00edas de la ciencia son a priori. Por otra parte, tambi\u00e9n el concepto de ciencia que el cient\u00edfico tiene es a priori. Observando sus propias acciones, un f\u00edsico puede decirnos lo que \u00e9l hace; pero cuando adem\u00e1s llama cient\u00edfico a eso, lo hace evidentemente en nombre de una idea preconcebida de lo que es cient\u00edfico, la cual podr\u00eda ser muy verdadera, pero es a priori. No puede generalizar a partir de todas sus propias acciones, pues a veces cuenta chistes, a veces habla de la guerra en Bosnia, etc\u00e9tera; tendr\u00eda que seleccionar \u00fanicamente las pertinentes, para generalizar s\u00f3lo a partir de ellas; pero para seleccionar necesita un concepto que lo gu\u00ede; por tanto el concepto de ciencia lo tiene desde antes; es a priori.<\/p>\n<p>Un extra\u00f1o que pretendiera obtener por generalizaci\u00f3n el concepto de ciencia, tropezar\u00eda despu\u00e9s con la misma dificultad, pero antes con la de averiguar qui\u00e9nes, de entre todos los hombres, son cient\u00edficos. La dian\u00e9tica y la Christian Science y la astrolog\u00eda y algunas charlataner\u00edas proclaman ser ciencia; para negarles ese t\u00edtulo, nuestro generalizador necesita tener un concepto a priori de lo que es cient\u00edfico. Los t\u00edtulos universitarios no bastan, pues hay muchos charlatanes con t\u00edtulo universitario. Y como si esa dificultad fuera poca, despu\u00e9s de identificar a los cient\u00edficos tendr\u00eda que seleccionar entre las acciones de \u00e9stos, pues no todas ellas son ciencia. Ni siquiera todo lo que est\u00e1 en los tratados podr\u00eda servir de base para la generalizaci\u00f3n, pues en los tratados hay tambi\u00e9n met\u00e1foras, iron\u00edas, excursos anecd\u00f3ticos, alusiones personales, incisos, historias de un descubrimiento fortuito, incluso argumentaciones mitol\u00f3gicas (Cop\u00e9rnico, Kepler, Newton mismo). Y si nuestro generalizador les pregunta a los cient\u00edficos mismos cu\u00e1les de sus acciones son ciencia, ellos quiz\u00e1 se lo digan, pero bas\u00e1ndose en un concepto a priori, como ya se\u00f1al\u00e1bamos; el generalizador simplemente habr\u00eda aceptado por autoridad el concepto a priori que el f\u00edsico le transmite.<\/p>\n<p>En segundo lugar, pues, tenemos la gran pregunta: si la idea de lo que es cient\u00edfico no se basa ni se puede basar en la conducta real de las ciencias, \u00bfc\u00f3mo justifica esa idea los preceptos metodol\u00f3gicos que da? Evidentemente los justifica pensando que ese m\u00e9todo es el \u00fanico compatible con la honradez intelectual. Por ejemplo, cuando Popper prescribe que se abandone una teor\u00eda en el momento en que la experiencia la contradiga, es porque le parece que lo contrario ser\u00eda deshonestidad intelectual. Una idea apriorista de la ciencia ( y todas son aprioristas) no tiene otra manera de justificarse. Popper reconoce: \u201cTenemos que aprender la elecci\u00f3n de que la honestidad intelectual es fundamental para todo lo que queremos realizar\u201d (16). Y Lakatos refiri\u00e9ndose a su propio m\u00e9todo: \u201cEl falsacionismo metodol\u00f3gico sofisticado ofrece nuevos criterios de honestidad intelectual\u201d (17).<\/p>\n<p>La cientificidad sustancialmente consiste en honradez; s\u00f3lo se discute sobre cu\u00e1les m\u00e9todos son los que mejor encarnan esa honradez. Ahora bien, \u00bfpuede haber algo m\u00e1s intensamente moral que la obligaci\u00f3n de honradez intelectual? Y entonces \u00bfen qu\u00e9 est\u00e1n pensando los que quieren expulsar la moral en nombre de la ciencia?<\/p>\n<p>Nuestro quinto tema es ya introducci\u00f3n directa a la respuesta en forma que daremos contra la denuncia de la falacia naturalista. El tema es el concepto de lo real, de lo existente, del ser. Los denunciadores dicen que de un hecho real, no se puede inferir un deber. \u00bfSe habr\u00e1n alguna vez preguntado qu\u00e9 es eso de real y cu\u00e1l es el origen de esa idea? La filosof\u00eda tradicional, e incluso la m\u00e1s exigentemente empirista como es la de Hume, Carnap y Popper, ya hizo notar que el origen no es emp\u00edrico, que los sentidos no perciben el ser, lo real en cuanto tal. Dice muy bien Santo Tom\u00e1s: \u201cAunque hay ser en las cosas sensibles, sin embargo el ser en cuanto tal, la formalidad de ser, el sentido no la aprehende, [&#8230;] sino s\u00f3lo aprehende los accidentes sensibles\u201d (18). Plat\u00f3n hab\u00eda dicho: \u201cAprehender el ser [&#8230;] es posible, seg\u00fan parece, en el razonamiento, imposible en la sensaci\u00f3n\u201d (19). Igualmente Arist\u00f3teles, distinguiendo entre los sensibles y los inteligibles, dice: \u201clos inteligibles como el uno y el ser\u201d (20). Tambi\u00e9n Kant lo not\u00f3: \u201cel ser de un objeto real fuera de m\u00ed [&#8230;] nunca est\u00e1 dado en la percepci\u00f3n, sino que s\u00f3lo puede a\u00f1adirlo el pensamiento a la percepci\u00f3n\u201d (21). Y Hegel cortante: \u201cel ser no puede verlo, o\u00edrlo, etc\u00e9tera\u201d (22). La raz\u00f3n es muy obvia: si s\u00f3lo percibi\u00e9ramos colores, sonidos, temperaturas, etc\u00e9tera, nunca se nos habr\u00eda ocurrido la idea del ser, la idea de que algo es real; no niego ahora que el objeto es real, s\u00f3lo digo que los sentidos no saben de eso, no se meten en metaf\u00edsica.<\/p>\n<p>Hume hace la misma observaci\u00f3n: \u201caunque toda impresi\u00f3n o idea que recordamos sea considerada como existente, la idea de existencia no se deriva de ninguna impresi\u00f3n particular\u201d(23). Y Carnap propone una demostraci\u00f3n bien clara: Supongamos que dos ge\u00f3grafos, cada uno por su cuenta, hicieran un estudio exhaustivo de una monta\u00f1a en \u00c1frica; y supongamos que, aparte de su capacidad como ge\u00f3grafos, el uno profesara filosof\u00eda realista y el otro filosof\u00eda idealista; los reportes finales que entreguen coincidir\u00e1n en los detalles emp\u00edricamente constatables, pero al mismo tiempo uno de los ge\u00f3grafos estar\u00e1 convencido de que la monta\u00f1a existe realmente y el otro de que es mera apariencia; sobre este punto no podr\u00edan ponerse de acuerdo por medio de datos emp\u00edricos, ya que, precisamente, en todo lo emp\u00edrico coinciden. Lo real en cuanto tal no es dato sensible. Este descubrimiento epistemol\u00f3gico icontrovertible; en el cual por lo dem\u00e1s concuerdan los fil\u00f3sofos m\u00e1s inteligentes de la humanidad, es el parteaguas; ah\u00ed se decide todo.<\/p>\n<p>La m\u00e1s inmediata consecuencia de \u00e9l es que la idea de real se origina en la introspecci\u00f3n, puesto que las impresiones no pueden contener ese dato. Desde luego, introspecci\u00f3n es una expresi\u00f3n metaf\u00f3rica; lo que queremos decir es auto-conciencia. Primordialmente \u201creal\u201d significa esp\u00edritu, pues eso es lo que captamos por introspecci\u00f3n. El esp\u00edritu consiste en caer en la cuenta, en el hecho mismo de darnos cuenta; de darnos cuenta de nosotros mismos o de las cosas o de lo que sea. No es algo que primero exista y despu\u00e9s caiga en la cuenta de que existe, sino que su existir es precisamente el caer en cuenta, el percatarse, el conocer mismo (24). Como constat\u00f3 Arist\u00f3teles, \u201cel ser es percatarse o pensar\u201d (25) \u201cla mente no es de hecho nada antes que piense\u201d (26), \u201d no tiene existencia actual antes de pensar\u201d (27). O como dijo Hegel: \u201cSi quitamos el pensar, ya no existe el alma\u201d (28), \u201cyo existo como esp\u00edritu solamente en cuanto me s\u00e9\u201d( 29), \u201clo que llamamos alma, lo que llamamos yo, es el concepto mismo en su libre existencia\u201d (30)<\/p>\n<p>El error del materialismo ha sido el decir despectivamente: todo eso son puras ideas. Pero el decir eso demuestra que ya entendi\u00f3: el esp\u00edritu es el concepto mismo, el pensar en cuanto tal, las vivencias, la vida misma interior de todo lo que sucede en el percatamiento y toma de conciencia (incluida la obligaci\u00f3n moral). El error es creer que esas cosas son menos reales que las piedras. Una pareja cuyo enamoramiento no se reduzca a sexo (y en la mayor\u00eda de las parejas no se reduce) sabe perfectamente que su maravilloso entendimiento mutuo e intercambio de vivencias son puras ideas; pero para esa pareja todo eso es m\u00e1s real que el piso y que las paredes. Y s\u00f3lo podr\u00eda negar el car\u00e1cter real de esa vida quien hubiera obtenido de las impresiones sensoriales el concepto de lo real; pero ya vimos que \u00e9stas no contienen ese dato; el origen, el significado mismo de \u201creal\u201d es el esp\u00edritu percibido en auto-conciencia. Cuando a otras cosas las llamamos reales, lo hacemos translaticia, derivada y disminuidamente. No tiene nada de extra\u00f1o: es obvio que para el yo no hay nada tan real como el yo; de ah\u00ed derivan las otras cosas denominaciones de real (31).<\/p>\n<p>As\u00ed se explica el hecho, tremendamente llamativo, de que en 25 siglos nadie haya podido definir materia de manera que se distinga de la nada, pues en verdad s\u00f3lo puede definirse como \u201clo que no es esp\u00edritu\u201d pero esa definici\u00f3n conviene tambi\u00e9n a la nada, Los f\u00edsicos de hoy dicen: \u201cEl mejor pensamiento actual no pretende que las part\u00edculas no est\u00e1n constituidas por espacio y tiempo\u201d (32). O sea que la materia es espacio. Pero el espacio es el vac\u00edo de la nada. Por su parte, la definici\u00f3n aristot\u00e9lica dice: \u201cNi algo, ni tal, ni tanto, ni determinaci\u00f3n alguna de lo real.\u201d Puras negaciones. Pero a punta de negaciones lo \u00fanico que se obtiene es la nada. Donde no hay un contenido positivo, lo que hay es nada. Por otra parte, quienes definen materia como lo que ocupa lugar en el espacio, en primer lugar olvidan que preguntamos qu\u00e9 es, no d\u00f3nde est\u00e1; y en segundo lugar olvidan que una regi\u00f3n determinada del espacio del tama\u00f1o de un bal\u00f3n de B\u00e1squet) tambi\u00e9n ocupa lugar en el espacio; de suerte que esa definici\u00f3n no logra distinguir entre la materia y el espacio; pero el espacio es la nada.<br \/>\nEs in\u00fatil que sigan intentando definir materia: como el significado de \u201creal\u201d es el esp\u00edritu, cualquier definici\u00f3n de materia tendr\u00e1 que identificar a \u00e9sta con la nada. En ese amor por la nada, en ese estar cautivados por la nada coinciden el materialismo occidental y las religiones orientales. El nirvana ya entendi\u00f3 que la realidad consiste en los actos del esp\u00edritu; quiere suprimir \u00e9stos para as\u00ed aniquilar la realidad y llegar a la nada. El materialismo es m\u00e1s radical: se instala en la nada desde el principio.<\/p>\n<p>Ahora s\u00ed, respondamos en forma a los denunciadores de falacia naturalista. La denuncia dice: de una existencia real no se puede inferir un deber. Respondo: excepto si se trata de la existencia real del deber. En ese caso inferimos desde el deber, y por tanto no hay paso l\u00f3gico ileg\u00edtimo; pero desde un deber que es realidad.<\/p>\n<p>Para el com\u00fan de los mortales el Imperativo de no matar es de las cosas m\u00e1s reales que existen. Qu\u00e9 concepto extravagante de real necesita tener el que dice que no es real la obligaci\u00f3n de no matar. El prejuicio es flagrante: nunca estoy obligado realmente. Se figuran que s\u00f3lo es real una entidad que se toque con las manos. Nada es m\u00e1s f\u00e1cil que denunciar un deber como inexistente: todo lo que tienes que hacer es fijar un significado convenientemente estrecho de \u201cexistente\u201d, y pronto encontrar\u00e1s que ning\u00fan deber te parece existente. Una descripci\u00f3n que dice \u201ccruel\u201d (no se debe hacer) tiene tanto derecho al t\u00edtulo de proposici\u00f3n b\u00e1sica como una que hable del tama\u00f1o del bistur\u00ed del torturador. \u00bfQui\u00e9nes son los cientificistas para dogmatizar qu\u00e9 cosas son reales y qu\u00e9 cosas no? \u00a1C\u00f3mo lo saben? En las impresiones sensibles no est\u00e1 ese dato.<\/p>\n<p>Enf\u00e1ticamente advi\u00e9rtase que la discusi\u00f3n no versa ni sobre la conducta (la cual puede discrepar del deber) ni sobre la compulsi\u00f3n o constricci\u00f3n, en la cual se incluye la perspectiva de premio o castigo. La inmoralidad existe, y tambi\u00e9n el premio y castigo, pero de hecho eso no tiene que ver con el Imperativo. Tal vez lo que sucede es que algunos s\u00f3lo pueden concebir a Dios como remunerador. Pero eso es confundir lo condicionado con lo categ\u00f3rico. El imperativo moral no dice: si quieres esto haz aquello. Dios simplemente: no matar\u00e1s, no enga\u00f1ar\u00e1s, no lastimar\u00e1s. Y esto no es purismo Kantiano: cuando percibo el \u201cno lastimar\u00e1s\u201d, de ninguna manera estoy pensando en premio o castigo. Si algunos se figuran que ese Imperativo no es Dios, es porque creen que la palabra de Dios significa un se\u00f1or con barbas.<\/p>\n<p>Prescindiendo de eso repito: no se trata ni de la conducta ni de la constricci\u00f3n. Se trata del deber en cuanto tal. No creo que el esc\u00e9ptico niegue que hay exigencias \u00e9ticas; lo que niega es que obliguen. Lo \u00fanico que la fundamentaci\u00f3n de la moral tiene que demostrar es que obligan. Y bien, el hecho mismo de que el esc\u00e9ptico distingue entre que hay exigencias \u00e9ticas y que ellas obliguen demuestra que tiene el contenido de la idea de obligaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l es el origen de ese contenido? No puede ser otro que el hecho de que percibe o alguna vez percibi\u00f3 que lo obligaban. Por tanto la obligaci\u00f3n existe, puesto que la percibi\u00f3.<\/p>\n<p>Explicar por influencia de la sociedad el origen de la idea de obligaci\u00f3n es, o bien volver a confundir lo categ\u00f3rico con lo condicionado, o bien retrotraer el problema, pues \u00bfde d\u00f3nde sacaron los otros hombre, los que me influyen, el contenido de la idea de obligaci\u00f3n? Pero sobre todo hay esto: cuando me dijeran la palabra obligaci\u00f3n yo no entender\u00eda absolutamente nada si no tuviera en mi auto-conciencia ese contenido. Hume es buen testigo:<\/p>\n<p>\u2026si los hombres no tuvieran un sentimiento natural de aprobaci\u00f3n y reproche, nunca habr\u00eda podido ser suscitado por los pol\u00edticos; ni las palabras laudable y encomiable, reprobable y abominable ser\u00edan para nosotros m\u00e1s inteligibles que si pertenecieran a una lengua perfectamente desconocida (33).<\/p>\n<p>Vengamos ahora a lo m\u00e1s espec\u00edfico de las ciencias sociales. En primer lugar, el parteaguas epistemol\u00f3gico supradicho le quita toda la base a la prohibici\u00f3n metodol\u00f3gica de estudiar lo que los actores sociales piensan y viven por dentro; un tal m\u00e9todo equivale a prohibir el estudio de la realidad y a mandar que se estudie apariencias carentes de entidad.<\/p>\n<p>T\u00e9ngase muy presente que la blasonada comprobabilidad universal e intersubjetiva de lo emp\u00edrico es un auto-enga\u00f1o perspicuo. S\u00f3lo son emp\u00edricos unos cuantos actos de comprobaci\u00f3n por otras personas; pero \u201cuniversal\u201d significa que todas las personas podr\u00edan venir y ver; los actos comprobatorios de las otras personas el presunto empirista se los imagina por introspecci\u00f3n; son una suposici\u00f3n. Reflexionando sobre s\u00ed mismo imagina c\u00f3mo reaccionar\u00e1 todo hombre ante cierto dato que \u00e9l tiene delante y qu\u00e9 frase debe todo hombre usar para describir el dato si es honrado. Se trata de una suposici\u00f3n te\u00f3rica sobre las leyes fisiol\u00f3gicas de los \u00f3rganos sensoriales del hombre y de una suposici\u00f3n moral sobre la honradez intelectual de los hombres. Como reconoce el positivista Hempel, \u201cel t\u00e9rmino verificabilidad indica, por supuesto, la concebibilidad, mejor dicho, la posibilidad l\u00f3gica de evidencia conclusiva para la sentencia dada\u201d (34). El concebir, al que alude Hempel, es evidentemente un acto introspectivo. Descartaban lo introspectivo en nombre de la comprobabilidad, y he aqu\u00ed que \u00e9sta es introspectiva.<\/p>\n<p>Los esfuerzos behavioristas o carnapianos por eliminar los t\u00e9rminos morales o introspectivos \u201ctraduci\u00e9ndolos\u201d en t\u00e9rminos de conducta emp\u00edrica, tambi\u00e9n son un frasco. Dice bien Scriven:<\/p>\n<p>\u2026aun grandes n\u00fameros de ejemplos de dar limosna a la Iglesia o a los institutos de investigaci\u00f3n del c\u00e1ncer no bastan para decir fundadamente que alguien es generoso [&#8230;] Es perfectamente posible que el car\u00e1cter de esa persona haga completamente irrelevantes las evidencias que nos sirven de base si por ejemplo la persona es p\u00eda o tiene miedo de agarrar c\u00e1ncer (35).<br \/>\nEl significado de \u201cgeneroso\u201d s\u00f3lo puede conocerse por introspecci\u00f3n; las conductas pueden deberse a otras causas. Y por el otro lado, como Brodeck se\u00f1ala, el behaviorista tiene \u201cque escoger entre una variedad casi infinita de s\u00edntomas aquellos que confiablemente pueden ser usados para definir el t\u00e9rmino en cuesti\u00f3n (36). No s\u00f3lo el s\u00edntoma que escoja puede deberse a otras causas; adem\u00e1s, nunca podr\u00e1 el behaviorista justificar por qu\u00e9 escoge \u00e9se.<\/p>\n<p>Y hay algo peor: aun para intentar la justificaci\u00f3n tendr\u00eda que apelar el significado que introspectivamente tiene la palabra \u201d bondadoso\u201d, por ejemplo. Si la conducta de ayudar a un ciego a cruzar la calle ser\u00eda candidato plausible como \u201ctraducci\u00f3n\u201d mientras el alzar el pu\u00f1o crispado o el pitar bruscamente con la bocina no lo ser\u00edan, es porque el behaviorista se est\u00e1 remitiendo a lo que introspectivamente entendemos por bondadoso. Primero entendemos qu\u00e9 significa \u201cbondadoso\u201d, y despu\u00e9s buscamos alg\u00fan dato emp\u00edrico a ver si de alguna manera corresponde con lo que entendemos. De suerte que aun el intento de eliminar lo mental\u00edstico se basa en lo mental\u00edstico.<\/p>\n<p>Todos sus objetos de estudio se les escapan a las ciencias sociales si no recurren a lo mental\u00edstico. Que cierta unidad abstracta es la moneda de un pa\u00eds, consiste en que los habitantes est\u00e1n convencidos de que eso es lo que vale; donde el decreto legal no consigue mantener ese convencimiento (como en Alemania en 1923), dicha unidad deja de ser moneda. Que cierto hombre es coronel, consiste en que los soldados creen que ese se\u00f1or tiene mando; donde el decreto de la autoridad no logra mantener esa creencia (como en Rusia en 1917), ese se\u00f1or deja de tener mando pese a las insignias visibles. Ninguna instituci\u00f3n o pr\u00e1ctica es identificable como objeto de estudio si se prescinde de lo mental\u00edstico; los detalles emp\u00edricos que quiz\u00e1 la acompa\u00f1an no son ni un\u00edvocos ni \u00fanicos ni suficientes; no podr\u00edan \u201ctraducirla\u201d ni mucho menos sustituirla; una tal traducci\u00f3n omitir\u00eda precisamente lo que para los actores es real. En ciencia social lo que no existe desde la perspectiva de los participantes, no existe del todo.<\/p>\n<p>Pero demos el \u00faltimo paso, el decisivo: para identificar su objeto de estudio las ciencias sociales no s\u00f3lo necesitan lo introspectivo en general, necesitan espec\u00edficamente lo moral.<\/p>\n<p>Todo gira en torno al juicio por el que llamamos racional a algo o a alguien. Por lo que vimos en los cuatro primeros temas queda claro que no logran su objetivo quienes intenten escamotear el car\u00e1cter moral del adjetivo \u201cracional\u201d traduci\u00e9ndolo por \u201cfundado\u201d o por \u201d l\u00f3gico\u201d o por \u201cverdadero\u201d o por \u201ccient\u00edfico\u201d. Espec\u00edficamente para las ciencias sociales Weber introdujo una racionalidad castrada: racional es poner los medios que sirven para cierto fin, sea el fin el que fuere. Como el elegir entre los fines es juicio moral, queda excluido del contenido de esa extra\u00f1a racionalidad weberiana que pone cara dura ante el hecho obvio de que, si el fin es irracional, el dirigirnos hacia ese fin por los medios que sean es irracional tambi\u00e9n. Evidentemente, Weber no se dio cuenta de que comet\u00eda un inmenso juicio valoral al llamar racional a eso. No comprendo c\u00f3mo se le ocult\u00f3 que en ese plan caprichoso es posible concebir muy diferentes clases de racionalidad; y si \u00e9l prefiere una, ejecuta juicio moral flagrantemente; su pretendida neutralidad no existe. Y de hecho resulta muy curioso que su racionalidad coincida con la de los empresarios.<\/p>\n<p>Es fundamental caer en la cuenta de esto: el cient\u00edfico social no puede identificar una formaci\u00f3n social de cualquiera sin implicar que dura cierto tiempo y que funciona; pero decir que funciona, necesariamente es decir que funciona bien en alg\u00fan grado; por ejemplo, un conglomerado de hombres en el que reinaran la inseguridad y el peligro mutuos no podr\u00eda decirse que funciona; tiene que haber alg\u00fan grado de \u201corden\u201d; pero juzgar que hay orden en una evaluaci\u00f3n; tan lo es que admite grados; no veo c\u00f3mo pueda decirse que un grupo funciona, si no reina alg\u00fan grado de moralidad entre sus integrantes. Si la raz\u00f3n no encontrara algo consent\u00e1neo con ella, algo racional; en una formaci\u00f3n social, no podr\u00eda afirmar que esa formaci\u00f3n funciona; pero entonces podr\u00eda discernirla como objeto de estudio; la pasar\u00eda por alto como \u201cruido\u201d, como pasamos por alto toda la barah\u00fanda de hechos inconexos que existe en nuestro entorno, a los cuales tenemos que negarles importancia si queremos captar alg\u00fan objeto de estudio.<\/p>\n<p>Ahora bien, tratando de disimular el juicio valoral, algunos cient\u00edficos sociales optan por minimalismo; se contentan con el hecho de que ese conglomerado sobrevive; esto les parece desprovisto de juicio de valor, al fin y al cabo tambi\u00e9n los animales sobreviven. Pero evidentemente suponen que es bueno que sobreviva un grupo humano, que es bueno que sobreviva ese grupo humano; cosa que, por cierto, no faltar\u00e1 alg\u00fan racista que la niegue. Si el soci\u00f3logo no valuara as\u00ed la sobrevivencia humana y esa sobrevivencia concreta, su atenci\u00f3n no se fijar\u00eda en la formaci\u00f3n social en cuesti\u00f3n, la desapercibir\u00eda como \u201cruido\u201d, no habr\u00eda identificado su objeto de estudio. Pero adem\u00e1s: \u00bfles parece que no es un juicio moral el tener por bueno que el hombre sobreviva como animal?<\/p>\n<p>Lo es, y falso por cierto. Las ciencias sociales dependen, para identificaci\u00f3n de su objeto de estudio, de su capacidad de identificar al hombre, al ente racional. Los hormigueros y las manadas no son objeto de estudio de las ciencias sociales. Las formaciones sociales lo son, pero precisamente en la medida en que se trate del hombre.<\/p>\n<p>Para identificar al hombre la ciencia tiene que localizar alg\u00fan ente que merezca el apelativo de racional. En otro art\u00edculo (37), mencion\u00e9 el fracaso en que han ido a parar todos los intentos de distinguir entre el hombre y el primate por datos f\u00edsicos. A\u00f1adamos aqu\u00ed que subyac\u00eda una irreflexi\u00f3n muy parecida a la que acabamos de se\u00f1alar en las \u201ctraducciones\u201d behavioristas y carnapianas. No quer\u00edan reconocer que primero distingu\u00edan entre el hombre y el animal por otros medios (por racionalidad) y despu\u00e9s buscaban en el hombre datos f\u00edsicos que esperablemente no se encontrar\u00edan en el animal. En el af\u00e1n por descubrir tales rasgos se lleg\u00f3 francamente al rid\u00edculo: como Blumenbach que proclamaba el l\u00f3bulo de la oreja como lo decisivo, o como Morgan y Engels que proclamaban el pulgar oponible. Por supuesto que ya se encontraron primates con l\u00f3bulo y marsupiales con pulgar oponible; pero aunque no se hubiera encontrado, es obvio que, tanto para proponer esa caracter\u00edstica como para declararla fracasada, primero tuvieron que identificar al hombre por su racionalidad. Y si el d\u00eda menos pensado se encontraran un gorila con 750 cm3 de masa encef\u00e1lica (hasta hoy han hallado s\u00f3lo de 685), los fisicalistas no sabr\u00edan qu\u00e9 hacer. Mejor dicho, sabr\u00edan muy bien qu\u00e9 hacer. Mejor dicho, sabr\u00edan muy bien qu\u00e9 hacer: averiguar si ese ente merece el calificativo de racional o no. Que es en realidad lo que siempre han estado haciendo, y todos los fisicalismos han sido maniobras infantiles para disimularlo.<\/p>\n<p>Pero la racionalidad weberiana, poner medios adecuados para el fin, tampoco sirve para marcar la diferencia, pues la telara\u00f1a, el panal, el nido de las aves (cuya textura es una trama que no se encuentra en la naturaleza circundante) y el palito de tama\u00f1o no natural, sino cortado de una vara m\u00e1s grande, con que el oso hormigu\u00edvoro escarba en el hormiguero, son medios perfectamente adecuados para el fin. Los dos primeros son incluso instrumento mucho m\u00e1s refinados que los del hombre primitivo. As\u00ed se descarta tambi\u00e9n el intento de paleont\u00f3logos y antrop\u00f3logos ( y de Marx) de fijar el inicio de la etapa humana de la evoluci\u00f3n donde haya instrumentos. Lo humano empieza indudablemente muchos milenios despu\u00e9s, ya que aun con apariencia neandertalescas puede un semoviente haber sido simple animal. La racionalidad incluye actitud moral de unos con otros, pues la racionalidad weberiana no permite distinguir entre sociolog\u00eda y zoolog\u00eda. No sabemos cu\u00e1ndo empez\u00f3 el hombre, pero fue hace muy poco ciertamente.<\/p>\n<p>Puesto que el hombre no es f\u00edsicamente constatable, lo que no sea racional cae fuera de la historia del hombre. Como cient\u00edfico social no puedo incluir un hecho en mi objeto de estudio si no demuestro que en alg\u00fan sentido ese hecho es racional; pero entonces estoy obligado a justificar mi concepto de racionalidad. Y lo m\u00e1s grave es que la racionalidad es un concepto gradual: si llamo racional a un depravado que no respeta las vidas de sus semejantes, en parte miento, lo cual es anti-cient\u00edfico; pero no puedo refugiarme en minimalismo (racionalidad weberiana) porque as\u00ed no puedo distinguir entre el hombre y el animal. Sostener que la historia no tiene una meta hacia la cual debe luchar por llegar implica sostener que la humanidad as\u00ed como est\u00e1 es racional, lo cual en parte es mentira; pero en la ciencia no se permite mentir. Mientras no haya justicia, la palabra racionalidad no se justifica de veras. Al llamar racional a algo cient\u00edfico social tiene que hacer constar que lo que hoy tenemos no es suficientemente racional y que, por tanto, estamos obligados a luchar por la justicia.<\/p>\n<p>La \u00fanica justificaci\u00f3n posible de los juicios morales es la demostraci\u00f3n de la existencia real del imperativo (cfr. supra), pero ese Imperativo no permite definir justicia de cualquier manera, sino le confiere un significado preciso: toda persona tiene dignidad infinita, es fin y no medio, sujeto y no objeto. Por tanto, s\u00f3lo se justifica la palabra racionalidad cuando todas las personas sean respetadas en su dignidad infinita.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas:<\/p>\n<p><strong>(1)<\/strong>\u00a0Charles Taylor, Die Motive einer Verfahrensethik, pp. 101-135, apud Wolfgang Kuhlmann, ed., Moralit\u00e4t und Sittlichkeit; Frankfurt, 1986, p. 109.<\/p>\n<p><strong>(2)<\/strong>\u00a0Alasdair MacIntyre, Against the Self Images of the Age, Londres, 1971, p.258.<\/p>\n<p><strong>(3)<\/strong>\u00a0J\u00fcrgen Habermas, Legitimationsprobleme in Sp\u00e4tkapitalismus, Frankfurt, 1977, p. 140.<\/p>\n<p><strong>(4)<\/strong>\u00a0Vittorio H\u00f6sle, Die Krisis der Gegenwart und die Verantwortung der Philosophie, Munich, 1990, p.29.<\/p>\n<p><strong>(5)<\/strong>\u00a0Edmund Husserl, Investigaciones l\u00f3gicas, 2 vols., trad. de Manuel Grac\u00eda Morente y Jos\u00e9 Gaos, Madrid, 1985, I, p. 129s.<\/p>\n<p><strong>(6)<\/strong>\u00a0Emile Durkheim, Les formes \u00e9l\u00e9mentaires de la vie religieuse, Par\u00eds, 1968, pp. 622s.<\/p>\n<p><strong>(7)<\/strong>\u00a0G. W. F. Hegel, Die Vernunft in der Geschichte, Hamburgo, 1980, p. 125.<\/p>\n<p><strong>(8)<\/strong>\u00a0Friedrich Nietzsche, genealog\u00eda de la moral, Hamburgo, 1980, p. 125.<\/p>\n<p><strong>(9)<\/strong>\u00a0Id., jenseits von Gut und B\u00f6se, n\u00fam. 34, trad. por Heidegger en su Nietzsche, II, p. 119.<\/p>\n<p><strong>(10)<\/strong>\u00a0Citado por Paul Feyerabend apud Feigl y Maxwell, eds. gen., Minesota Studies in the Philosophy of Science, IV, 1969, p. 113.<\/p>\n<p><strong>(11)<\/strong>\u00a0Karl Popper, Objective Knowledge, Oxford, 1973, p. 13.<\/p>\n<p><strong>(12)<\/strong>\u00a0Ibid., The Logico of Scientific Discovery; NuevaYork, 1968, p. 86s.<\/p>\n<p><strong>(13)<\/strong>\u00a0Imre Lakatos, La metodolog\u00eda de los programas de investigaci\u00f3n cient\u00edfica, trad. de Juan Carlos Zapatero, Madrid, 1989, p. 12s.<\/p>\n<p><strong>(14)<\/strong>\u00a0Ibid., p. 177.<\/p>\n<p><strong>(15)<\/strong>\u00a0Ibid., p. 84, nota 212.<\/p>\n<p><strong>(16)<\/strong>\u00a0Karl Popper, the Open Society and its Enemies, 2 vols., Londres, 1974, II, p. 59.<\/p>\n<p><strong>(17)<\/strong>\u00a0Op. cit., p.53.<\/p>\n<p><strong>(18)<\/strong>\u00a0I Sent 19,5,1 ad sextum.<\/p>\n<p><strong>(19)<\/strong>\u00a0Teeteto 186 D. v\u00e9ase tambi\u00e9n Fed\u00f3n 65 C y Fedro 247 C.<\/p>\n<p><strong>(20)<\/strong>\u00a0Metafisica XII 107Ob 7.<\/p>\n<p><strong>(21)<\/strong>\u00a0Kritik der reinen Vernunft, A367.<\/p>\n<p><strong>(22)<\/strong>\u00a0Geschichte der Philosophie, 3 vols., Frankfurt, 1975, I, p. 517.<\/p>\n<p><strong>(23)<\/strong>\u00a0Tratado, III, III, i.<\/p>\n<p><strong>(24)<\/strong>\u00a0La definici\u00f3n cl\u00e1sica de la verdad, \u201cconocimiento verdadero es el que concuerda con la realidad\u201d, tiene dos fallas pero remediables: primero, impl\u00edcitamente supone que el conocimiento no es realidad; y segundo, define lo m\u00e1s conocido (conocimiento) por aquello (realidad) que s\u00f3lo podemos conocer mediante lo que se trataba de definir. Si tenemos presente que el conocimiento es lo m\u00e1s real que hay, corregimos ambas fallas, En vez de concordancia afirmamos identidad del conocimiento y de la realidad. Quien objetara solipsismo estar\u00eda suponiendo que lo real queda \u201cfuera\u201d de la mente; pero \u00e9sa es una expresi\u00f3n sin sentido, pues la mente no es entidad espacial. (Con esta nota puntualizo lo que en Apelo a la raz\u00f3n dije sobre la teor\u00eda cl\u00e1sica).<\/p>\n<p><strong>(25)<\/strong>\u00a0Eth Nic., IX, IX, 9.<\/p>\n<p><strong>(26)<\/strong>\u00a0De anima, 429 b 32.<\/p>\n<p><strong>(27)<\/strong>\u00a0Ibid., 429a 24.<\/p>\n<p><strong>(28)<\/strong>\u00a0Op. cit. (en nota 22), II, p. 48.<\/p>\n<p><strong>(29)<\/strong>\u00a0Ibid., I, p. 51.<\/p>\n<p><strong>(30)<\/strong>\u00a0Asthetik, 2 vols., Stuttgart, 1971, I, p. 175.<\/p>\n<p><strong>(31)<\/strong>\u00a0Como Kant hizo ver, la autoconciencia es la esencia de todo percatamiento y su condici\u00f3n de posibilidad. La intersubjetividad, que est\u00e1 en el origen de la subjetividad, no impide que \u00e9sta se ponga a existir de veras.<br \/>\nComo el \u201cinter\u201d no es local, como no es espacial, la intersubjetividad, Habermas y Apel pasan por alto el car\u00e1cter ontico espec\u00edfico de la entidad llamada esp\u00edritu, sea intersubjetiva o no. Para que \u201cintersubjetivo\u201d tenga alg\u00fan sinificado, se requiere que antes \u201csubjetivo\u201d lo tenga. Cierto, el esp\u00edritu es una entidad bipolar (o multipolar), pero es autoproductiva, pues s\u00f3lo existe en la medida en que cae en la cuenta.<\/p>\n<p><strong>(32)<\/strong>\u00a0E. F. Taylor y J. A. Wheeler, Spacetime Physics, San francisco, 1966, p. 193.<\/p>\n<p><strong>(33)<\/strong>\u00a0Tratado, III, III, i.<\/p>\n<p><strong>(34)<\/strong>\u00a0Carl Hempel, Aspects of Scientific Explanation, Nueva York, 1965, p. 104, nota 3.<\/p>\n<p><strong>(35)<\/strong>\u00a0Michael Scriven, en Minnesota Studies (cfr. nota 10), II, p. 191.<\/p>\n<p><strong>(36)<\/strong>\u00a0May Brodbeck (ed.), Readings in the Philosophy of Social Sciences, Nueva York, 1968, p. 285.<\/p>\n<p><strong>(37)<\/strong>\u00a0\u201cIndigenismo contra derechos humanos\u201d, en La Jornada Semanal, 20 de junio de 1993, p. 44.<\/p>\n<p>[\/et_pb_toggle][et_pb_toggle admin_label=\u00bbConmutador\u00bb title=\u00bbLa Estetificaci\u00f3n de Intelectuales Mexicanos\u00bb open=\u00bboff\u00bb use_border_color=\u00bboff\u00bb border_color=\u00bb#ffffff\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb]<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Porfirio Miranda<\/strong><br \/>\nRevista La Jornada Semanal, No. 285; Noviembre 27, 1994; pp. 38-41.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El complejo de inferioridad que Samuel Ramos certeramente diagnostic\u00f3 en muchos mexicanos es una enfermedad curable. No digo que la cura sea f\u00e1cil, pero s\u00ed que es factible.<\/p>\n<p>El complejo no consiste, como a veces se piensa, en creerse menos valioso de lo que es, sino en llevar a mal que otro sea m\u00e1s valioso que uno. No es complejo de quien se cree inferior sino de quien es inferior. El remedio est\u00e1 en reconocer el defecto, en reconocer que uno reacciona con resentimiento cuando alguien, aun sin quererlo, da pruebas de que es mejor dotado. Quien simplemente se da cuenta de cu\u00e1n rid\u00edculo e innoble es ese rencor contra los m\u00e1s dotados, est\u00e1 curado. Basta tener la hombr\u00eda de mirarse a s\u00ed mismo con objetividad, reconocer que se tiene ese defecto vil, y no minimizarlo dici\u00e9ndose que al cabo todos los seres humanos son imperfectos.<\/p>\n<p>Ahora bien, sustituir ese diagn\u00f3stico de rencor gratuito por el diagn\u00f3stico de soledad (la sustituci\u00f3n es deliberada y expl\u00edcita en el Laberinto de la soledad), y m\u00e1s si esa soledad se hero\u00edza, es ahorrarle al mexicano el encaramiento viril consigo mismo y hacer incurable un defecto que \u00e9l realmente tiene y que no es ligero. Sobre todo cuando al final resulta, seg\u00fan Paz, que se trata de una caracter\u00edstica universal de todos los seres humanos: eso nos evita reconocer que somos defectuosos en forma especial. Adul\u00e1ndote evitan que te corrijas.<\/p>\n<p>Octavio Paz le ha hecho mucho da\u00f1o a M\u00e9xico, no s\u00f3lo por eso, sino por lo que el t\u00edtulo del presente art\u00edculo describe. El an\u00e1lisis de Samuel Ramos, precisamente por despiadado, nos encaminaba hacia la clarividencia sobre nosotros mismos. Si hace treinta a\u00f1os, mediante los art\u00edculos de fondo y el sistema educativo, se hubiera divulgado que el an\u00e1lisis de Ramos es objetivo, hoy probablemente ya ser\u00edamos un pueblo sano. Las bellezas literarias de Paz han impedido esa cura.<\/p>\n<p>Acabamos de usar una palabra decisiva para nuestro tema: objetivo. La ciencia y la filosof\u00eda tienen obligaci\u00f3n de ser objetivas; la literatura no. La literatura puede en algunos casos ser objetiva, pero lo espec\u00edfico es que no est\u00e1 obligada a serlo. Cuando Paz traslada la cuesti\u00f3n de lo mexicano desde la ciencia (la psicolog\u00eda social de Ramos) hasta la literatura, el an\u00e1lisis se vuelve arbitrario, puede infringir cualquier regla de m\u00e9todo objetivo, queda en manos de la primera ocurrencia que venga en mientes, con tal que sea hermosa. Un poeta no tiene que demostrar que sus afirmaciones son verdaderas, basta que sean bellas, sugestivas, nuevas.<\/p>\n<p>Mire usted que tomar a los pachucos y chicanos de los \u00c1ngeles como caracter\u00edsticas de lo mexicano y de ah\u00ed inferir que los mexicanos padecen soledad. Cualquier cient\u00edfico social sabe que el emigrante, precisamente por estar desencuadrado de su pueblo y de su hogar y porque llega a un entorno que le es desconocido, sufre soledad en cierto grado; pero eso es por ser emigrante, no por ser mexicano. Tomar de ejemplo al pachuco para elucubrar sobre la soledad de los mexicanos en general, es uno de los razonamientos m\u00e1s arbitrarios que yo haya le\u00eddo. Pero esta cr\u00edtica ser\u00eda injusta contra Octavio Paz; \u00e9l no hace ciencia ni filosof\u00eda; \u00e9l hace literatura: hablar de los pachucos le dio oportunidad de usar la expresi\u00f3n \u201cexhibiendo sus propias llagas\u201d, que es una frase muy bonita. Estamos en poes\u00eda, no en objetividad.<\/p>\n<p>En general el mexicano es uno de los entes m\u00e1s mitoteros y hasta gregarios que existan. No sabe estar solo. Siempre est\u00e1 en grupo, en chorcha. Sea ello cualidad o defecto, lo cierto es que el mexicano ni siquiera sabe formarse una opini\u00f3n a solas; las opiniones se forman platicando, oyendo qu\u00e9 dicen los dem\u00e1s y quiz\u00e1 a\u00f1adiendo algo pero algo que necesita el consenso de los dem\u00e1s; si no, el mexicano no queda tranquilo. \u00bfDe d\u00f3nde sac\u00f3 Octavio Paz que la caracter\u00edstica definitoria del mexicano es la soledad?<\/p>\n<p>V\u00e9ase esta consideraci\u00f3n del cap\u00edtulo primero del Laberinto\u2026: \u201cEn el Valle de M\u00e9xico el hombre se siente suspendido entre el cielo y la tierra y oscila entre poderes y fuerzas contrarias, ojos petrificados, bocas que devoran\u201d. Supongo que por estar suspendido entre el cielo y la tierra se siente solo. Pero si esa suspensi\u00f3n se refiere a la mucha altura sobre el nivel del mar, los bolivianos y los tibetanos estar\u00edan en peor caso, y Octavio Paz no tendr\u00eda por qu\u00e9 hablar de la soledad como rasgo distintivo del mexicano. Por otra parte , por mucha que sea la altitud de la ciudad, los habitantes del DF est\u00e1n pisando la tierra y de ninguna manera se encuentran suspendidos entre el cielo y la tierra, ni piensan en ello para nada; es puro cuento que se sientan suspendidos. Y finalmente, por muy alto que residan, si son 20 millones una cosa es segura: solos no est\u00e1n. Est\u00e1n muy acompa\u00f1ados. Sin embrago, repito estas cr\u00edticas ser\u00edan v\u00e1lidas si se tratara de objetividad, si las tesis tuvieran que demostrarse verdaderas. Con Octavio Paz no se trata de eso. La expresi\u00f3n \u201d suspendidos entre el cielo y la tierra\u201d era demasiado bella como para dejarla en el tintero. Que viva el criterio est\u00e9tico.<\/p>\n<p>No acaba uno de saber c\u00f3mo es la l\u00f3gica del siguiente pasaje: \u201cEl sentimiento de la soledad, por otra parte, no es una ilusi\u00f3n -como a veces lo es el de inferioridad- sino la expresi\u00f3n de un hecho real: somos, de verdad, distintos. Y, de verdad, estamos solos\u201d. Supongo que seg\u00fan Paz del hecho de ser distintos se sigue el estar solos. Pero en realidad no se sigue en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Podr\u00eda incluso decirse que se sigue lo contrario: precisamente porque somos distintos nos completamos los unos a los otros. Ah\u00ed anda Octavio Paz buscando drama donde no lo hay. Pero tal vez quiere decir que los mexicanos somos distintos del resto del mundo. Puede ser, en alg\u00fan sentido; pero los mexicanos somos muchos, y por tanto no se sigue soledad. M\u00e1s veros\u00edmil es que se refiera a todos los hombres y quiera decir que cada uno es distinto de los otros; se trata de la m\u00e1s chata trivialidad y, como digo, no se infiere soledad.<\/p>\n<p>Paz parece llegar por fin a la primera inferencia plausible en el \u00faltimo cap\u00edtulo, cuando infiere del ate\u00edsmo la soledad. Y bien, en todo caso se tratar\u00eda de una soledad muy remediable, pues la existencia de Dios ciertamente se demuestra, pero lo principal es que a esas horas Paz olvid\u00f3 que el Laberinto\u2026 trataba de diagnosticar al pueblo mexicano: al suponer que el pueblo mexicano es ateo, el subjetivismo y arbitrariedad de la literatura lleva a extremos enfermizos su independencia respecto de la objetividad cient\u00edfica y de la realidad. En la realidad de los hechos el pueblo mexicano es un pueblo sumamente religioso, se podr\u00eda incluso pensar que en los \u00faltimos decenios su religiosidad ha aumentado, en vez de disminuir como quisiera Paz.<\/p>\n<p>Qui\u00e9n sabe a qu\u00e9 pa\u00eds, incluso a qu\u00e9 planeta, se refiera Paz en este pasaje: \u201cPues tras este derrumbe general de la Raz\u00f3n y la Fe, de Dios y la Utop\u00eda, no se levantan ya nuevos o viejos sistemas intelectuales, capaces de albergar nuestra angustia y tranquilizar nuestro desconcierto; frente a nosotros no hay nada, estamos al fin solos.\u201d Si se refiere a M\u00e9xico, quiere decir que para el pueblo mexicano Dios ha desaparecido es una falta de objetividad tan patente, que no necesita comentario. Y si se refiere a los pa\u00edses del primer mundo, todos los soci\u00f3logos saben hoy que la tan decantada secularizaci\u00f3n es una patra\u00f1a a la que las encuestas y estudios de campo contradicen: la pluralidad de las denominaciones cristianas ha tenido incluso como efecto el reforzamiento de las convicciones cristianas, fundamentales en las cuales las diversas denominaciones coinciden, el hacer m\u00e1s aut\u00e9nticas y auto-sostenidas estas convicciones en los individuos al no tener que depender de las diferencias que hay entre las instituciones e iglesias. Basta remitirnos al mejor soci\u00f3logo de nuestra \u00e9poca, Talcott Parsons: The System of Modern Societies, o bien Action theory and Human Condition.<\/p>\n<p>Mi intenci\u00f3n en lo anterior no ha sido criticar a Paz como literato. Ser\u00eda ignorar la diferencia que hay entre ciencia y literatura: \u00e9l va tras lo dram\u00e1tico, tras lo tr\u00e1gico, tras lo est\u00e9tico, no tras lo verdadero. Su g\u00e9nero es otro.<\/p>\n<p>Mi intenci\u00f3n ha sido ilustrar con el ejemplo m\u00e1s sobresaliente el acelerado proceso de Estetificaci\u00f3n en que se encuentra la intelectualidad mexicana (y la opini\u00f3n p\u00fablica se lee), proceso acerca del cual es urgente dar la voz de alarma porque tiende a corroer la inteligencia, la capacidad humana de conocer la realidad y la verdad. Como no est\u00e1 obligada a dejarse controlar por la realidad sino s\u00f3lo a producir casas bella, la literatura les permite a los autores hablar de lo que no saben, pronunciarse con desenfado sobre cualquier tema sin haberlo estudiado: al fin y al cabo nadie le exige al poeta que demuestre que su concepci\u00f3n es verdadera; \u00e9l puede soltar de su ronco pecho sin que nadie le pida cuentas. Si predomina ese criterio (o falta de criterio) en la intelectualidad de un pa\u00eds, llega un momento en que la cuesti\u00f3n de la verdad o falsedad no s\u00f3lo sale sobrando sino estorba: se requiere relativismo para que cada cual pueda sostener lo que le pegue la gana, y el que pregunte si una concepci\u00f3n es verdadera o falsa es rechazado como un aguafiestas.<\/p>\n<p>En la tabla de avisos de un mundo est\u00e9tico solamente se lee este letrero: \u201cSe permite buscar la verdad con la condici\u00f3n de que nadie la encuentre.\u201d Que es por cierto la intolerancia suprema. Y ellos que se cre\u00edan pluralistas. Si entre par\u00e9ntesis a\u00f1aden \u201d y si la encuentra, que la guarde para s\u00ed\u201d, evidentemente est\u00e1n suprimiendo la libertad de expresi\u00f3n de la manera m\u00e1s selectiva y represiva pensable: ala ciencia y a la filosof\u00eda demostrativa se les prohibe hablar.<\/p>\n<p>Y no es que yo est\u00e9 contra la literatura. Me considero casi un experto en Dickens, Trollope, Scott, Thackeray, Collins y Balzac. Contra lo que estoy es contra que todo se convierta en literatura<\/p>\n<p>T\u00e9ngase muy en cuenta que, desde que naci\u00f3, la literatura siempre contiene un algo o un mucho de diversi\u00f3n. Homero, P\u00edndaro, Esquilo, S\u00f3focles, Eur\u00edpides, etc\u00e9tera, escrib\u00edan para entretener al auditorio; siempre hay algo de espect\u00e1culo. Yo no tengo nada contra la diversi\u00f3n, al contrario. Lo que me parece muy mal es que todo se convierta en diversi\u00f3n. Lo que me parece muy peligroso es que no sepamos distinguir cu\u00e1ndo nos estamos divirtiendo y cu\u00e1ndo estamos pensando en serio.<\/p>\n<p>Y el peligro se ha vuelto real\u00edsimo. Demandar \u201csiempre algo nuevo\u201d es descartar el criterio de \u201clo verdadero\u201d. Exigir siempre algo nuevo es la actitud del que s\u00f3lo quiere desaburrirse y busca espect\u00e1culo. Por el contrario, cuando se ha descubierto que \u201cDos m\u00e1s dos son cuatro\u201d es verdadero, demandar algo nuevo al respecto es confundir lo serio con la far\u00e1ndula. Lo verdadero sigue siendo verdadero aunque se haya descubierto en el siglo pasado; quien cree poder soslayarlo diciendo que es del siglo pasado, se figura que estamos en el circo o en un desfile de modas o viendo la tele. Lo que quiere es que haya \u201cvariedades\u201d, que es otro nombre para designar el espect\u00e1culo y la diversi\u00f3n.<\/p>\n<p>El segundo ejemplo mexicano que voy a poner no es un literato; precisamente por eso resulta tan ilustrativo de la corriente estetizante y de divertimiento que estamos atravesando y que, como dije necesita relativismo.<\/p>\n<p>Sobre una visi\u00f3n del mundo lo m\u00e1s importante que hay que preguntar es si es verdadera o falsa, humana o inhumana, independientemente de si es visi\u00f3n de los vencidos o de los vencedores o de quien sea. Le\u00f3n Portilla no se hace esa pregunta para nada. Quiere que no se pierda nada de lo que viene de nuestros ancestros. En su libro, humano es todo, por lo visto hasta los sacrificios humanos. Esa indiferencia es t\u00edpicamente est\u00e9tica. As\u00ed como los dada\u00edstas franceses, para quitarse el aburrimiento, dieron en admirar los monigotes africanos por ser algo \u201cnuevo\u201d y \u201cdiferente\u201d, de la misma manera la visi\u00f3n azteca del mundo result\u00f3 divertida para un p\u00fablico estetista al que no le importa si una visi\u00f3n del mundo es verdadera o falsa ni si hace m\u00e1s humano al hombre o m\u00e1s inhumano. El libro de Le\u00f3n Portilla result\u00f3 un objeto de mexican curious entre las diferentes \u201cvariedades\u201d. Se inserta en ese relativismo que malamente se llama pluralismo y en el que s\u00f3lo importa que el siguiente \u201cn\u00famero\u201d de la funci\u00f3n sea algo nuevo, algo raro. Con tal que diga alguna cosa que no se hab\u00eda dicho, su \u00e9xito de taquilla est\u00e1 asegurado. Le\u00f3n Portilla quiso hacer mexicanismo, y lo que hizo fue insertarnos en el show-business del primer mundo.<\/p>\n<p>Y hay otro aspecto que no debe pasarse por alto. Quien exhibe y exalta una visi\u00f3n del mundo precisamente porque es la de los vencidos, es obvio que no apela a la raz\u00f3n sino al afecto; al afecto que todos espont\u00e1neamente sentimos en favor de los vencidos: tendemos a identificarnos con ellos. Ese recurrir a lo emocional en vez de a lo racional es claramente procedimiento est\u00e9tico. Incluso debo a\u00f1adir que el libro de Le\u00f3n Portilla, sin darse cuenta, ha intensificado el resentimiento y rencor que Samuel Ramos hab\u00eda diagnosticado como grave defecto de muchos mexicanos. Visi\u00f3n de los vencidos suena casi a visi\u00f3n de los resentidos.<\/p>\n<p>Y bien, siendo paz y Le\u00f3n Portilla dos de los autores m\u00e1s le\u00eddos en M\u00e9xico y al mismo tiempo tan dis\u00edmbolos entre s\u00ed y de diverso g\u00e9nero, su coincidencia en el fondo estetizante y de divertimiento me parece que ilustra suficientemente la degeneraci\u00f3n intelectual que el t\u00edtulo del presente art\u00edculo declara. Esa oleada estizante ha hecho que el lector mexicano com\u00fan y corriente s\u00f3lo busque afirmaciones fuertes, agudas, sugestivas, ostensivas de talento o de car\u00e1cter, y ni por las mientes le pase preguntar c\u00f3mo se demuestra que tales afirmaciones son verdaderas, vamos ni siquiera preguntar si son verdaderas o no.<\/p>\n<p>Llamo degenerativo a ese proceso porque moverse por emociones y no por razones es retroceder hacia la animalidad. As\u00ed llego a mi argumento central. Ninguna toma de conciencia me parece tan importante en el momento que est\u00e1 atravesando el mundo como \u00e9sta: la racionalidad no nos es natural. Venimos de los animales, lo natural es lo que heredamos de ellos. Todo en el mundo cambiar\u00eda para bien si nos atrevi\u00e9ramos a mirar de hito en hito esta verdad, la repito: la racionalidad no nos es natural. Por naturaleza no somos racionales. La racionalidad la hemos venido adquiriendo trabajosamente. Sobre todo en los \u00faltimos 25 siglos.<\/p>\n<p>En el salvajismo el hombre (hom\u00ednida quiz\u00e1) adopta convicciones porque \u201cle leten\u201d, por temor, porque le convienen, porque le gustan, etc\u00e9tera, no por la raz\u00f3n decisiva de que son verdaderas. La idea de s\u00f3lo adoptarlas cuando se demuestran verdaderas y desecharlas cuando se demuestran falsas es una iniciativa tremenda que lanzaron Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles y que no tiene nada de natural. Es estrictamente cultural, civilizatoria. Afortunadamente esta iniciativa ha prosperado mucho. Alcanz\u00f3 gran altura en la Ilustraci\u00f3n, sobre todo en Kant (corregido por Hegel) y Hegel. Si ahora regres\u00e1ramos a la actitud de que no importa si las convicciones son verdaderas o falsas y s\u00f3lo importa que sean sugestivas y variadas, estar\u00edamos regresando al salvajismo, virtualmente a la animalidad.<\/p>\n<p>Claro que la racionalidad no empez\u00f3 de cero con Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles. Empieza cuando la interpelaci\u00f3n del Imperativo Moral, haci\u00e9ndonos responsables de nuestra conducta, por el mismo hecho hace que caigamos en la cuenta de que existamos y as\u00ed adquiramos un yo. El animal existe pero no sabe que existe, no cae en la cuenta de que existe, o sea no tiene un yo. La autoconciencia es lo que distingue al hombre del animal. Pero tampoco el Imperativo moral proviene de la naturaleza. Es Dios, no naturaleza. De suerte que la tesis rousseana de la bondad del hombre natural es mero eco filosofante de un mito: el mito de la primitiva edad de oro. Por naturaleza el hombre no s\u00f3lo no es bueno, por naturaleza ni siquiera es hombre. Hombre natural es expresi\u00f3n contradictoria.<\/p>\n<p>Contra dicha iniciativa de la gran filosof\u00eda esgrimen los estetificantes la palabra libertad. Seg\u00fan ellos la obligaci\u00f3n de atenernos a lo verdadero y aun la existencia misma de verdades absolutas atender\u00eda contra la libertad de profesar cada uno la concepci\u00f3n y convicci\u00f3n que le pegue la gana. Ellos quieren que todo quede opcional, como en el arte; que sea cuesti\u00f3n de gustos. Pero, en primer lugar, muy pobre concepto de libertad tiene si la libertad te impide reconocer la verdad. En segundo lugar, sin duda est\u00e1n queriendo definir libertad como algo meramente negativo, como ausencia o carencia de cosas (de trabas, por ejemplo), o sea como una nada. En ese error cay\u00f3 Rousseau cuando dijo que el hombre natural era libre. Ah pues claro: f\u00e1cil le es al hombre natural venir dotado de una cosa que consiste en nada. Eso cualquiera lo tiene. Pero si la libertad es una mera ausencia, habr\u00eda que sostener que aun las piedras son libres. En realidad la libertad es algo muy positivo; se adquiere gradual y laboriosamente; los beb\u00e9s no son libres. El hombre no nace libre, se hace libre. En realidad es el Imperativo Moral el que nos hace libres, o sea auto-determinados; pues cuando el rumbo lo determina un impulso natural que el yo no puso sino que se lo pusieron ah\u00ed sin consultarlo, evidentemente no se est\u00e1 auto-determinando el yo y por tanto no es libre. Es el Imperativo el que nos hace sobreponernos a los impulsos naturales y por tanto el que nos hace libres. Ahora bien, y \u00e9ste bien, y \u00e9ste es el punto, nos hace libres imper\u00e1ndonos una conducta con exclusi\u00f3n de otras, una concepci\u00f3n (la verdadera) con exclusi\u00f3n de otras (las falsas). Esa es la \u00fanica libertad que existe; si \u00e9sa no la quieren, qui\u00e9n sabe qu\u00e9 es lo que los estetificantes quieren; ellos no logran definirlo. Pues el concepto meramente negativo de libertad contiene pura nada, es un seudo concepto, un vac\u00edo de concepto.<\/p>\n<p>En tercer lugar, dicha iniciativa de la aut\u00e9ntica filosof\u00eda de ninguna manera propugna que las convicciones verdaderas las imponga alguna instancia gubernamental o pol\u00edtica o religiosa o de cualquier \u00edndole. Propugna que las imponga la raz\u00f3n misma, o sea que \u00e9sta se auto-determine. Pero autodeterminaci\u00f3n es la definici\u00f3n de la libertad. Naturalmente, para eso se requiere no partir del presupuesto de que la verdad no existe. Un tal presupuesto es cerraz\u00f3n pura y simple contra las demostraciones, contra las razones. Si se lee los tratados de Kant y Hegel con el prejuicio estetificante y museal de quien recorre diferentes concepciones a ver cu\u00e1l \u201cme gusta\u201d, si no se los lee como demostraciones de verdades que, una vez demostradas, se vuelven obligatorias, e los est\u00e1 convirtiendo en obras literarias (mediocres, por cierto) y se est\u00e1 impidiendo que la filosof\u00eda hable. As\u00ed no puede haber autodeterminaci\u00f3n de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Y en cuarto lugar, \u00bfpor qu\u00e9 defienden la libertad? Hay quienes prefieren el autoritarismo, \u00bfen qu\u00e9 nos basamos nosotros para preferir la libertad? La \u00fanica base posible es esta verdad: todas las personas tienen dignidad infinita. Si esa verdad no es absoluta, no sirve de base para nada. La defensa de la libertad se finca, pues, y tiene que fincarse en una verdad absoluta. \u00bfC\u00f3mo puede alguien entonces rechazar las verdades absolutas en nombre de la libertad?<\/p>\n<p>Quisiera terminar previniendo a mis colegas te\u00f3logos de la liberaci\u00f3n ( a reserva de volver sobre este tema en otra ocasi\u00f3n) contra la influencia de la corriente intelectual, que en este art\u00edculo he denunciado. El santo y se\u00f1a \u201cOpci\u00f3n preferencial por los pobres\u201d es ya efecto de esa influencia. Lo es a tal grado, que podr\u00eda presentarse como un tercer ejemplo probatorio, adem\u00e1s de Paz y Le\u00f3n Portilla, de la estetificaci\u00f3n de los intelectuales. \u00bfC\u00f3mo que opci\u00f3n?<\/p>\n<p>Seg\u00fan el evangelio y seg\u00fan la filosof\u00eda demostrativa la lucha en favor de los pobres es una obligaci\u00f3n, no una opci\u00f3n. \u00bfDesde cu\u00e1ndo el hacer justicia es opcional? \u00bfC\u00f3mo es posible que a alguien se le ocurra presentar la responsabilidad de justicia como algo preferencial?<\/p>\n<p>Ese enfoque estetificante puede dar al traste con la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, puede incluso hacer que deje de ser teolog\u00eda, pues la verdadera teolog\u00eda es demostrativa esencialmente y, en el fondo, como dice Hegel, se identifica con la filosof\u00eda. Si la lucha por los pobres es opcional dentro del cristianismo, con el mismo derecho puede haber opci\u00f3n preferencial por los ricos, y se ha desvirtuado completamente el evangelio. Siendo as\u00ed que la misi\u00f3n de la teolog\u00eda genuina es hacer valer el evangelio. Para evitar condenas vaticanas presentaron su caso los te\u00f3logos de la liberaci\u00f3n como una mera opci\u00f3n dentro de la Iglesia; as\u00ed no intranquilizaban a las personas que escogieron la opci\u00f3n contraria; y la opci\u00f3n de ellos, como no amenazaba a nadie, no encontrar\u00eda demasiadas resistencias y prohibiciones. Pero l\u00f3gicamente est\u00e1n as\u00ed sosteniendo que dentro del cristianismo se puede optar por los ricos. Lo cual es traicionar al evangelio.<\/p>\n<p>[\/et_pb_toggle][\/et_pb_column_inner][\/et_pb_row_inner][\/et_pb_column][et_pb_column type=\u00bb1_4&#8243;][et_pb_sidebar admin_label=\u00bbBarra lateral\u00bb orientation=\u00bbleft\u00bb area=\u00bbsidebar-1&#8243; background_layout=\u00bblight\u00bb remove_border=\u00bboff\u00bb] [\/et_pb_sidebar][\/et_pb_column][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Porfirio Miranda Revista La Jornada Semanal, No. 201; Abril 18, 1993; pp. 34-42. &nbsp; El autor de este ensayo nos previene contra los peligros de esta posici\u00f3n filos\u00f3fica. El escepticismo se ha puesto de moda, pero eso no demuestra que el escepticismo sea l\u00f3gicamente sostenible. 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